Peaje a Los Ángeles (Dukeforth 2) CAPÍTULO 27 #3
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CAPÍTULO 27 #3

Quizá sea contraproducente que esté suplicando yo ahora, pero ¿a quién quiero engañar? Sabía que esto iba a pasar en cuanto la tuviese delante. Por eso la he estado evitando todo este tiempo: porque es mi debilidad.

—Está bien, Dylan, solo iba a coger la botella de agua.

Espero a que vuelva a pasar por delante de mí para seguirla hasta la mesa. Escoge la que está más cerca de la pared.

—He estado pensando en cómo abordar esta situación toda la noche y no he llegado a ninguna conclusión posible. Sabes que ya no quiero estar así contigo. Te lo dije antes de que...

—¿Así cómo, Dylan?, ¿enfadados o acostándonos con tu novia de dos años al otro lado de la puerta mientras espera a que acabemos?

—Savannah, tienes razón y sé que fue una cagada por mi parte… Y aunque no quiero hacer de abogado del diablo ni volver a gritarnos, tú tampoco eres una santa, te recuerdo que tienes novio. Los dos la hemos cagado a lo grande.

—Sí, solo que yo un poco menos. No estoy con Ewan, ni siquiera lo conozco desde hace más de un mes. Es todo un plan de comunicación para limpiar la imagen de marca que se tiene de mí en los medios.

Como hoy vuelva a escuchar la palabra «comunicación» o «marca», me clavo todos esos dardos en las orejas hasta quedarme sordo. ¿Es que ya no queda nadie auténtico en esta vida?

—No me estaba beneficiando mucho ser la pobrecita cuernuda, lo que no saben es que ahora soy yo «la otra». Qué divertido, igual se lo cuento a mi equipo para que lo utilicen a mi favor.

—Savannah, por favor, no quiero que lo veas así.

Tienes razón en todo lo que has dicho, pero supongo que los dos la hemos cagado a lo largo de nuestra relación y, si yo estoy dispuesto a hacer borrón y cuenta nueva…

, ¿por qué tú no? Ya te lo dije, no vamos a volver a ser los de antes, de hecho, no sé si eso sería bueno para nosotros, pero al menos podríamos tener una relación cordial.

Y más sabiendo que Brooke lleva todo este tiempo siendo tu amiga y no me lo había contado.

—¡Porque me hubieses despedido! —La voz de Brooke resuena desde el pasillo, cortando la tensión.

Ambos nos reímos y miramos hacia la cortina, que está ondeándose de manera delatadora.

—Dile que salga —me insta Savannah—. Se está enterando de todo igual.

—¡No es verdad! —grita, todavía detrás de la cortina.

—Te están diciendo que salgas, no hagas la tonta. —Reconozco la voz de Danny.

Brooke da un pequeño salto hacia adelante, como si alguien la hubiera empujado desde detrás de la cortina, y aparece de golpe.

—Hola, Brooke —la saluda Savannah con una chispa de complicidad.

—¿Vais a contarme ya desde cuándo sois amigas? —Señalo a ambas.

Tengo un nuevo plan, igual, si desvío la atención de nosotros, puedo hacer que rompa el muro que ha construido en menos de veinticuatro horas contra mí. Sé de obras y eso aún no ha secado; debe de ser sencillo de derribar. Tiene que volver a ser la misma que me estaba rogando perdón en el draft .

—En mi defensa —Brooke arrastra una silla y se uno a nosotros—, diré que tarde unos cuantos meses. No sabes cuán insistente puede llegar a ser. —Alzo las cejas ante su comentario—. Bueno, igual sí.

Savannah no se ríe, pero casi. Se le curva una esquina de la boca, lo justo para que yo lo note y me agarre a eso como si fuese una señal, una grieta de su muro.

Danny aparece justo detrás, apartando la cortina con el hombro mientras se sacude las manos como si acabara de hacer algo importantísimo ahí dentro, cuando todos sabemos que no. Mira de reojo a las chicas y luego a mí, calibrando el ambiente.

—Puedes sentarte —le invito.

—¡Trae algo de beber! —salta Brooke, girándose hacia él—. Pero que lleve alcohol, ¿eh? ¡Esto hay que celebrarlo!

«Ya empezamos…».

A Brooke le basta medio gesto, cualquier cosa que se parezca remotamente a una tregua para montar una fiesta y acabar con mi botella favorita sin ningún tipo de remordimiento.

Justo cuando voy a protestar, miro a Savannah, que me devuelve una sonrisa contenida. Está bajando la guardia y esa sí que me parece la excusa perfecta por la que brindar. Total, hace mucho tiempo que no encontrábamos ninguna.

—¡Etiqueta negra! —le grito a Danny, antes de que pueda arrepentirme.

Brooke se vuelve de golpe hacia a mí.

—¿La negra? —Abre los ojos exageradamente—. ¿Estás seguro? ¡Esa es la buena!

—¡Solo un chupito por cabeza! —advierto, levantando un dedo y señalándolos a todos.

Puedo hacer esto porque no están ni Knox ni Devon, si no, sé que se convertiría en una ronda tras otra. Eso sí, como se enteren, me matan.

Danny reparte los vasos de chupitos en la mesa de madera.

—¿Por qué vamos a brindar? —pregunta Brooke.

Su pregunta se queda suspendida en el aire.

—Por las visitas inesperadas —se atreve Danny.

Me gusta, es algo sencillo, pero con significado.

Brooke es la primera en alzar su copa, Savannah tarda algo más en reaccionar, pero termina estirando el brazo. Los tres llevamos los vasos hacia el centro y chocamos con fuerza.

Y justo cuando el whisky empieza a quemar en mi garganta, las puertas del bar se abren con un estruendo que hace vibrar los cristales.

Es demasiado oportuno para ser una buena señal.