CAPÍTULO 12 #2
Cuando llegamos, bajo del carrito, me despido del señor, que me ha prometido quedarse esperando en el pasadizo y ando hacia la fan zone por la parte en la que no me puedo mezclar con el público normal.
Tal y como me ha dicho Lucy, hay un campo de fútbol en miniatura con líneas blancas perfectamente marcadas y llena de balones deformados que en realidad son pufs.
También hay photocalls y cabinas insonorizadas donde hay gente grabando pódcast o algún programa para YouTube.
Nada más poner un pie en la zona, un chico mucho más bajito que yo, solamente gracias a los zapatos que llevo, viene a atenderme.
—Buenas tardes, señorita Morgan, soy Mario y seré el encargado de que se sienta cómoda en la zona de prensa.
—Hola, Mario —le dedico una sonrisa amistosa—. ¿Crees que podría quitarme esto? Señalo mis tacones, que se están hundiendo en el césped.
—Oh, por mí no hay ningún problema, pero… —Alza el dedo—. Dame un segundo.
Mario, que lleva unas botas como las de todos los jugadores de la NFL, puede permitirse el lujo de correr por el campo y volver en menos de un minuto con unos utensilios que me tiende en la mano.
—También tenemos esto.
Observo los tapones de plástico que sostengo en la palma hasta que comprendo que son unos protectores de tacón con una base plana para evitar que se cuelen por todas partes.
Me los pongo sin demasiada fe, pero supongo que esto es mejor que ir descalza.
—No te preocupes, son seguros —me intenta tranquilizar Mario—. No dejaría que te tropezaras con ellos. Estaría despedido en menos de cinco minutos.
Su media sonrisa espera que yo le siga el juego, pero no me sale, porque no es la primera vez que hoy escucho algo parecido. No quiero que echen a nadie por mi culpa. Ni a Michelle, ni a Lucy, ni a este chico que no conozco de nada.
No quiero convertirme en el motivo por el que alguien tenga que recoger sus cosas en una caja de cartón.
Aunque supongo que siempre ha sido así. Hay miles de personas cuyo trabajo consiste en sostener a gente como yo, a quienes consideran «valiosas».
Gente que depende de que yo sonría cuando toca, no tropiece, no meta la pata, no diga nada que incomode y no haga perder un par de millones a los de arriba.
Y si no lo consiguen, si algo se tuerce, los sustituyen sin pensarlo dos veces.
Porque son reemplazables. Porque siempre hay otro esperando el relevo.
¿Aunque «valiosa» por qué y para quién?, ¿para hacer más ricos a los que están por encima de mí?
No quiero que me pertenezca esa responsabilidad.
—Tu turno, Savannah.
Mario, enlaza su brazo con el mío y caminamos juntos hasta la zona donde están todas las cámaras. Estoy segura de que con ese gesto pretende ahorrarse un despido; no es que quiera ser mi amigo.
Subimos a una pequeña plataforma de madera que vibra ligeramente bajo nuestros pies por culpa del estruendo que llega del escenario principal donde alguien está animando a la gente. Y en seguida una chica que reconozco de las redes sociales de la NFL viene directa hacia mí.
—¡Savannah! —Me abraza. Ella sí que lo hace como si quiera ser mi mejor amiga.
Huele a exceso de laca—. No me está permitido fangirlear así que, por favor, —mira a su alrededor con dramatismo—, que no me esté enfocando ninguna cámara, pero te adoro, te adoro, te adoro.
Soy muy fan tuya. Estuve en tres fechas de tu última gira, y a Nevada no pude ir porque se puso mi hermana de parto… y el coche era suyo.
—Al próximo estás invitada.
Se queda congelada.
—¿En serio?
—Claro, envíame un mensaje a Instagram, mi asistente te pondrá en lista.
—Oh —Parece desilusionada de que no sea yo misma la que lleve mis redes sociales, pero enseguida se recompone—. ¡Oye! Si en algún momento necesitas más ayuda… dejaría la NFL por ti.
—Lo tendré en cuenta… —digo, intentando recordar su nombre, pero creo que ni me lo ha dicho.
—¡Chloe!
Mario tose en busca de algo de atención y le hace un pequeño gesto señalándose la muñeca.
—¡Oh! Claro, claro. ¿Estás lista? ¿Necesitas algo?
—me pregunta. Niego con una sonrisa, ajustándome un mechón que se ha descolocado porque es imposible manejar este dichoso nuevo corte de pelo—.
Genial, pues ¡empezamos! Van a ser preguntas muy sencillas para Instagram y TikTok.
No sé si ayer lograste revisar las cuentas…
—Lo cierto es que no he tenido mucho tiempo…
—No te preocupes, ¡yo tampoco! —se ríe y me muestra el teléfono móvil que está preparado en un trípode—.
El caso es que serán preguntas cortas y vídeos divertidos.
Nada de política, opiniones personales o cotilleos.
Queremos vernos como una marca blanca sin distanciarnos del foco principal a causa de titulares que se puedan malinterpretar o que sean más interesantes que, bueno, esto…
—Mueve la cabeza a su alrededor con el micrófono ya en la mano.
Lucy ya me había avisado de que no tenía nada que temer en esta entrevista. Por eso no hay nadie de mi equipo detrás de mí haciendo de niñera para vigilar que no diga ninguna tontería.
—Perfecto, estoy lista. —Muevo las piernas y los brazos para destensarme ante la cámara—. Cuando quieras.
Chole me pasa un micro igual que el suyo, y Mario, que ahora está detrás del teléfono, nos hace un gesto que interpreto como que estamos dentro del encuadre.
—¿Dónde prefieres ver la Super Bowl? Hoy, con Savannah Morgan —dice Chloe, sonriendo a la cámara y contoneando los hombros al ritmo de su voz.
—¿Palco o nivel inferior? —lanza la primera pregunta.
—Nivel inferior, siempre —respondo sin pensármelo.
Sigo respondiendo a sus preguntas y, entre una respuesta y otra, hasta me da tiempo a hacer un trend con una influencer que estaba rondando por la zona de prensa y me lo ha rogado. Espero que tenga buena reputación, si no, ya la he liado.
Me despido de Chloe y Mario prometiéndoles pases VIP para mi próximo concierto, cualquiera que sea, porque aún no tenemos fechas en el horizonte.
El carrito de golf avanza hacia el escenario y, a medida que nos acercamos a la zona norte, el rugido de la multitud se vuelve ensordecedor; ahí está toda la gente apiñada, sin querer perderse ni una selección de sus equipos.
Cuanto más me acerco, más siento cómo la adrenalina me aprieta el pecho.
Y, al fondo del pasadizo, veo a Lucy y Nora esperándome. Les sonrío.
Mierda. También veo a Sasha.
Ya no sonrío tanto.