CAPÍTULO 10 #2
Lucy la mira con envidia. Desearía que esa idea se le hubiera ocurrido a ella, porque Matt asiente con mucha más convicción de la que había mostrado tres minutos atrás.
—Exacto —apunta desde el otro lado de la pantalla, con tono satisfecho—. Eso es justo lo que necesitamos definir ahora.
—La base ya la cerramos en la primera reunión —insiste Haley. Me llegó un mail con unos totales que solo llegué a leer por encima. Así que estoy rezando para que la resuma de nuevo—. Es sencillo. Ambos son de Los Ángeles y todo el mundo sabe que ella vive en Pacific Palisades y él en Brentwood.
—Ya, pero te lo he dicho antes de reunirnos. Nos falta el resto —replica Matt—. Eso solo no nos sirve, yo vivo en Venice Beach y todavía no me he cruzado con Margot Robbie.
—Porque apenas sales de casa —le responde Haley, molesta de que no esté siguiendo su plan.
—¡Exacto! Y ellos tampoco. Al menos, no Savannah. ¿Cuándo fue la última vez que saliste a una cafetería o a por un batido de esos ecológicos que están tan de moda ahora? —me pregunta directamente.
Ahí tengo que darle la razón. No salgo sola desde mi segundo single y menos a un lugar donde se concentra la mayor parte de mi público.
—Nos pudo presentar Alen —propongo.
—¿Has estado en alguna fiesta de Alen Dixon? —pregunta el de los zapatos feos. Por cómo lo dice, está claro que él sí.
Las fiestas de mi representante son míticas en Los Ángeles, Nueva York o donde quiera que esté viviendo en ese momento. Invita a todo el mundo que sea medianamente popular ese mes.
Ewan se encoge de hombros.
—¿Tú sabes a las fiestas a las que voy? —replica—. No conozco ni a un tercio de la gente que me invita.
—Perfecto —apunta otro, que creía que ya se había dormido—. Ahí encaja todo. Os conocisteis en una fiesta del mánager de Savannah. —Los otros dos asienten casi al unísono—. ¿Qué más? —añade.
—Es importante el cuándo —interviene Nora.
Me muerdo el labio.
—Ewan dijo ayer que había estado a mi lado todo este año… así que habría que ir con cuidado en eso.
Lo miro. Porque sí, eso fue una cagada bastante grande. Estoy harta de que me pinten como la pobrecita a la que su prometido le puso los cuernos, pero tampoco quiero que la historia se retuerza hasta convertirme en la mala.
—No pasa nada —dice Haley—. Os conocisteis en una de las fiestas del verano pasado de Alen.
Al principio solo erais amigos y, poco a poco, os fuisteis acercando.
—Los publicistas de Ewan intercambian miradas de escepticismo—.
¿Qué pasa? ¿Ya no existe eso? ¿Todo tiene que empezar y acabar en la misma noche?
—Además, pudo estar ahí para ti cuando pasó lo de tu ex. Total, tú siempre le habías gustado… —improvisa Lucy.
—¡Y boom ! —remata Ewan dando un golpe en la mesa que hace vibrar los cafés de sus publicistas—. Yo aproveché la oportunidad para cazarla.
Nora le lanza una mirada afilada.
—Sí…, pero mejor dicho—sonríe—. Que suene menos neandertal, por favor.
Empiezo a notar que esta reunión se está alargando más de lo que nos gustaría a todos. Bueno, a todos menos a Ewan, que parece bastante entretenido observando el exterior. Tanto, que se levanta de mi lado y camina hasta el enorme ventanal que da a la salida principal del hotel.
—Madre mía, cómo está la calle ya —dice, sin apartar la vista de la cristalera.
Me estiro un poco en la silla para alcanzar su misma perspectiva.
Tiene razón. La avenida, al contrario que hace un rato, está llena de coches que intentan avanzar en dirección al evento. Es una caravana lenta y perfectamente organizada que hará que lleguemos tarde.
—Quedan cuarenta minutos —añade Lucy, consultando su Apple Watch—. Como no salgamos ahora, no vais a llegar al desayuno oficial…
—¡Listo!, ¡lo tenemos todo! —la interrumpe Haley—. ¿Damos la reunión por finalizada? Luego Lucy os envía un mail a todos con el resumen y el nuevo calendario actualizado. ¿De acuerdo? ¡Chao!
Todos asentimos ante una pantalla ya en negro.
Los publicistas de Ewan han aprovechado ese lapso para levantarse y están estrechándole la mano a su jefe como si se hubiesen reunido con el gobernador de Tennessee.
—Deberíamos irnos nosotros antes para que no se nos relacione.
Mientras sus publicistas salen de la sala, Lucy recoge el ordenador.
—Nora, ¿la acompañas tú? La sala está reservada dentro de diez minutos, así que me voy a bajar a la habitación para pasar las notas de la reunión. Luego cogeré un taxi… o puede que vaya dando un paseo —rectifica, al ver cómo sigue la calle.
Mi amiga asiente.
—Recordad, salís en el coche de Ewan y con sus guardaespaldas —nos indica a los tres que quedamos en la sala—. Ahora nada de repuestas a la prensa. Con que vean que vais juntos y compartiendo el patrocinio de él, es más que suficiente.
—Oído cocina. —Nora vuelve a asentir con un saludo militar y coge un zumo. Me lanza otro a mí que atrapo a duras penas. No estaba preparada—. ¿Vamos?
—En seguida voy. Necesito hacer una llamada.
—No vamos a llegar a tiempo, Savannah —me apremia Ewan.
—Ahora voy —insisto con un tono mucho más tenso—. Id yendo. Aprovecho que me he quedado sola en la sala para desbloquear el teléfono, abrir la aplicación de llamadas y hacer scroll hasta el nombre de una persona que no pulsaba desde hace tiempo.