Peaje a Los Ángeles (Dukeforth 2) CAPÍTULO 6
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CAPÍTULO 6

Savannah

—P ero yo comencé en Dukeforth, no en Nashville. —Le devuelvo el discurso a Lucy.

—Pero a nadie le importa Dickfourth.

—Dukeforth —la corrijo.

—¿No he dicho eso mismo? —Mueve la mano en el aire, restándole importancia—.

No sé si te has dado cuenta, pero... estamos en Nashville.

Y, ¡sorpresa!, el premio es justamente al talento emergente con una estrella en su paseo de la fama.

No puedes nombrar Duke… —Me mira, esperando que acabe la palabra por ella.

—Forth. No es tan difícil.

—¡Eso! —Chasquea los dedos—. ¡No me mires así, Savannah! Sabes que no me gusta ser la mala, pero tengo órdenes de arriba y tienes que ceñirte al guion.

Es absurdo que Nashville se esté apropiando de mi talento, sobre todo cuando no soy de aquí y ni me quisieron en mis comienzos. Pero Dukeforth es el gran secreto de mi carrera musical; Alen lo dejó muy claro incluso antes de firmar el contrato. Nadie puede saber nada, ni siquiera insinuarlo.

Así que, a ojos del mundo, me descubrieron en el pub Ride a Cowboy. Y técnicamente es cierto, pero esa es solo una parte de la historia. Una versión recortada y fácil de vender que no afecta a la reputación de mi discográfica.

—¿Crees que lo podrás tener aprendido para esta noche? Puedo pedirle a Nora que te prepare unas fichas si ves que no llegas a tiempo.

—Me lo aprenderé —me rindo.

—¡Genial! —Me tiende otra vez el folio arrugado con el discurso y vuelve a su sitio.

Lo dejo encima del asiento vacío que tengo enfrente y sigo leyendo mi libro. Estamos a menos de media hora de aterrizar en Nashville y ya veo a Nora, que estaba en el otro lado del jet , avanzar hacia mí. No me dejarán acabar el libro en paz.

—¿Repasamos la agenda de estos días?

A diferencia del resto del equipo, lo suyo si es una pregunta y no una orden disfrazada por la entonación.

Bloqueo el libro electrónico y asiento con una mueca. Por mucho que sea una pregunta, tampoco me queda otra opción.

—¡Claro, cuéntame qué nos depara la ciudad!

Nora me mira extrañada.

—¿Estás bien?, ¿me estás vacilando?

Pongo los ojos en blanco y lo dejo pasar. Tenemos a Lucy en el asiento de detrás, y aunque en este momento no sea mi persona favorita, ante todo soy una señorita y no hablo mal de la gente a sus espaldas, o en este caso, a la mía.

Cojo el papel arrugado del discurso, lo doblo entre el hueco de mi asiento y le hago un gesto para que se siente donde antes estaba Lucy. Espero que esta conversación sea más productiva o, al menos, no unilateral.

Nora pasa una pierna por encima de la otra y abre la funda de su tablet .

—A ver, esta noche es la fiesta del ayuntamiento donde van a aprovechar para inaugurar el draft y dar las nuevas estrellas del paseo de la fama de la música country , que eso ya lo tenemos controlado.

Y mañana a primera hora hay reunión con ambos equipos de prensa y publicidad.

Deberíamos haberla tenido hoy, pero Ewan va con el tiempo pegado al culo y llegará directamente para la gala.

Así que confiamos en que lo sepáis hacer bien…

Me da rabia que Nora hable como si estuviera en el equipo de ellos y no en el mío. Deberíamos ser uno solo, pero ahora mismo no lo siento así.

—No creo que sea tan difícil posar con alguien en un photocall .

—Ya, pero sabes que no es solo eso. Es necesario que mantengáis la farsa todos los días del evento.

Las cámaras van a estar pendientes de vosotros hasta en los momentos que deben estar apagadas.

—Sonrío con asco—. ¡Venga ya! No pongas esa cara.

Esto a ti te va a venir genial. Hay que ampliar público para sacarte del lado country , ¿y qué mejor que ser la nueva novia de Ewan Brown?

—Con un montón de titulares en su contra —completo la frase con su misma entonación.

—¡No seas dramática! Solo se tergiversaron sus palabras. Sabes que no es muy… elocuente.

—No, desde luego no es el lápiz más afilado del estuche.

—¡Savannah! —Me lanza una almohada de viaje con el logo de la discográfica—. ¡Y por eso su management te ha escogido a ti! Le vas a venir genial para limpiar esa imagen.

—¿Tengo que parecer yo más tonta que él?

—¡No! Tiene que parecer que, si ha conseguido salir contigo, no es tan… —Nora chasquea los dedos, buscando el insulto más suave posible— atolondrado y mujeriego como todo el mundo piensa.

—Tanta gente no puede estar equivocada…

La voz masculina del piloto se cuela de repente por los altavoces. Suena suave e inteligible, nada que ver con el tono robótico de los vuelos comerciales:

—Señores, les habla Mark desde cabina. En unos minutos comenzaremos el descenso hacia Nashville.

Les pido que regresen a sus asientos y se abrochen los cinturones.

—Me recoloco en el asiento por pura inercia y me ajusto el cinturón un poco más de la cuenta; aunque no lo necesito, no me lo he quitado en las cuatro horas de vuelo—.

Las condiciones meteorológicas son buenas y esperamos un aterrizaje tranquilo.

Aun así, permanezcan sentados hasta que estemos completamente en tierra.

El interfono se apaga con un clic suave.

No es el aterrizaje lo que me pone nerviosa, sino todo lo que viene a continuación.

La conversación con Nora se apaga y ella se dedica a mirar por la ventana, entretenida.

Hay algunas nubes dispersas en nuestra zona, pero el resto del cielo está bastante despejado y comienza a verse la ciudad.

El río Cumberland serpentea alrededor del centro y, entre los edificios, destaca la silueta inconfundible del AT aquí no hay esa maraña infinita de autopistas ni manzanas perfectamente delimitadas.

—Bienvenidos al Aeropuerto Internacional de Nashville.

Son las nueve y veinte hora local. La temperatura es de dieciocho grados y el cielo está despejado —informa de nuevo el piloto—.

Por favor, permanezcan sentados con el cinturón de seguridad abrochado hasta que el avión se haya detenido por completo y la señal se haya apagado. Gracias.

Nashville es una ciudad complicada para mí. Aquí han empezado tantas cosas como han acabado.

Intento mantener mi mente tan ocupada como puedo para no pensar en Dukeforth, ni en…

—¿Necesitas un último retoque antes de bajar?

Flavio, mi estilista, ha ignorado la señal iluminada del cinturón, y se ha acercado hasta mí con el maletín de maquillaje abierto. Miro mi reflejo en la pantalla del teléfono apagada y asiento.

Mientras él se encarga de que parezca que he dormido un número de horas prudenciales, yo repaso el discurso de Lucy, absurdo y lleno de topicazos.

«No hay nada como volver al lugar que me dio una oportunidad en una ocasión como esta».

Mentira.

«Nashville fue donde mi música empezó a cobrar vida».

Mentira.

«Esta ciudad guarda mis mejores recuerdos».

Mentira.

De verdad que guardo un recuerdo especial de Nashville, pero él no hizo nada por mí y no me cansaré de repetirlo. Solo estuve en el momento adecuado en el sitio indicado. Así es como alguien con talento acaba consiguiendo las cosas.

Lo que sí ha hecho esta ciudad ha sido ver mi evolución, pero eso no le atribuye ningún mérito.

La primera noche que pasé aquí lo hice en un buen hotel, pero en uno muy por encima de mis posibilidades.

Las siguientes veces, mis posibilidades eran infinitamente superiores a cualquier hotel de Nashville, hasta del Four Season, donde me suelo hospedar.

Pero a mí eso no me ha hecho cambiar mi perspectiva de la ciudad, como sí ha hecho ella conmigo.

Esta vez me quedo en el The Hermitage Hotel, donde se hospedarán todos los invitados más importantes del draft , lo que incluye a los jugadores de la NFL.

Y a mí me toca hacer lo mismo porque soy la pareja oficial de Ewan Brown; un maravilloso jugador de Los Angeles Rams con el que apenas he entablado conversación, pero eso solo lo sabemos unos pocos privilegiados, para el resto del mundo llevamos meses conociéndonos.

Al bajar del avión, una limusina nos espera directamente en la pista.

Nora coge el móvil y me toma algunas instantáneas mientras arrastro la maleta de BÉIS, la marca con la que firmé un contrato de patrocinio para todo el año.

Este mismo modelo lo tengo de todos los colores posibles, pero hoy hemos escogido el rosa palo, y no ha sido algo casual.

Para este viaje, hasta el menor de los detalles está calculado.

El trayecto hasta el hotel se me pasa entre stories programadas y una lista mental de todo lo que no puedo olvidar: sonreír, asentir y, básicamente, fingir.

El Hermitage se alza tras los cristales tintados, majestuoso.

En la entrada ya hay fotógrafos y gente revoloteando de un lado para otro.

Ojalá la limusina siguiera de largo hasta meterse en el garaje, pero la entrada al hotel por la puerta principal está en la lista de misiones de hoy.

Alguien abre la puerta desde fuera y mi alter ego toma el control con un clic instantáneo: pongo la espalda recta, la barbilla alta y dibujo una perfecta sonrisa ensayada.

Los flashes me asaltan antes que el aire fresco y, de repente, todo es un caos de ruido, mi nombre mal pronunciado y el dichoso eco constante de un «mira aquí un momentito, por favor».

El objetivo de esto es sacar un primer titular que me posicione en los tabloides.

No nos podemos permitir que empiece el draft sin haber aparecido, porque después se centrarán demasiado en los nuevos fichajes y, si no juego bien mis cartas ahora, el viaje hasta aquí no habrá servido más que para recoger un premio que a mi equipo de prensa no le interesa lo más mínimo.

Escucho las diferentes preguntas que los paparazzi tienen para mí y, de manera estratégica, me paro en aquellas que tengo permiso para contestar.

—Sí, es todo un honor que Nashville haya contado conmigo para esta ocasión tan especial. Con todos los artistas de renombre que han surgido en estas calles, me siento muy agradecida de ser yo quien recoja un premio así este año.

Cuando oigo el nombre de Ewan, cambio mi expresión.

Es complicado hacerlo porque la clave es mostrar dos caras: una de póker, aparentando que no me ha afectado escucharlo, y otra que revele un pequeño gesto que ayude a alimentar la bola que queremos que se forme a nuestro alrededor.

No se me da bien esto, pero lo hago lo mejor que puedo.

—Chicos —sonrío y tartamudeo un poco aposta—, sabéis que no hablo de mi vida privada. Pero ahora mismo estoy muy feliz en todos los aspectos.

—¿Eso es que tu corazón ya se ha recuperado después de la cancelación de tu compromiso?

Me río tal y como lo he ensayado frente al espejo y me atuso el pelo con la mano izquierda; un gesto calculado para que se vea con claridad que ya no llevo su anillo.

En su lugar hay uno nuevo. El cambio en la forma es sutil, pero estamos seguros de que todo el mundo se dará cuenta.

Al menos eso dijo mi equipo. Van a analizar ese pequeño giro hasta darse cuenta de que dibuja una «e».

Ya tenemos titular. Ya puedo entrar en el hotel.