CAPÍTULO 2
Dylan
Dukeforth
P refería cuando en casa solo me esperaba un perro sordo. Si solo siguiéramos él y yo, al menos no me tocaría escuchar esta puñetera música cada vez que llego. Por suerte, no la pone siempre, solo cuando está muy triste o muy contenta. Y no sé qué me aterra más.
Dejo la bolsa de deporte en el suelo y avanzo con miedo hacia la mesa de cocina que ahora se ha convertido en el nuevo despacho de Chrishell. Cuando me adentro un poco más, descubro que no está donde creía.
—¡Dylan!, ¡ya estás en casa! —Chrishell, bailando con los brazos abiertos, se acerca a mí planeando como un avión. Está esperando su beso.
—¿Tan pronto? —Señalo la copa de vino blanco que sostiene.
Lleva un pijama de verano con zanahorias diminutas y su pelo castaño y meticulosamente planchado no se mueve ni un centímetro.
Al ver que estoy demasiado sudado para su gusto, da un respingo hacia atrás. Yo me ahorro besarla y ella pausa la voz de Savannah desde su Mac. Que tu novia esté obsesionada con alguien a quien detestas es maravilloso. Maravillosamente estúpido.
—¡¡Tengo buenas noticias!! ¿Te das una ducha y te las cuento?
Me alejo de la cocina decidido a hacerle caso.
—¡Espera! —chilla a mis espaldas—. ¿No vas a insistir?
Antes de girarme hacia ella, pongo los ojos en blanco.
—Chrishell, tengo que ir al bar a echarle una mano a Brooke y a Danny. Hoy es noche de micrófono abierto. Si te puedes dar prisa…
Sus últimas buenas noticias fueron que había conseguido unas botas exclusivas de no sé qué tienda. Como ese sea el nivel, puedo irme a la ducha tranquilo.
—Me han llamado los de la agencia. Bueno, nos han llamado —rectifica—. Tenemos una licencia de venta para la NFL.
—¿De la Super Bowl? —grito.
A la mierda sus botas exclusivas, esto sí es una noticia.
—No, cariño —se ríe, enredándose un mechón entre los dedos—. Soy buena pero no tanto. Durante la Draft Experience.
—Ah. —No está mal, pero mi ilusión decae un poco.
El draft de la NFL son tres días donde los equipos se pelean por fichar a tipos que todavía están en la universidad.
Y, además, aprovechan para montar la Draft Experience, que es como un parque temático para fans donde pueden lanzarse el balón entre ellos y todo está diseñado para que parezca que saben jugar.
Vuelven a casa con el ego hinchado, los bolsillos vacíos y el coche lleno de merch que solo servirá para almacenar más mierda en el maletero.
No digo que esté mal…, pero no es la Super Bowl.
—¿Cómo que «ah»? ¡Si es lo que queríamos!
Supongo que sí. Aunque más bien es lo que Chrishell quería. Desde que la dejé involucrarse en mi negocio ha estado haciendo y deshaciendo a su antojo. Y su antojo del último año ha sido meter la marca en todos los eventos que ha encontrado.
Y no es que no esté agradecido por todo lo que está consiguiendo... pero odio la exposición tan directa. Sé que es necesario dar a conocer una marca para conseguir ventas, pero ¿no me puedo quedar en casa produciendo cerveza y automáticamente conseguir gente que quiera bebérsela?
—No, tienes razón. Solo me he quedado algo… impactado.
Cuando se enteró de que el draft de la NFL de este año era en Nashville tardó menos de dos días en hacer todo el papeleo y presentar la solicitud.
A las semanas nos informaron de que éramos proveedores aprobados, pero hace un mes enviaron el listado definitivo y Parker Brewing no estaba ahí.
Supongo que por eso ahora mismo no entiendo nada.
—¡Normal! ¡Porque es en menos de dos días! Me han dicho que una de las marcas de cerveza ha tenido un problema interno con una auditoría y no podrá asistir, así que ¡ocupamos su plaza!
Al ver que no arranco, continúa:
—¡Venga ya! —Me zarandea, pero me suelta rápido al ver que sigo teniendo los antebrazos algo húmedos por el sudor—.
¡No pongas esa cara! Lo tenemos todo hecho.
Ellos nos dan el stand , vienen mañana a por la mercancía y nosotros solo tenemos que llevar las creatividades que queramos.
No podemos salirnos del documento que nos han enviado, pero seguro que algo nos encaja.
¡Tenemos muchísimas cosas de eventos anteriores!
Eso es cierto, la antigua habitación de… Knox y Devon está llena de trastos con el logo de la cerveza por todas partes.
—Está bien. Hagámoslo. Es la oportunidad perfecta. —Me obligo a sonreír—. ¿Les confirmas nuestra participación mientras me pego una ducha?
—¡Ya lo he hecho! —De un pequeño salto, me besa la punta de la barbilla—. Venga —me apremia—, que hueles fatal. Yo preparo la cena.
La dejo sola en la cocina y me subo corriendo a la ducha porque en menos de dos horas debo estar en el bar.
Después de cenar el arroz de coliflor que ha preparado Chrishell, cruzo el rancho y entro en el antiguo granero.
Desde hace algo más de un año ya no elaboro la cerveza aquí.
Otra idea de ella, pero en esta llevaba razón.
Desde que profesionalicé todo esto, estaba claro que Parker Brewing no iba a pasar las inspecciones de sanidad si la elaboración se hacía al lado de cinco caballos.
Y más cuando teníamos disponible otro espacio muchísimo mejor.
Hoy, Knox ha hecho una pequeña excursión con ellos por las montañas de Dukeforth.
Le dejo hacer rutas por la zona porque me fío más de los caballos que de él, ya que sé de sobra que ellos no se escaparían.
Aun así, en cuanto regresan, siempre me gusta revisar que los ha estabulado bien y que tienen todo lo necesario para pasar la noche.
Una vez he comprobado los cierres y les he dado una manzana por aguantar al plasta de mi amigo, conduzco hasta el bar.
Cuando entro, es más de medianoche, pero sigue oliendo a alitas con salsa picante.
Y como no podía ser de otra forma, mis amigos están en la mesa de siempre.
Knox sujeta la cerveza con su mano derecha, y Devon, en cambio, la apoya sobre la enorme barriga embarazada de su chica.
—Olivia, cada día estás más guapa. —Devon nos contó que está entrando fatal al último trimestre del embarazo. Según ella ya no se reconoce, le pesa la barriga y tiene los tobillos deformados, así que ahora siempre que la veo intento subirle el ánimo, pero se me da fatal.
—Mientes, pero me da igual porque estas alitas están de muerte y no pienso pagarlas. —Me sonríe con la boca llena de salsa.
—Tranquila, yo ayer tampoco pagué el baggel de beicon. —Redirijo mi atención hacia Knox y busco alguna silla libre, pero no queda ninguna—. ¿Qué tal ha ido la excursión?
—Han salido encantadas. —Paso por alto el tono con el que lo ha dicho. Le fascina engatusar a las chicas del gimnasio para que salgan de excursión con él. Y con «chicas» quiero decir «señoras».
En cuanto me convenció para volver a meter caballos en mi rancho, tardó menos de una semana en presentarme lo que él definió como «el negocio del siglo que nos haría asquerosamente ricos».
Una obra maestra financiera que resultó ser un Power Point con tres diapositivas y distintas fotos de él sin camiseta encima de un caballo (que no pregunté de dónde sacó).
Así que ahora, de vez en cuando, lo tengo danzando por el rancho vestido de cowboy .
No es lo mejor que me ha pasado, pero me llevo un sesenta por ciento de las ganancias y me ayuda con los paseos diarios de los caballos, así que tampoco me voy a quejar.
Me viene bien que siga liando a las señoras del gimnasio, del bar, del supermercado…
—¿Ha subido ya alguien? —Señalo el escenario vacío.
—El borracho de Matthew, pero he conseguido disuadirlo con un chupito gratis —habla Brooke a mi espalda.
—Bien hecho —la saludo. Siempre le digo que es mejor perder un chupito que clientes, algo a lo que nos arriesgamos si el viejo de Matthew canta.
Tras mis palabras, se miran entre ellos. Me quieren decir algo, pero no se atreven.
—La noche de micro abierto no funciona, Dylan. ¿No crees que ya es hora de contratar a otra… u otro cantante? —Brooke es solo la que tiene las narices para decirlo en voz alta, pero todos piensan lo mismo.
Los miro uno a uno. No sé por qué me observan con esa cara de idiotas. Se creen que decir cualquier cosa que pueda rozar el pensamiento de Savannah me va a hacer tambalear los cimientos que llevo construyendo desde hace más de tres años. Esos no se derrumban ya.
—Está bien —asiento—, buscaré algo. Pero ya la semana que viene, este fin de semana no estoy aquí.
Si no lo he hecho antes no ha sido por preservar un honor muerto desde el momento en el que me dejó, sino porque así estamos bien.
He estado demasiado ocupado encargándome de mi vida como para reemplazar algo que no significa nada.
Ahora mismo, el bar funciona mejor que nunca y nada de eso ha tenido que ver con ella. Bueno, en parte.
—¿Dónde vas? —Es la primera frase de Devon en toda la noche.
—Nashville. Hemos conseguido un stand para el draft de la NFL.
Se vuelven a mirar entre todos, pero ahora sí que no me dicen lo que están pensando.