Payton EPÍLOGO
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EPÍLOGO

A Fitz se le encogió el pecho mientras observaba a las hermanas Muir cruzar entre las flores de camino a su puerta por tercera vez aquel día.

—¿Estás segura, Grace? —gritó hacia la cocina—. ¿No preferirías una casa más grande antes de que nazca mi hijo?

Bajó la voz.

—Quizás una sin brujas de vecinas.

—Ten cuidado —susurró ella mientras dejaba un plato de galletas en la mesa de centro—. Pueden oír a través de las paredes.

—No me cabe la menor duda.

Ya había tenido suficientes líos para saberlo.

Su esposa se adelantó a la puerta antes de que sonara el timbre.

—¿Seguro que no tienes algo de sangre Muir, esposa mía?

Grace se echó a reír —el sonido que más le gustaba en el mundo— y abrió la puerta.

—No seas bobo, Fitz. Las vi venir desde la ventana de la cocina.

Las hermanas la saludaron con un beso como si no hubieran estado en su cocina hacía apenas una hora. Una de ellas se coló entre él y la mesa de centro para sentarse a su lado en el diván, justo en el sitio que pensaba guardar para su esposa.

—¿Cuándo aprenderás a fiarte de nosotras, Fitzjames? —dijo ella—. Cuando decimos que es niña, puedes apostarte lo que quieras a que es niña.

Grace hizo ademán de ir a la cocina, pero él la tomó con delicadeza y la hizo girar hasta que no tuvo más remedio que caer en su regazo.

—No puede ser niña —dijo, dirigiéndose más a Grace que a las hermanas.

—¿Y eso por qué? —preguntó su esposa, clavando en él sus ojos verdes como si pudiera encontrar un tesoro escondido con solo mirar un poco más hondo.

—Porque, muchacha... Tener una copia en miniatura de ti correteando por ahí, pisoteando las flores y persiguiendo al perro…

—¿Sí?

—Sería demasiada suerte para mí.

FIN