CAPÍTULO QUINCE
Por muy desesperada que estuviera Grace por salir de aquel club de campo y no mirar atrás, había algo que necesitaba hacer primero.
Recuperó su bolsa del vestuario y la llevó al baño, donde cerró la puerta con llave. Nadie iba a meterse en su vida, ni en aquel baño, sin su permiso.
El horrible vestido se resistió como si conociera su destino, pero logró quitárselo y tirarlo a un lado.
Luego se puso sus vaqueros suaves y su camiseta favorita, que había metido en la maleta como quien guarda algo reconfortante, sabiendo que los necesitaría.
Pensó en tirar el vestido por el váter, o simplemente dejarlo hecho un gurruño en el suelo, pero entonces recordó su promesa a la humanidad y lo hundió hasta el fondo de la bolsa de basura, ya que dudaba que fuera a encontrar una barbacoa de camino al aeropuerto.
Giró el pestillo y se detuvo con la mano en el pomo.
Al otro lado de aquella puerta estaba el hombre al que casi había entregado su corazón, aunque eso no fuera a significar nada en una o dos semanas. Aunque él tuviera otros lugares adonde ir. Aunque para él ella solo fuera un trabajo.
Solo que el trabajo no había sido suyo en primer lugar.
Había descubierto la verdad. Su impostor era un impostor. Todos en su vida habían resultado ser impostores, pero la traición de él era la que le causaba el dolor más agudo.
¿Qué se suponía que debía hacer ahora? Se había enamorado de un tipo que no existía. ¿O sí existía? ¿Le había mentido cada vez que abría la boca? ¿O acaso quería saberlo siquiera?
Su corazón acababa de renacer, o eso sentía. Y aunque era nuevo y podría acabar siendo más sano que nunca, también lo sentía pequeño y vulnerable. Y si alguien podía herirla ahora —quizá el único que podía herirla ahora— era el tipo al que conocía como Fitz.
¿Estaría ahí fuera? Porque sentía que había desaparecido en el instante en que contestó el teléfono.
Claro que estaba ahí fuera. Lo único que tenía que hacer era abrir aquella puerta y enfrentarse a él. ¡Pero no podía! Ojalá la agencia no hubiera llamado para disculparse hasta que ella estuviera de vuelta en Eugene…
La puerta se abrió hacia ella y Patience entró.
—Todavía estás aquí —dijo.
—No te preocupes. Ya me voy.
—Espera. Quiero decir… Lo que debería haber dicho es que me alegro de que sigas aquí.
Grace dio un paso atrás.
—¿Por qué?
La chica se encogió de hombros.
—Porque, aunque todo esto sea un desastre y nuestros padres estén como cabras…
—Tus padres.
Patience asintió.
—Mis padres. Y lo están.
No esperaría en serio que Grace la contradijera, ¿verdad?
—Aun así siento que… sigues siendo mi hermana.
Grace negó con la cabeza.
—Seguro que te sentirás aliviada cuando mañana despiertes y te des cuenta de que eres la única hija. Aunque probablemente siempre te hayas sentido así.
—¡No! ¿Lo ves? No quiero sentirme así. He sido horrible contigo. Pero ahora que entiendo que no era culpa tuya que siempre los disgustaras…
Grace puso los ojos en blanco.
—¿Qué? ¿Ahora ya puedes perdonarme?
Patience negó con la cabeza, rodeó a Grace con los brazos y la obligó a abrazarla.
—No. Quiero que tú me perdones a mí.
Grace intentó zafarse. Al final, la chica la soltó.
—Sé que te llevará tiempo, pero cuando puedas perdonarme, quiero que me llames. Quiero que sigamos siendo… hermanas.
—Ya veremos.
Era lo mejor que podía prometer en ese momento.
—Puede que te llame después de tu luna de miel.
Se acercó a la puerta y volvió a detenerse. Era su oportunidad.
—¿Mi consejo? Tú y Shawn deberíais plantearos la anulación. O sea, los dos deberíais casaros con alguien a quien améis. Deberíais estar deseando estar en la misma habitación, ¿sabes? Y cuando él te rodee con sus brazos, bueno… En fin…
Abrió la puerta y huyó antes de que empezara a importarle.
Porque lo único que quería, durante el resto de la noche, era que nada le importara.