Capítulo 24 #3
—No. —Sarah coloca el trapo de pulir en la barra—. Hace media hora, una persona a la que aprecio mucho se pasó por aquí después de que lo dejaras plantado por segunda vez y estaba destrozado. No me gusta ver a mis amigos destrozados. Y menos aún a Henry, que siempre parece estar feliz.
Siento que el suelo se tambalea bajo mis pies. Henry estaba destrozado. Jamie nos organizó la cita. No entiendo nada.
—Jamie, ¿qué está pasando? —Cuando me vuelvo en su dirección, evita mirarme a los ojos.
Respira profundo y, finalmente, tras un largo momento, me devuelve la mirada.
—No te enfades —dice—, pero puede que mintiera sobre lo bien que conozco a Henry. Trabajamos juntos antes de que se fuera a Denver. Sonya quería encontrar una manera de que te quedaras en Nueva York. Cuando pensó en organizarte una cita, yo… me puse en contacto con él.
—Le contactaste… ¿y luego qué?
—Le pedí que tuviera una cita contigo —solloza— para animarte.
—¿Cómo?
—Ya ves —añade Sarah—. Le debía un favor por todos los turnos que le cubrió cuando estaba en Denver.
—Ay, Dios. —Retrocedo un paso para alejarme de Jamie—. ¿Fue una cita de consolación?
—No —insiste Jamie—, nunca fue una cita de consolación, aunque… sí que lo sabía.
—¿Qué le contaste? ¿Sabía lo de…? —Se me hace un nudo en la garganta—. ¿Sabía lo de Sam?
Jamie sacude la cabeza de inmediato.
—Lo único que le dije fue que estabas pasando por una situación complicada y que quería que te divirtieras.
—¿Cómo conseguiste que hiciéramos match? Vi su perfil. Le dio me gusta a mi foto.
Jamie traga saliva, incómoda.
—Hice que se creara un perfil y luego fui descartando por los perfiles hasta encontrar el tuyo. No tardamos mucho en cuanto redujimos la distancia y restringimos las preferencias.
Recuerdo el momento en que Sonya vio que Henry le había dado me gusta a mi foto. Habló a toda velocidad sobre lo guapo que era, lo bonitos que eran sus ojos verdes. Ser consciente de que era Jamie quien estaba al otro lado del teléfono es humillante.
—Estupendo. Esto es… Esto es increíble. Está bien saber que era una persona tan triste, patética y deprimente que tuviste que pedirle a alguien que saliera conmigo y fingiera que yo le gustaba y que me llevase de aventura para que no me pasara el día con la cara mustia en el apartamento.
—De golpe siento más vergüenza de la que he pasado en toda mi vida—.
¿Le contaste eso? ¿Que estoy hecha un desastre, deprimida y que necesitaba que alguien me salvara?
—No. Fue todo muy… informal —se excusa Jamie, acercándose nerviosa a mí. Me aparto de golpe, por lo que se detiene y no me toca—. No estábamos conspirando, él solo quería echar una mano.
Esto lo cambia todo. Todo sobre los últimos meses.
Cada vez que le pregunté por qué pasaba tiempo conmigo, me mintió.
Cada vez que le pregunté qué ganaba él, me mintió.
¿En qué más me habrá mentido? Henry no me encontró en una app y eligió mi perfil.
Se lo pidieron. Fue un favor. Para empezar, dudo que hubiera querido salir conmigo si Jamie no lo hubiera convencido.
¿Qué habrá pensado de mí, la primera noche en el baño?
«¡Buah! Jamie no se equivocó en nada de lo que dijo.
Esta tía es un desastre». ¿Cómo de mal se habrá sentido para insistir en hacer el Passion Project ?
¿Tanto se me notaba que estaba desesperada?
Me percato de cómo me sube un poco de bilis por la garganta.
—Menuda mierda —digo mientras me alejo y me dirijo a la puerta.
—Si tienes que enfadarte con alguien, enfádate conmigo —dice Jamie—.
Sonya te contó la verdad desde el principio, sobre por qué te estaba organizando una cita, y Henry estaba siendo un buenazo.
Es un buenazo de verdad, Bennet. Y le gustas mucho.
Parecéis felices juntos. Nunca te he visto tan feliz.
Sonya dice lo mismo, que no te había visto sonreír de esa forma desde antes de que pasara lo de Sam.
—No puedo… —digo mientras retrocedo otro paso, las yemas de los dedos me hormiguean—. No puedo ni verte.
Salgo a trompicones a la calle. Ahora todo cuadra. Que Henry me apartara cuando intenté lanzarme a por él. Que no dejara de repetir que debíamos ser amigos, que insistiera en que yo era la que no estaba preparada. Que yo era la que estaba confundida. Le estaba haciendo un favor a Jamie.
¿Pero entonces por qué me pide salir una segunda vez?
¿Se trata solo de una cruel prolongación de este maldito favor?
Me lo imagino contándole a Jamie que sigo deprimida y que quizá si tenemos otra cita pasaré página por fin.
Sugiriéndole que, si vamos un paso más allá, por fin seré más feliz.
O que… Ay, Dios. Que Jamie le haya contado la charla que tuvimos en la azotea.
Me pidió salir porque sabe todo lo que he dicho de él.
Sabe que he empezado a sentir algo por él.
Por primera vez en años, tenía esperanza. Por primera vez en años, me gustaba a mí misma. ¿Y ahora va y es todo mentira? No me querían. No me tenían en cuenta. No me deseaban. Era un favor.
Corro al metro lo más rápido que puedo, espero dejar atrás este sentimiento. Me parece que alguien me llama, pero no me detengo. No me detengo hasta que llego a casa.