Capítulo 22
«¿Q ué diantres acabo de hacer?».
He invitado a mi nuevo amigo, al que a veces quiero besar, a la boda de la hermana de mi exnovio fallecido.
Ah, por cierto, la hermana del exnovio fallecido también resulta ser mi ex mejor amiga a la que llevo ignorando prácticamente desde que su hermano falleció.
Eso es lo que acabo de hacer, nada más y nada menos.
Fue algo espontáneo. Un impulso que me pareció adecuado.
No lo pensé, tan solo lo solté por la boca.
A Henry se le dan genial las personas y pensé que tenerlo ahí conmigo me ayudaría a llevarlo mejor, porque no puedo enfrentarme a la boda sola.
No obstante, ahora la cabeza me va a mil por hora pensando en lo que significa todo esto.
Caigo presa del pánico mientras Sonya, Jamie y yo estamos tumbadas en la azotea.
El bikini neón de Sonya me deja ciega mientras le esparce crema solar en los hombros a Jamie.
—A ver… ¿Te gusta?
Me calo la gorra de béisbol hasta taparme los ojos.
—No lo sé.
Cierra la tapa del tarro de protector solar.
—¿Quieres que sea tu novio?
Hago una mueca.
—No lo sé. —Me miro el pecho, donde o bien me está saliendo urticaria por el estrés, o bien me estoy achicharrando—. Pásame la crema.
—Está evitando la pregunta —trina Sonya mientras me pasa el tarro—. ¡Sí que quieres que sea tu novio!
—No la presiones —interviene Jamie detrás de unas gafas de sol negras y redondas. Se extiende una capa de protector solar en las piernas—. La crema solar de la farmacia es muy grasienta. Me siento como si le hubiera hecho una paja a un delfín.
—Pero qué broma más espantosa, Jamie. —Aunque sí que me río. Se me escapa una risita.
Sonya le da un manotazo en el hombro.
—Es lo más asqueroso que he escuchado en la vida. —Su desaprobación lo hace aún más gracioso.
Decido ponerme del lado de Jamie.
—Es verdad, siento como si me hubiera caído en un tanque de lubricante.
Jamie se ríe entre dientes y se recuesta en la tumbona.
—Qué elegante. —Sonya pone mala cara, aunque creo ver por el rabillo del ojo que esboza una sonrisa—. Os odio, a las dos.
—No, de eso nada —dice Jamie.
Nuestras risas se apagan cuando Sonya nos mira a ambas con los ojos entrecerrados.
—Sé que dije que quería que fueseis amigas, pero retiro lo dicho. Os estáis pasando de amiguitas —se queja.
—No te pongas celosa, cariño —repone Jamie tomando a Sonya de la mano—. Sabes que soy tuya.
—Y Bennet es de Henry —me provoca Sonya. Me muero de vergüenza.
—Poquito a poco —la hace callar Jamie. Se vuelve hacia mí—. No hace falta hablar de que seáis novios ni nada por el estilo. Vamos a empezar por lo sencillo: ¿te gusta pasar tiempo con él?
Aguardo con ilusión cada momento que puedo pasar a su lado. Hago una mueca, no veo la hora de que esta conversación se acabe de una vez.
—Sí, ¿vale? Me gusta mucho pasar tiempo con él. Hacedme el favor de no exagerarlo.
Jamie insiste:
—Muy bien, ese es el primer paso. Segundo paso: ¿qué te gusta de él?
—Es amable. —Me recuesto en la tumbona y cierro los ojos—.
Es extrovertido. Es un poco friki, pero no te lo esperarías de él.
Es inteligente, artístico, gracioso, no me hace sentir como un desastre.
—Inspiro hondo. Me ajusto la parte de abajo del bikini a la altura del abdomen—. Me gusta su sonrisa.
—¡Oooooh! —exclama Sonya con un pequeño chillido.
—Sonya, no íbamos a exagerarlo, ¿recuerdas? —la riñe Jamie.
—Perdona, tienes razón. —Le da un sorbo a su café con hielo—. Prosigue.
—Lo que más me gusta de él… es que se nota que es sincero. Es como si nada pudiera hacerle perder la ilusión. Tan solo… es Henry, sin más.
—¿Te sientes atraída por él? —pregunta Jamie.
Me hundo más todavía en la silla.
—A ver, intenté liarme con él en tu fiesta, Sonya.
—¡Uy! —Sonya se incorpora—. ¡Así que tenía razón! ¡ Sí que estaba pasando algo en el baño!
—Bueno, a ver, en realidad no. —Frunzo el ceño—. Me rechazó, así que igual tener esta conversación es inútil.
Jamie niega con la cabeza.
—Seguramente estaba preocupado por si ibas borracha o algo. No olvidemos que le tiraste el cóctel encima.
Cierro los ojos con fuerza.
—Es la primera persona desde Sam de la que siquiera… por la que… por la que he sentido algo. Aunque sea confuso. No puedo dejar que me vuelva a rechazar. Creo que me desintegraría.
—No te vas a desintegrar —dice Jamie mientras se acerca a mi silla y me aprieta el brazo—. Dile que te gusta. Tú también le gustas, te lo prometo.
—¿Cómo lo sabes?
Carraspea y se vuelve a su tumbona.
—Pues… tengo un presentimiento, nada más, basado en todo lo que me has contado.
—Vale. Pongamos que sí que cruzo esa línea. ¿Luego, qué?
—Mmm… ¿vivís felices y coméis perdices? —concluye Sonya.
Sacudo la cabeza. No suelo tener finales felices.
—¿Qué pasa si somos muy diferentes? Él es tan… positivo. Y yo… no lo soy.
—¿Te suena eso de que los polos opuestos se atraen? —dice Sonya mientras hace un gesto que la abarca a ella y a Jamie—. ¿Hola? Estamos justo aquí.
Alzo la vista al cielo y veo una nube pasar por delante del sol.
—Tengo miedo de que… —Cierro los ojos—. Me preocupa que, como tiene una actitud tan positiva, puede que no me esté viendo con claridad.
Jamie se cruza de brazos.
—¿Qué quieres decir?
—¿Y si está viendo lo que quiere ver y no lo que tiene delante? ¿Y si la fastidio y digo lo que no debo? ¿Y si no estoy preparada para… todo esto? —Muevo las manos en el aire sin ton ni son, intentando hacerles entender el extraño vacío que siento que se va formando en mi interior.
Jamie se quita las gafas de sol y se incorpora.
—Bennet, te lo digo con todo el cariño del mundo, pero tienes que dejar de creerte tan importante.
—¿Cómo?
—No es un milagro inconcebible que le puedas gustar a alguien.
A mí me gustas. A Sonya le gustas. No es nada del otro mundo que a Henry también le puedas gustar.
Sé que crees que eres un agujero negro de tristeza y que odias tu trabajo, pero tenerlo todo bajo control no es un requisito para el amor.
«Tenerlo todo bajo control no es un requisito para el amor».
Guau.
—Y está claro que te gusta. No te quiero presionar, pero lo has invitado a una boda en la otra punta del país cuando podrías haberte llevado fácilmente a Sonya o a otra persona. En esto tienes que escucharte. Te mereces amor, Bennet. Te mereces ser feliz. No sigas castigándote.
—Madre mía. —Me quedo con la boca abierta ante la bronca que me acaba de echar—. Sonya, tienes la novia más alucinante del mundo.
—Soy consciente. —Se inclina y le planta a Jamie un beso en los labios.
Siento un cosquilleo cálido en la yema de los dedos.
—Os quiero, chicas.
Responden casi al unísono, de esa forma dulce y melosa que tienen las parejas.
—Nosotras también te queremos.
Me reclino en la silla de la playa y me coloco bien las gafas de sol en el puente de la nariz mientras contemplo la vista de nuestro pequeño pedacito de Harlem.
Puedo ver el techo del estadio de los Yankees, lo alto de la tienda de la esquina y algún que otro edificio más elevado al otro lado del río Bronx.
No obstante, siempre me sorprendo deseando poder subir más alto y poder ver más.
Si lo viese todo, si pudiese contemplar la ciudad al completo, a lo mejor no me parecería tan grande, como si me estuviera tragando enterita.
Una idea va tomando forma mientras el sol me arropa con su calidez. Sé adónde quiero llevar a Henry la próxima ocasión.