Passion Project Capítulo 21
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Capítulo 21

E s una historia que ya he contado un sinfín de veces, tantas que prácticamente se ha formado un callo. Sam falleció en un accidente de coche.

Esa es casi toda la verdad, pero no toda.

Las únicas dos personas que saben toda la verdad somos Sam y yo… aunque supongo que eso me deja solo a mí. Y a Henry dentro de unos minutos.

Respiro hondo.

—¿De verdad que quieres saberlo?

—Solo si me lo quieres contar.

—Es una historia melodramática. —Entorno los ojos y sigo el trayecto de una nube por el cielo.

—Puedo soportarlo.

—Melodramática a nivel de telenovela.

—Me encantan las telenovelas. —Alza una ceja.

—No vas a dejar correr el asunto, ¿verdad?

—Bennet —dice mientras reposa el brazo en el borde del banco, detrás de mí—, si no quieres contármelo, dejaré de insistir ahora mismo y no volveré a sacar el tema.

Mi instinto me impulsa a guardar y proteger el delicado hilo de la verdad en lo más profundo del pecho, y es justo ese instinto el que me ha impedido hablar del asunto, pero no puedo escondérselo a Henry. No puedo escondérselo a él, que es sincero, directo y de buen corazón.

Mantengo la mirada clavada en el horizonte. Si no tengo que mirarlo, puedo contar la verdad.

«Respira».

—Sam fue mi novio en la universidad. No recuerdo si te he mencionado a mi mejor amiga, Andy, pero nos conocimos el primer año de uni, durante las jornadas de orientación.

Acabamos viviendo en la misma residencia y…

no sé. Nos quisimos al instante. No es que tuviésemos mucho en común, pero nuestras almas conectaron desde el principio.

Pasábamos mucho tiempo juntas y un día me presentó a su hermano Sam.

Es como si ella supiera que yo también lo querría.

De manera diferente, pero… —Me aclaro la garganta mientras me masajeo el pecho.

»Jugaba al béisbol, aunque no era como el resto de los atletas.

Era callado, pero su mente iba a mil por hora.

Tenía opiniones y teorías constantes sobre el mundo.

—Sonrío. Sam me sigue sacando una sonrisa incluso después de todo este tiempo—.

Nos podíamos entretener durante horas los dos solos en su apartamento, jugando a juegos de mesa o viendo en la tele el concurso Jeopardy!

De haber sido por nosotros, no habríamos salido nunca.

—Desvío la mirada para ver a Henry, que me escucha con atención.

No tardo en apartar los ojos—. Lo quería muchísimo.

Demasiado, incluso. —Henry deja escapar un suspiro.

»Pero de verdad, demasiado.

—Te creo —dice con voz suave y ligera.

—Cuando se graduó, volvió a casa de sus padres en Jersey, no muy lejos de aquí.

Yo seguía en la universidad, así que teníamos una relación a distancia.

No era ideal, pero queríamos seguir juntos.

Él quería enseñar el idioma en la gran ciudad, vivir en el Upper West Side y criar a nuestros hijos para que fueran fans de los Yankees…

, pero yo no sabía qué quería. Seguía siendo una cría.

Ni siquiera sabía cuáles eran mis propios sueños.

—Me empieza a pinchar la garganta. Cierro los ojos un segundo para concentrarme, me obligo a ser fuerte—.

Cuando digo que lo quería demasiado, me refiero a que dejé de pensar en mí cuando estaba con él.

No fue culpa suya ni mucho menos, pero dejé de planear el futuro más allá de él.

El plan siempre había sido que, cuando me graduara, nos iríamos a Nueva York juntos.

No pensé en nada más. Así que cuando se graduó y yo me quedé sola por primera vez desde que comenzamos a salir, se me empezó a ir la olla un poquito.

La graduación estaba cada vez más cerca y no había tomado ninguna decisión más allá de lo que Sam quería.

Empecé a tener ataques de pánico. —Contraigo los dedos dentro de los zapatos, sé lo que se avecina.

»Ahora viene la parte verdaderamente triste, prepárate.

—Hace un gesto como de abrocharse el cinturón, como el que hice yo cuando me habló de su padre.

Estupendo—. Empecé a solicitar prácticas en otras ciudades.

En principio por si acaso, ¿sabes? No estaba segura.

No me iban a dar ninguna. Pero cuantas más prácticas solicitaba, más me apetecía.

No se lo podía contar a Andy porque era la hermana de Sam, así que no le dije a nadie lo que estaba haciendo.

Lo hice, sin más. Supuse que sería una señal del universo: si me concedían unas prácticas, las aceptaría; si no, acabaría en Nueva York.

—Te dieron unas, ¿verdad?

Me empiezan a quemar los ojos, pero asiento y sigo adelante.

—Iba a hacer las prácticas en una agencia de marketing en Chicago. No es que me apasionara el marketing ni nada por el estilo, pero… era algo que había conseguido por mí misma y lo deseaba. Me apetecía explorar, probar cosas nuevas. Ahora que lo digo, me parece una estupidez.

—No es ninguna estupidez. —Su voz es firme y grave.

—Se lo conté por teléfono cuando ya las había aceptado.

Yo quería seguir con la relación a distancia, pero le molestó mucho que se lo hubiera soltado así sin más.

La cosa se nos fue de las manos muy rápido y, de pronto, nos estábamos peleando y diciendo cosas horribles.

—Se me rompe la voz—. De repente, la persona con la que quería pasar el resto de mi vida y yo estábamos rompiendo por una decisión que había tomado yo. Por una decisión mía.

Me vuelvo para verlo y poder fijarme en su reacción. Me mira con una expresión de tristeza, pero no de lástima.

—Él, mmm… —Me tiembla la voz. Me detengo para encontrar las palabras.

Henry también se detiene, siguiendo mi ejemplo palabra por palabra—.

Se subió al coche. No me dijo que estaba en camino.

Supongo que quería hablar en persona. —Sacudo la cabeza con la esperanza de que eso ayude a que esta historia sea más fácil de contar.

No lo hace—. Era una noche de sábado en una ciudad universitaria, la gente había salido a beber y supongo que Sam no estaba prestando atención y salieron mal un millón de cosas, y él…

—Las palabras se quedan ahí, como si estuvieran atrapadas en miel.

No puedo. Pensé que podría. Me empiezan a temblar las manos; siempre lo hacen cuando hablo de él.

—No pasa nada. —Me acerca a su pecho—. Tranquila. Puedes parar.

—Quiero contártelo —sollozo en su camisa.

—Shhh… —Me acaricia la nuca y me mece con suavidad—. Me lo has contado. Tranquila.

—No podía mirar a su familia a la cara. No podía hablar con Andy sobre el tema. La culpa me comía viva. No sé por qué lo hice, por qué lo alejé de aquel modo. Ojalá no lo hubiera hecho. No hay día en que no desee no haberlo hecho.

—No fue culpa tuya. ¿Cómo ibas a saberlo? Bennet, dime por favor que sabes que no es tu culpa.

—Desde entonces me he pasado cada día intentando convencerme de eso, pero la verdad es que si nunca me hubiera conocido…

, si no hubiera intentado ponerme a mí primero…

, él seguiría… —Me aclaro la garganta. Henry me abraza con más fuerza—.

Después de aquello, dejé la universidad.

Andy y yo cancelamos el viaje a Europa que estábamos planeando.

Rechacé las prácticas. Y después me mudé aquí en su honor, para vivir la vida que él hubiera querido.

Pero estoy completamente atascada. Nunca salí a explorar.

Nunca me encontré. Vi a todas las personas que me rodeaban crecer y florecer, pero yo me quedé donde estaba, lo más cerca de Sam que fuera posible.

Cada día le fallo. Cada día lo defraudo.

Henry me aparta de su pecho, me acuna el rostro entre las manos y me seca las lágrimas con los pulgares.

—No estás fracasando. Estás haciendo algo muy difícil.

Niego con la cabeza.

—No paro de tener miedo. De todo. Incluso de ti.

—Te mudaste a una ciudad nueva sin un plan B. ¿Tienes idea de la valentía que requiere eso?

—Es horrible.

Me vuelve a abrazar contra su pecho y apoya su mentón en mi cabeza.

—Ser humano es horrible. —Se ríe con una risita superficial.

El latido de su pecho, bajo mi oído, me calma—.

Escúchame. —Me acaricia el brazo—. Te has convertido muy rápido en una de mis personas favoritas y sé que eso te asusta; no quiero asustarte, pero necesito que lo sepas.

No lo estás defraudando. No estás defraudando a nadie.

Me duele saber el peso con el que cargas.

No puedo explicarlo, pero ojalá… —Se da toquecitos en el esternón—.

Ojalá pudiera quitártelo y ponerlo aquí. Ojalá pudiera hacértelo más llevadero.

—Lo haces. —Me acerco más a él, presiono la mejilla contra su camisa—. Nunca mejorará, pero contigo, con el proyecto… siento por primera vez que estoy honrando esa versión de mí. Me vuelvo a sentir… casi normal.

Se ríe de nuevo.

—¿Casi?

—Casi —resoplo—, poquito a poco. —Me seco una lágrima con el dorso de la mano—. Siento no dejar de derrumbarme de esta manera. No paro de mancharte camisas. —Le doy un golpecito a la mancha de rímel que le he dejado en el pecho.

He construido un grueso muro que no me permite sentir dolor, pero que también ha impedido que sienta nada en absoluto. Algo dentro de ese muro se soltó y empezó a tambalearse cuando conocí a Henry; al principio fue un goteo lento, luego una corriente y, ahora, un tsunami.

No sé si podré hacerlo, si podré dejarme llevar por las olas de la vida.

Podría volver a ahogarme. Podría volver a perderme.

Pero con Henry es difícil mantener las distancias.

Es difícil cerrarle el paso cuando me sostiene como si le importara.

Una parte de mí quiere zambullirse, otra parte de mí quiere quedarse sana y salva en tierra firme.

—De todos modos, así queda mejor. —Sonríe y frota la mancha con el pulgar.

Me siento tranquila, a salvo, comprendida. Alzo la mirada para encontrarme con la suya y aflojo un poco el fuerte agarre con el que me estaba sujetando a él.

—Hey. —Sonrío.

—Hey. —Sus ojos son tan sinceros que podría besarlo o vomitar.

La parte de mí que quiere zambullirse gana y sumerjo un dedo del pie en el agua, con cautela.

Aprieto su camisa con el puño y carraspeo.

—Andy se va a casar en Los Ángeles en septiembre y puedo llevar a un acompañante. —Me sonríe como si supiera lo que se avecina—. ¿Te quieres venir conmigo?

—Por supuesto. Me encantan las bodas.