Capítulo 17
E l NYAC dio parte de lo sucedido a la empresa Carlyle Staffing Solutions, la cual me citó para «revisar la situación», lo que significa que probablemente esté despedida, no solo del NYAC, sino de la propia empresa de empleo temporal.
Si pierdo este trabajo, tendré que volverme a Pensilvania, no cabe duda.
Hace un par de semanas me habría tomado todo esto como una excusa para volver a refugiarme en el seno materno.
Ahora, sin embargo, la idea de volver a mi ciudad natal no me tranquiliza, sino que hace que me salten todas las alarmas.
Espero en las oficinas de Carlyle a que empiece la reunión.
La sala está tan iluminada que me da dolor de cabeza.
Las paredes y el suelo son de un blanco inmaculado, y casi todos los muebles son de un color neón: un escritorio morado neón, sillas verde neón, marcos de fotos naranja neón con fotos de pescados azul neón.
Me pregunto cómo se las apaña la gente para hacer su trabajo en un lugar como este.
Cierro los ojos e intento imaginar cómo irá la reunión, pero, cuando los hago, lo único que veo es a Henry bailando al son de Dolly Parton a oscuras en el restaurante, y pienso en cómo me alegró la noche con un sombrero rosa y una sonrisa bobalicona.
No tengo ni idea de a dónde llevarlo para la siguiente quedada del Passion Project .
Intento identificar lo que me ha hecho feliz, lo que me hacía feliz antes de Sam.
Quizás pueda rastrear el origen de la felicidad hasta un acto concreto.
Me sentí bien cuando entré en la universidad porque había logrado algo.
Me sentí bien cuando ayudé a que adoptaran a Fred en el evento para promover la adopción.
Me sentí bien con Henry en el baño del Frying Pan…
Sacudo la cabeza, como si el pensamiento pudiera escaparse y salir disparado por los oídos. «¿Pero qué te pasa?». Solo somos amigos. Eso es lo que quiero.
Me sentí bien cuando les preparé la cena a mis padres al fallecer la abuela. Estábamos todos destrozados, pero mamá estaba inconsolable. Hacer una tarea sencilla por ella, aunque solo fuera preparar unos macarrones con queso espantosos, fue como mejor pude demostrarle mi amor.
No es mucho, aunque se me empieza a ocurrir una idea. Le envío a Henry la dirección de la tienda de bricolaje y decoración Home Depot que hay en el distrito del Bronx. Ya sé lo que vamos a hacer.
Cuando bloqueo el móvil, se me acerca una mujer bajita que lleva una blusa con estampado de lunares.
—¿Bennet? —Me levanto y veo que le saco más de diez centímetros. Me siento como Godzilla—. Soy Anna. Por aquí.
Nos adentramos en un despachito con una puerta amarilla. Hace un gesto para que me siente y la obedezco. Se aclara la garganta y me sonríe desde el otro lado del escritorio. No me puedo creer que me vaya a despedir esta personita adorable que parece mucho más joven que yo.
—Bueno, me han dicho que los trabajos de catering no están yendo muy bien —dice.
Niego con la cabeza.
—Es solo en el NYAC, puedo trabajar en el servicio de catering de cualquier otro lugar.
—John Kirk nos llamó muy alterado y amenazó con romper lazos con nuestra empresa. Es un asunto serio, Bennet. Son nuestro mejor cliente.
—Entiendo. —Cruzo y descruzo las piernas.
Inclina la cabeza con los labios apretados.
—¿Quiere seguir trabajando con nosotros en Carlyle?
—Sí —contesto. Es la verdad. Quiero quedarme en Nueva York un poco más. Quiero que el trasplante de órgano salga bien.
—Muy bien —suspira a la vez que hace clic con el bolígrafo—, seguirá trabajando con nosotros en periodo de prueba, pero no podrá hacer ningún turno de catering.
—De acuerdo. —Me crujo los nudillos en el regazo.
—No obstante —continúa—, al equipo de la biblioteca le gustaría contar con usted en un horario más o menos fijo. Sal Thomas, como sabrá, ha tenido que irse de la ciudad para acompañar a su hija por una emergencia médica y la ha recomendado personalmente para desempeñar algunas de sus funciones.
Madre mía, el bebé berenjena.
—Disculpe —digo pestañeando—, ¿qué ha ocurrido con Sal?
—No puedo compartir detalles personales de nuestros empleados con otros empleados.
—Ya veo. —Me toqueteo la rodilla con los dedos. «Vamos, mujer. Hágame el favor».
Vuelve a chasquear el bolígrafo.
—¿Cree que podrá cumplir con lo que le he pedido?
—Sí, por supuesto: la biblioteca, horario más o menos fijo, nada de catering . Entendido.
—Estupendo. —Muestra sus dientes perlados, que se escondían tras unos labios pintados de rosa—. Entonces hemos terminado. Sabe cómo salir del edificio, ¿verdad?
Asiento y salgo pitando de la oficina con el corazón a mil.
Lo primero que hago cuando llego al ascensor hortera verde es comprobar el muro de Facebook de Sam.
No hay publicaciones desde la ecografía en 3D.
Que no haya noticias es buena señal, ¿no?
Si hubiera ocurrido alguna desgracia, habría un rastro online , seguro.
Siento un puño en la boca del estómago. Claro que no, si hubiera malas noticias, lo llevarían en privado.
Redacto rápidamente un mensaje en el chat de Facebook que comparto con Sal y Henry, pero me pregunto si es lo correcto. ¿Y si no debería saber que su hija ha tenido un problema de salud? ¿Y si quiere mantenerlo todo en privado? Lo borro.
En su lugar, le escribo a Henry.
¿Sabes algo de Sal? Ha dejado
de mandar mensajes por el grupo…
Creo que pasa algo.
Sé que tengo pocas probabilidades.
Los puntitos azules aparecen de inmediato.
No sé nada de él desde que envió
los mensajes sobre la fiesta prenatal.
¿Quieres que pruebe
a contactarlo?
No, da igual. Es solo que
estoy preocupada. Seguro
que no ha pasado nada.
No me gustaría que Sal se sintiera acorralado en un momento difícil. Cuando pasé por el duelo, no quería que nadie se pusiera en contacto conmigo. Sé que Sal y yo no somos la misma persona, pero es muy complicado saber lo que es apropiado o lo que le va a sentar bien a alguien que está sufriendo.
Pero, macho, estoy preocupadísima.
Necesito sacarme este miedo del cuerpo, así que empiezo a trazar un plan para mi parte del Passion Project .
Hago una investigación preliminar con el móvil para asegurarme de que sea viable y luego abro la calculadora para intentar averiguar por cuánto saldría.
Cuando planto el trasero en el asiento del metro, considero que con el dinero que he ganado estas semanas gracias a las horas extra y a mi más que limitada habilidad para la decoración, puedo llevarlo a cabo.
Mejor dicho: considero que podemos llevarlo a cabo.
La emoción de haber armado un plan y la adrenalina de no saber cómo saldrá no bastan para que deje de pensar en Sal y en su hija todo el trayecto hasta casa.