Passion Project Capítulo 15 #2
44%

Capítulo 15 #2

Trago saliva y me permito echar un vistazo a sus labios ligeramente entreabiertos.

—¿Henry?

—¿Ajá?

Estamos tan cerca que el agua de su camisa resbala por mi pierna.

—Tu camisa sigue empapada.

—Vaya. —Baja la mirada a la parte de su camisa que se le pega al pecho.

—Deja que lo haga yo. —Cojo un montón de papel para las manos y doy toques en la parte mojada de su torso. Se le tensa el cuerpo cuando lo rozo. Las hojas de papel se van empapando una a una, hasta que ya no queda ninguna.

—Ya está. —Coloco la palma abierta sobre su vientre cuando está casi seco. La tela sigue húmeda, pero no empapada—. Mejor.

Deja caer la mirada a la mano que tengo en su torso y luego la alza hasta mí, tiene los ojos abiertos y la mandíbula tensa.

Sé que está pensando en lo mismo que yo: la tensión que hay en el ambiente.

La electricidad que se respira en el aire.

Deslizo la mano hacia su pecho y siento su pulso errático bajo la palma.

No se mueve, no aparta los ojos que tiene clavados en mi mirada.

Por una vez, no quiero romper el contacto visual. Quiero quedarme exactamente donde estoy, observando a Henry. Estudiando sus expresiones y descubriendo lo que significan. Esta es una que no había visto antes. Una que tengo que aprender.

Nos quedamos así, cada uno provocando al otro para que dé el primer paso o se aleje, pero ninguno cede. Al final se mueve y coloca su mano en mi cuello, justo encima de la clavícula. Quiero que me toque más aún.

Me acerco muy sutilmente a su boca y dejo que se me cierren los párpados. El corazón me late con fuerza y me tiemblan los dedos, no puedo formar ningún pensamiento.

—Bennet —susurra y me empuja suavemente en el hombro, lo que me impide seguir avanzando.

—¿Qué?

Desliza su mano por mi brazo.

—No.

Me quedo sin aire.

—¿No?

Sacude la cabeza.

—No voy a besarte.

—Oh —digo. Junto los labios cuando me doy cuenta de que tengo la boca abierta como un pez aturdido.

—No voy a besarte —dice mientras retira su mano de mi brazo— porque me dijiste que querías que fuéramos amigos. Y te creo. Te has dejado llevar por el momento. Esto no es lo que quieres.

—No sé qué es lo que quiero. —Vuelvo a tocar la misma zona mojada de su camisa. Se estremece ante el contacto.

—Ya, pero…. —Me coge la mano y la aprieta una vez antes de retirarla de su cuerpo. Tras el contacto, nuestras pieles están mojadas por el agua y el cóctel—. Yo sí que lo sé.

¿Qué significa eso? ¿Qué quiere? Abro la boca para preguntar, pero alguien llama a la puerta con enfado y nos separamos de golpe.

—¡Un momento! —Henry se da la vuelta y se seca la camisa con toquecitos.

—Joder. —Me cubro los ojos con las manos.

—Salimos en un segundo —llama en voz alta.

—Dios mío. —Me encojo al sentir el baño diminuto hacerse todavía más pequeño. El peso de la realidad, que acabo de intentar besarlo, se me viene encima. Y el peso de la realidad, que me haya rechazado, me da ganas de convertirme en polvo—. Ay, mi madre.

—No pasa nada —dice.

—Acabo de intentar… —Cruzo los brazos y me desplomo en la taza del váter, deseando poder encogerme hasta el tamaño de una pastilla para urinario.

Cuando cierro los ojos, veo cómo Sam me mira con cara de desaprobación, negando con la cabeza.

Se me va a salir el corazón por la garganta.

Es incluso peor de lo que pensaba. Quería que me tocasen.

Quería que un hombre me tocase. Que me tocase alguien que no es Sam. Esto es ya otro nivel de locura.

—No te angusties por esto, por favor —me ruega. Sus cejas se juntan y le crean una arruguita de preocupación en mitad de la frente.

—¿Cómo no me voy a angustiar por esto? —Ahora todo va a ser raro.

Y tiene razón, no estoy preparada para que pase nada.

No cuando me sigo sintiendo tan culpable por lo de Sam todos los días.

¿Por qué le hice un cumplido sobre su estúpido tatuaje?

No sé qué me pasó. Y bueno, ¿por qué di por sentado que me querría besar?

Sí, nos lo pasamos bien juntos, pero ¿igual me estoy divirtiendo más que él?

¿Igual ha sido una diversión platónica todo este tiempo?

Qué ingenua y presuntuosa he sido al pensar que podría pasar algo entre nosotros, que alguien sería capaz de ver más allá del desastre y estaría dispuesto a asumirlo.

Se le juntan las cejas cuando frunce el ceño.

—¿Quieres hablar sobre ello? —Miro su rostro bonito y anguloso, el cabello color nogal, los ojos más amables del planeta Tierra, y me vuelve a invadir la humillación.

No quería besarme. Pensé que sí, pero me equivoqué.

No creo que pudiera expresar lo que siento aunque quisiera.

Me gustaría que viajar en el tiempo fuese una realidad y poder borrar los diez últimos minutos de mi vida.

A decir verdad, los diez últimos años estaría mejor.

—No, no quiero hablar sobre ello —murmuro.

Técnicamente, no ha pasado nada, así que ¿por qué me siento como si acabara de cometer un delito? Una traición hacia mi persona. Hacia Sam. Hacia Henry.

—Vamos a salir de aquí y olvidarnos de esto —musito.

—Bennet…

—Por favor, Henry. Lo digo en serio —le respondo con brusquedad.

—Vale. —Alza las manos en el aire, como para decir «Me rindo»—. Está bien.

Salimos a toda prisa del baño y nos encontramos a Sonya esperando con impaciencia, dando golpecitos con el pie.

Pillados.

—Tienes que estar de coña. —Aprieta los dientes, sus ojos saltan de uno a otro—. Te he estado buscando por todas partes.

—No estábamos… Mmm… No estábamos haciendo nada —le digo.

Se cruza de brazos. Aprieta los labios.

—Derramó una copa sobre mi camisa. —Henry señala la mancha húmeda—. La estábamos limpiando.

—Me da igual —dice mientras se abre paso entre ambos.

—Sonya, espera…

Se gira de golpe.

—¿Sabes qué te digo? Que no. Que no me da igual.

Desde que me mudé aquí, te he estado rogando que pasáramos tiempo juntas.

He estado rogándote que volvieras a ser mi amiga, y cuando por fin sales conmigo, ¿qué es lo que haces?

Vas y te encierras en el baño con un tío.

Ya tienes que detestar pasar tiempo conmigo.

—Yo no…

Pone en el punto de mira a Henry.

—¿Sabías que Bennet lleva siendo mi amiga toda la vida? Ahora no puede ni molestarse en saludarme en mi propia fiesta.

Henry se guarda las manos en los bolsillos y evita mi mirada.

Sonya vuelve a centrar su atención en mí.

—Encima no puedes ni recordar los detalles más básicos de mi vida, como que diseño joyas.

—Lo siento mucho —balbuceo—, tengo muchas cosas en la cabeza…

—Todos tenemos muchas cosas en la cabeza, Bennet, y estoy harta de fingir que no me estás haciendo daño.

Jamie me dice que lo deje correr porque estás pasando por un momento difícil, pero ya no es excusa.

Que tú lo mantengas todo encerrado en una jaula no significa que el resto tengamos que hacerlo.

Que tú pienses que estás sola no significa que lo estés.

Hay gente que se preocupa por ti. Hay gente que quiere preocuparse por ti.

Deja de actuar como si fuéramos el enemigo.

Resulta muy agotador. —Cierra la puerta del baño tras de sí y siento que el corazón se me derrumba.

—Dios mío —susurro. No tenía ni idea de que se sentía así.

—Así que esa es Sonya… —comenta Henry.

He llevado a la mejor persona que conozco hasta el límite. Nunca la he oído decir nada malo de nad ie. Echo una mirada a Henry, que está estupefacto.

—No tengo palabras —dice.

—No digas nada. —Suena más tajante de lo que pretendía.

—Yo… —Se pasa la mano por el mentón. La última vez que le vi esta expresión en el rostro fue en el restaurante, la primera vez que nos vimos. Cuando se estaba lamiendo las heridas. Se pasa la mano por el pelo y clava la mirada en el suelo—. Quizás debería darte algo de espacio durante un tiempo.

Me mira como a la espera de que diga algo, pero no puedo.

«No te vayas —pienso—. Dilo, Bennet: “No te vayas”. No dejes que se marche». Puede que me acabe de humillar, y puede que esté confundida, pero sé que no quiero que se vaya. Quiero que todo vuelva a la normalidad.

Pero no puedo. Me quedo ahí petrificada.

—Está bien —dice asintiendo con suavidad—. Me voy a marchar. —Se da la vuelta y se dirige hacia la ciudad descomunal que por una vez parece estar muy lejos. Niega con la cabeza mientras camina.

Las lágrimas me escuecen en el rabillo del ojo cuando intento recuperar el aliento. Dejé que Henry se acercara demasiado. Llevé a Sonya demasiado lejos. En un solo día, la frágil relación que tenía con cada uno de ellos se ha hecho añicos.

Considero intentar enmendar el error volviendo a la fiesta, pero me doy cuenta de que no sé cómo será eso. No sé qué decir ni qué hacer, solo quiero que todo se detenga y ya está.

Observo a Henry alejarse hasta que ya no puedo distinguir su figura y luego emprendo el mismo camino que tomó él para salir de la barcaza, desesperada por poner un pie en tierra firme.