Capítulo XVI #2
—¿Ella es la chica? —Briana había estado tan abstraída observando el lugar en el que se encontraban que no se percató de que la estaban mirando hasta escuchar que alguien había hablado en su lengua.
—Sí, es ella —explicó Trud—. Ha sido nuestra protegida y ayudó mucho a mi hermano durante todo el viaje.
Era obvio que la familia de Hakon estaba puesta al tanto de casi todo lo que había ocurrido, no en vano Gared había enviado a dos de sus mejores hombres a Agder para hablar con ellos e informarlos de su próxima llegada al continente.
Briana, que imaginó que se esperaba de ella que hablara, alzó la cabeza y se dirigió a esas más de diez personas que la miraban atentamente. Era consciente de que muchos de ellos ni siquiera la entenderían, pero todos guardaron silencio.
—Soy Briana Urquhart y me acompaña mi hermano, Gared, señor de mi clan—dijo de forma educada—. Y Hakon es mi… es mi… —dudó unos segundos sin saber qué decir frente a ellos: ¿hombre? ¿Prometido? ¿Amante?
—Sabemos lo que sois para él —la interrumpió con voz suave una mujer vestida de forma elegante, con el cabello cano y recogido en una larga trenza—. No os apuréis, niña.
Briana suspiró con alivio al escuchar esas palabras tranquilizadoras, otra muchacha se adelantó.
Era poco mayor que ella y su parecido a Hakon era impresionante: tenían el mismo cabello castaño, los ojos grises y la misma nariz recta, ligeramente más ancha en la punta; era un rostro tan bello que parecía una reina legendaria.
Llevaba un vestido largo cubierto con una túnica blanca de abrigo y su expresión fue ilusionada.
—¿Es cierto lo que vais a hacer? —preguntó. En sus ojos aún brillaban las lágrimas que acababa de derramar antes de que ellos entraran a esa sala.
—Lo es —asintió la joven escocesa—. Vamos a salvar a Hakon.
Los ojos de la muchacha volvieron a humedecerse y su labio inferior comenzó a temblar. Estaba depositando toda su confianza en esos extranjeros, esperando que amaran tanto a Hakon como lo hacía su familia.
La mujer de la larga trenza volvió a hablar.
—Mi nombre es Bodile, soy la madre de Hakon. —Briana sintió que su corazón daba un vuelco y observó de nuevo a la mujer mientras un nudo se formaba en su garganta. Bodile señaló a la muchacha que también había hablado—. Ella es mi sobrina Gryanne.
Poco a poco le presentó a toda la familia con solemnidad y unos modales impecables. Hablaba la lengua de Briana tan bien o mejor que Hakon, dando la impresión de ser verdaderamente culta.
—Estoy muy agradecida de que hayáis venido, puesto que ha sido justo en el momento indicado. Esta misma mañana han hecho el anuncio y temíamos que no llegarais a tiempo.
—¿Qué anuncio? —preguntó Viggo, confundido. Esto provocó que Bodile se llevara las manos a la boca con sorpresa.
—Odín, ¿no os habéis enterado aún? —murmuró—. Por decreto del jarl, mi hijo no volverá a contemplar ni un solo amanecer más. Ha preferido no alargar aún más el juicio y piensa ajusticiar a Hakon al anochecer.
Briana sintió que sus rodillas flaqueaban, pero la mano de su hermano en su espalda la ayudó a mantener el equilibrio.
—Hakon y los suyos lucharon contra mis enemigos, arriesgando sus vidas por una causa que no era suya.
—La voz firme de Gared provocaba que todos en la sala lo escucharan con interés—.
Les debo tanto la vida de mi hermana como la de mi mujer, así como la de muchos de mis hombres.
Lucharé por él cuanto sea necesario, pues sé que mi deuda con Hakon no será fácilmente saldada.
—Valientes y justas palabras, Gared de la casa Urquhart —observó Erik, el primo de Hakon—. Pongámonos, pues, en marcha. Confiad en nosotros todo aquello que podamos hacer para salvar a mi primo, que al parecer no cuenta con buena fortuna, pero sí con muy buenos amigos.
Gared asintió con la cabeza y no tardaron en reunirse todos los guerreros de la familia, dejando a Briana junto a Bodile y Gryanne, que, en cuanto escucharon el plan que debían llevar a cabo, se dedicaron a buscar los mejores ropajes que pudieran hallar.
En el otro lado de la habitación, la anciana en la que Briana había reparado al entrar en la casa alzó la cabeza y miró a las tres mujeres.
Sus ojos eran blancos, sus pupilas estaban cubiertas por una extraña capa blanquecina.
—Traedme a la joven Briana, por favor —pidió.
Bodile la escuchó y no tardó en tomar a la joven del brazo, conduciéndola con suavidad hacia la mujer, tan mayor que parecía ser centenaria desde hacía ya años.
—Ella es Guro, la madre de mi esposo, ya fallecido. Quizás Hakon te haya contado algo sobre nuestra familia.
Briana asintió con la cabeza y miró a la abuela que tenía frente a ella, que parecía ciega, pero que de algún modo parecía seguir sus movimientos con los ojos.
Briana sonrió cálidamente cuando quedó cerca de ella.
La mujer no se levantó, pero pasó sus dedos delgados y huesudos por el cuerpo de Briana, como si la viera con las manos.
—¿Fuisteis vos la mujer de Hakon, el Negro ? —preguntó Briana sin poder reprimir su curiosidad.
La anciana volvió a sonreír; en su boca no quedaba ni un solo diente. Su larga trenza blanca como la nieve y la elegancia de su porte, aunque ajada, le decían a Briana que debió de ser una de las mujeres vikingas más bellas de la historia, tal y como contaban las leyendas y canciones.
—Lo fui, niña, lo fui —admitió la anciana—.
Parece que se trató de otra vida, ¿verdad?
Él era todo un héroe y yo lo amaba tanto como a mí misma.
Me temo que las historias nunca cuentan lo que ocurrió de verdad y no hacen justicia a los hechos…
Hay veces que tan solo queda la memoria, e incluso esta misma falla después de un tiempo.
—Me crié en mi tierra escuchando vuestras aventuras.
—No sé lo que dirán los enemigos de mi esposo de él y de sus andanzas.
—A mí me gustan esas historias —opinó Briana mientras Guro palpaba su rostro con las manos, haciéndose una idea de los delicados rasgos de la muchacha y conociéndola mediante el tacto.
—Entonces, quizás estabas predestinada por los dioses para finalmente ser la mujer de otro hombre tan excepcional como lo fue mi Hakon.
Mi nieto se parece mucho a él y sé que también lo verán como a un héroe en cuanto ese estúpido jarl lo libere.
—La anciana dejó ese tema durante unos instantes—.
Apuesto a que tu cabello y tus ojos son muy claros, ¿verdad, niña?
—Lo son —asintió Briana.
La abuela volvió a sonreír, despedía un aroma agradable, a frutos secos tostados y a canela.
—Tus antepasados son vikingos, Briana. Lo puedo notar en ti.
La muchacha enrojeció, pensando que esas eran las mismas palabras que Rurik le había dirigido después de conocerla. Como había dicho la abuela de Hakon, eso parecía haber sido otra vida.
Después de la amena charla y durante las siguientes horas, las mujeres se dedicaron a preparar a Briana a conciencia: la vistieron con prendas lujosas, la peinaron con elaboradas trenzas y le calzaron los mejores zapatos que Gryanne tenía.
Al finalizar el proceso, Briana parecía una verdadera princesa nórdica; con un vestido suave que parecía hecho con las propias flores violetas de los árboles y cubierta con una túnica de peluda piel blanca que la prima de Hakon le había confiado.
Su cabello parecía aún más abundante y claro gracias a una fina diadema dorada que le habían prestado.
De la túnica pendía un broche de bronce que representaba a la familia, según le dijeron.
También habían pintado sus labios de un suave color rosa.
—A Gala le habría encantado verme así —comentó Briana cuando ya habían terminado de vestirla, en las habitaciones superiores—. Le gustaba trenzarme el pelo.
—¿Dónde está? —preguntó Gryanne mientras doblaba con cuidado las ropas que finalmente no iba a utilizar.
Briana se quedó callada, ella había creído que los hombres Urquhart que se habían adelantado a su viaje ya habrían informado de lo que había sucedido con Gala en la última batalla contra su hermano.
Ante el silencio de Briana, la joven alzó la vista y la observó con esos ojos grises tan especiales que poseía.
—¿Dónde está Gala, Briana? —preguntó de nuevo—. ¿Y por qué habéis hablado de ella como si…?
Sus palabras murieron en su garganta cuando Briana asintió con la cabeza y sintió sus ojos humedecerse al recordar de nuevo cuántas desgracias habían acontecido en su vida en los últimos días.
—Por la armadura de Tyr —sollozó Gryanne—, ¿por qué?
Bodile, que había observado toda la escena desde la puerta, se acercó a ellas. Ya sabía cuál había sido el destino de Gala, pero había decidido no revelárselo aún a Gryanne, puesto que ellas dos habían sido buenas amigas.
—Estamos pasando por los momentos más oscuros —dijo la mujer al tiempo que tomaba a su sobrina de la mano y le secaba las lágrimas—.
Pero todo va a cambiar. Pase lo que pase, debemos mantenernos dignos y con la cabeza alta.
—Después, se giró hacia Briana y posó sus manos en su suave piel, envuelta por la ropa que le habían prestado—. ¿Amáis a mi hijo realmente, muchacha?
Briana contestó con decisión.
—No podría expresar con palabras cuánto lo amo ni la forma tan sincera y pura en que lo hago.
Entonces Bodile la abrazó, tan cálidamente como solía abrazarla su madre antes de morir. Como si un nuevo y precioso vínculo acabara de formarse entre ambas mujeres, la madre de Hakon posó su frente contra la de Briana.
—Me alegro mucho de escuchar eso, hija mía.