Pasión Vikinga Capítulo XVI
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Capítulo XVI

—D ecidme que lo habéis encontrado —le suplicó Briana con lágrimas en los ojos a uno de sus hombres.

—Lo siento mucho, mi señora. No lo hemos hallado a él… pero sí unas huellas.

—¿Huellas?

Hacía horas que Hakon había desaparecido sin dejar ningún rastro y Briana pensaba que no podría afrontar nada más por ese día; estaba siendo el peor de toda su vida.

Con presteza, se dio la vuelta y buscó a Gared.

Aun seguían en el mismo claro en el que toda la batalla se había desarrollado y las llamas por fin comenzaban a apagarse, por lo que Gared coordinaba en ese momento a sus hombres para que sacaran todos los cadáveres del área, consciente de todos los riesgos que podía traer mantenerlos allí.

—Gared —dijo con un gemido. Su hermano se giró de inmediato y la miró significativamente—. No está.

En la última sílaba, su voz se rompió y las lágrimas volvieron a brotar de sus enormes ojos, ahora enrojecidos.

Briana no podía respirar con normalidad y ese profundo dolor en el pecho que sentía, cada vez se hacía más grande.

A su lado aparecieron Viggo y Trud, con rostros serios mientras trataban de controlar el dolor, después de todo lo que estaba ocurriendo.

—Está vivo, Briana —la tranquilizó Viggo con sus torpes palabras en inglés—. Estoy seguro, conozco a mi hermano y sé que ahora mismo está en alguna parte de esta tierra. Y está a salvo.

—Pero ¿dónde? —sollozó Briana y se apartó las lágrimas que velaban sus ojos.

—Vamos a encontrarlo —dijo Gared, acariciándole el cabello a su hermana—. Un guerrero grande y fuerte no desaparece de este modo; no ha podido comérselo la tierra.

A unos metros de ellos, una figura se levantó del suelo, donde había permanecido desde hacía varias horas en completo silencio.

Briana sintió que su piel se ponía de gallina cuando Rurik la miró a los ojos por primera vez desde antes de la batalla y lo que vio la dejó helada; parecía otra persona, su mirada estaba herida, pero el hombre se alzó rígido y derecho como siempre.

—Creo que a estas alturas todos sabemos dónde ha ido Hakon.

—Su voz era tan ronca que parecía que llevara días sin hablar—.

No servirá de nada seguir buscándolo aquí.

Todos vimos cómo algunos hombres del jarl lograron escapar en cuanto matamos a los cuatro o cinco guerreros más valientes.

Es obvio que esos cobardes no han abandonado la orden de capturar a Hakon, solo estaban esperando la ocasión correcta.

No renunciarían a nada con tal de tener el privilegio de entregar su cabeza en Agder.

—Pero no puede ser —dijo Trud—. Él jamás se dejaría capturar, preferiría morir…

—Eso era antes. —Briana se dio cuenta de que esas palabras brotaban de sus labios cuando ya las estaba diciendo.

Conocía las reacciones de Hakon casi tanto como las suyas propias y sabía lo que estaría pensando—.

Si mataran a Hakon aquí, si él luchara por ser capturado, vosotros seguiríais siendo unos proscritos en vuestra propia tierra —observó—.

En cambio, si él se entrega y lo ejecutan después de un juicio, os quitará una enorme carga de encima.

Hakon piensa que todo lo sucedido ha sido por su culpa y que, si no fuera por él, en estos momentos Gala aún seguiría viva.

Rurik se estremeció al escuchar el nombre de su amada por primera vez y tuvo que reprimir su dolor, componiendo el semblante más serio que pudo.

—¿Qué vamos a hacer? —preguntó Viggo.

—Tenemos que salvarlo —musitó Briana con fragilidad—. Él lo habría hecho por cualquiera de nosotros.

Todos asintieron con la cabeza, incluido Gared, que ni siquiera podía imaginar por lo que su hermana estaba pasando en ese momento. Aun así, tan solo pensar en qué haría él si Nya hubiera desaparecido hacía que quisiera buscar debajo de cada una de las piedras de Escocia hasta encontrarla.

—Iremos a buscar a mi hermano —confirmó Rurik.

—Iremos a buscar a mi hermano —se unieron Viggo y Trud.

Briana sonrió al escucharlos y alzó la barbilla. No iba a descansar hasta tener de nuevo a Hakon junto a ella, aunque eso le costara la vida.

⊹

Los vientos les fueron favorables, por lo que el viaje hasta Noruega duró solo tres días. Rurik pagó muy bien a algunos de los marineros y miembros del ejército de Agder para que miraran a otra parte cuando su pequeño barco escocés llegó a la costa nórdica.

Gared, Viggo, Trud, Rurik y Briana viajaban de incógnito, tratando de no levantar sospechas, en un barco de pescadores. También otros de los hombres del clan Urquhart se embarcaron en una nave diferente para servirles como apoyo en caso de resultar necesario.

Durante casi una semana tramaron un plan para lograr rescatar a Hakon.

Briana lo extrañaba a cada momento que pasaba, sin saber si él estaba vivo o en qué condiciones permanecería.

Inmediatamente tras la desaparición de Hakon, enviaron a dos de los hombres de confianza de Gared a preparar todo para el día en el que ellos arribaran en Noruega.

Rurik había cambiado de forma radical, pasando de ser una persona alegre y chancera a ser el hombre más frío y distante que Briana hubiera conocido nunca.

Tan solo hablaba cuando era estrictamente necesario y pasaba la mayor parte de su tiempo solo y alejado del resto del grupo.

Las mujeres del clan Urquhart, cuando volvieron a las tierras de su clan, cuchicheaban que se le pasaría en unas semanas y que tan solo tenía el corazón roto, pero algo le decía a Briana que Rurik no volvería a ser el de antes jamás.

Eso tan solo la mortificaba más, pues tenía qué pasaría con ella si algo malo le sucedía a Hakon.

—Hay que desembarcar ya, Briana. —Viggo acudió a llamarla a la popa del barco.

—De acuerdo.

—No hables con nadie hasta que nos reunamos con la familia de Hakon; nos estarán esperando.

La joven sintió un retortijón en el estómago. No era así como esperaba que sucediera la primera vez que conociera a la familia de su hombre. Ni siquiera había imaginado visitar Noruega hasta dentro de mucho tiempo después, quizás años.

Briana, que por fin había tenido acceso a su propio guardarropa, llevaba un traje invernal de color gris claro, con suave pelo envolviendo su delicada piel blanca.

A su espalda, caía una enorme y peluda capucha que ella se alzó sobre la cabeza, cubriendo su cabello, aunque inmediatamente Viggo la instó a que se descubriera de nuevo.

—Tratar de ocultar tu rostro no es el mejor modo de procurar que nadie se fije en ti.

En el puerto los esperaba un hombre alto y fornido, con un ligero parecido a Hakon.

Briana lo observó con disimulo y Trud le informó de que se trataba de Erik, primo de Hakon.

Al parecer, la familia de Hakon era incluso más grande que la suya.

Erik vigilaba, nervioso, que nadie se fijara en sus invitados y los instó con presteza a caminar hasta la casa de la familia de Hakon, que estaba situada en el centro de la ciudad con el resto de familias más distinguidas de Agder.

El ambiente era frío y oscuro en la ciudad, como si alguien o algo hubiera tomado cada rayo de luz que alguna vez pudiera haber brillado en esa tierra y lo hubiera sustituido por sombras y lluvia.

Nadie los miraba al pasar y, aunque algunos niños los observaban con la boca abierta al reconocer a Rurik, Trud y Viggo, que eran héroes locales, sus padres los obligaban a apartar la mirada, temiendo lo que podría suceder si decían algo.

Todos los conocían, al igual que sabían perfectamente que Hakon iba a ser ajusticiado pronto en esa misma ciudad.

Briana caminaba con rapidez, sin detenerse a mirar la ciudad de Agder y concentrada en el barro que pisaban sus botas.

Las casas a su alrededor estaban construidas con madera oscura y los tejados con gruesos paneles de paja.

La realidad era que no distaba mucho de cualquier poblado que podría haber encontrado en las Tierras Altas escocesas, con la única diferencia de que no entendía ni una sola palabra de todo lo que decía la gente a su alrededor.

Era extraño pensar en cómo todo el continente se dedicaba a demonizar a los vikingos cuando, viéndolos en su propia tierra, eran gente tranquila y sencilla.

A su lado pudo ver que Gared tenía la misma sensación de incomodidad que ella, por lo que estrechó la mano de su hermano con la intención de reconfortarlo.

La mayor preocupación de él en ese momento era haber dejado a Nya sola en Dornoch Castle y, aun sabiendo que ella estaba completamente a salvo, aún albergaba cierto temor a que algo malo le sucediera durante su viaje al norte.

Un viento gélido corría por las calles y los gritos de los vendedores tan solo contribuían al nerviosismo que experimentaba de forma creciente. Casi tuvo que contenerse para no salir corriendo en busca de Hakon, pues sabía que cada vez estaba más cerca de él.

Las distintas calles se desdibujaban a su lado hasta que, por fin, Erik se detuvo ante una casa de dos pisos frente a una pequeña plaza vacía.

En cuanto Briana cruzó el oscuro umbral de esa casa, toda la calma que había experimentado desde que había llegado a la ciudad se esfumó.

Un montón de personas gritaban en noruego, un par de mujeres incluso lloraban y todos se reunían en torno al centro de una gran habitación tan solo iluminada por las luces que emitían algunas velas y una enorme y rudimentaria chimenea.

También había una regia mesa de madera en la habitación, aunque todos estaban de pie, ignorando las señoriales sillas que la rodeaban.

Las ventanas, no muy grandes, habían sido tapadas con oscuros cortinajes.

El suelo era de tierra, aunque estaba francamente limpio, y en un rincón de la habitación se hallaba una pequeña anciana sentada, con los ojos cerrados.

Esa debía de ser una de las mejores casas de familia de la ciudad, no podía esperarse otra cosa si el abuelo de Hakon había sido una auténtica leyenda.