Capítulo XV #2
—¿Qué clase de piedad has tenido tú con nosotros?
—respondió Gared, que no daba crédito a lo que oía y al cambio operado en ese hombre que ahora era un desconocido—.
No nos has matado, pero lo que has intentado hacer con nosotros es aún peor.
Has tratado de encerrarnos para siempre, nos has despojado de todo lo que nos pertenece tanto como a ti.
Bayne cambió su táctica y se volvió hacia Briana.
—Hermana, no dejes que muera aquí —sollozó—. Me equivoqué; la misma sangre corre por nuestras venas, Briana…
—Distingo muy bien las lágrimas hipócritas de un cobarde —le susurró Hakon al oído—. No hay arrepentimiento en su voz.
Ella mantuvo la mirada suplicante de su hermano hasta que la tensión fue tanta que se vio obligada a apartarla.
—No tomaré partido —dijo ella en voz baja—. Ni en su vida ni en su muerte.
Gared permaneció dudando durante unos momentos más, con la espada en la mano y todos sus hombres alrededor.
Sabía que jamás podría hacerse respetar como nuevo señor del clan Urquhart si perdonaba a quien más daño le había hecho, pero a la vez se sentiría un miserable si atentara contra su propio hermano, arrodillado y suplicando clemencia.
La decisión se tomó sola cuando Bayne, al percibir la duda en el rostro de su hermano, aprovechó para sacar un cuchillo de entre los pliegues de su ropa para atacar a cualquiera de los allí presentes.
Ni siquiera tuvo oportunidad de asir firmemente el arma en su mano, puesto que Hakon fue mucho más rápido y, en menos de dos segundos, le lanzó la daga que Briana acababa de confiarle al mismo centro de su corazón.
Ya con el acero incrustado en el pecho, Bayne reparó en ese punzante dolor que de pronto lo consumía y pareció confundido. No se esperaba un ataque así.
Briana lo contempló derrumbarse y un gemido salió de sus labios con horror.
No se sentía tan triste por la pérdida de su hermano como por el modo en el que todo estaba ocurriendo.
Ella sabía que Bayne la habría matado de haber tenido oportunidad, pero eso no hacía las cosas más fáciles.
Gared contuvo la respiración y Hakon siguió contemplando la escena con una expresión que tan solo un guerrero curtido en mil batallas podría componer.
Para él, la muerte había sido habitual durante muchos años y en ese mismo día ya había partido hacia el Valhalla una persona muy importante para él.
Se había hecho un silencio sepulcral en ese lugar y nadie se atrevía a moverse.
Todos contemplaron claramente la ironía que se encontraba frente a ellos: después de haber traicionado a toda su familia y de haber tratado de poseer tanto poder, en el suelo se hallaba el cadáver de Bayne Urquhart, con una flecha en la espalda y una daga con el nombre de su clan clavada en el corazón.
⊹
Hakon solo pensaba en aislarse del resto del mundo cuando se internó en el bosque, después de unas horas.
Había presenciado unos momentos horribles cuando la batalla había acabado y Gared había dado la orden de quemar los cadáveres o enterrarlos, dependiendo del tipo de rito preferido por cada fallecido.
La mayoría de los enemigos muertos habían sido apilados para prenderles fuego juntos; otros ni siquiera se sabía para qué bando habían luchado.
Rurik no había querido separarse de Gala ni siquiera cuando ya habían comenzado a quemar algunos de los otros y, por mucho que Trud había insistido en que Gala necesitaría que su cuerpo pudiera cruzar al otro lado , habían tardado horas hasta que Rurik, sin mediar ninguna palabra, había accedido a separarse de ella.
Hakon comenzó a andar sin rumbo por el bosque y se preguntó si durante todo ese tiempo había sucedido algo distinto con Rurik y Gala sin que él se diera cuenta.
Era posible, Hakon sabía mejor que nadie que uno no podía elegir de quién se enamoraba; él lo había hecho de una temeraria escocesa en mitad de su huida y no se arrepentía de ello; permanecer con Briana y formar una familia y una vida con ella era lo único que Hakon anhelaba ahora, pero también se sentía dolorosamente culpable por la muerte de Gala.
Nada de eso habría ocurrido de no ser por su causa y la culpa lo estaba consumiendo.
Tomó aire y se detuvo; estaba dentro del bosque y, de no haber sido un experimentado explorador, quizás no habría sabido cómo volver a ese claro en el que había dejado a Briana junto a su hermano.
Había preferido concederles unos momentos a solas para que ambos pudieran aceptar lo ocurrido.
Al fin y al cabo, él mismo había matado a Bayne.
—No des ni un paso más.
Las palabras fueron pronunciadas en su idioma natal a la vez que sintió el filo de una espada clavándosele en un punto a la altura de las costillas.
Al instante, apareció junto a él un hombre vikingo armado que se llevó un dedo a los labios para indicarle que guardara silencio.
A juzgar por su ropa embarrada y la sangre en su capa, había batallado en el bando de Bayne hacía tan solo unas horas, pero debía de haber escapado.
Hakon no tardó en descubrir que ese soldado del jarl no estaba solo.
—Hakon, hijo de Endill y nieto de Hakon, e l Negro ; prófugo de la justicia de los Reinos del Norte y acusado de los cargos de violación, asesinato, huida de prisión y soberbia ante los dioses. Quedas detenido por orden y mandato del jarl de Agder.
Hakon tomó aire sin mirar a sus captores a la cara y su mano se dirigió de forma instintiva hacia su espada. Como consecuencia, recibió un corte certero en el dorso de su mano.
—Las manos quietas o no llegarás de una pieza a Noruega —dijo el hombre que más cerca estaba de él—, y créeme, al jarl no le importaría después de todos los problemas que le has causado.
Para lo que tiene planeado hacer contigo, no harán falta que todas las partes de tu cuerpo estén pegadas entre sí.
Antes de que pudiera darse cuenta, esos hombres comenzaron a atarlo con fuerza y lo obligaron a internarse aún más en el bosque, dirigiéndose hacia el norte y alejándolo cada vez más de Briana.
Hakon no alzó la cabeza durante todo el trayecto por el bosque, sintiéndose desgraciado por haberla dejado, pero a la vez sabiendo que ella por fin estaba a salvo.
Hakon se preguntaba si, después de lo sucedido con Gala, su detención no sería lo mejor que podía sucederles a todos sus seres queridos.