Pasión Vikinga Capítulo XIV #3
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Capítulo XIV #3

—¡No! —gimió Briana, poniéndose en pie y girándose hacia el gigante para tratar de atacarlo. Glenn la apartó de un empujón, como una mosca molesta, y ella sintió una inmensa rabia poseyéndola. Se dio la vuelta para encarar a su hermano—. Bayne, eres un traidor. Estás acabado, ¿lo sabes?

Su hermano sonrió con cinismo y sus ojos parecieron aún más saltones y enrojecidos. A su espalda, Hakon y Glenn se enfrentaban en un reñido duelo.

—¿Por quién? —preguntó de forma sarcástica—. ¿Acaso crees que ibas a salirte con la tuya con estos sarnosos vikingos, hermana? Os he seguido de cerca todo este tiempo, si aún no os hemos matado es porque quería esperar al momento perfecto para hacerlo.

Briana frunció los labios y entonces, por primera vez en su vida, cogió impulso y abofeteó a su hermano con fuerza en el rostro.

Bayne la miró, atónito, y no dudó en arrearle otra bofetada como respuesta.

Briana sintió el sabor metálico de la sangre en su boca, pero en vez de apocarse, logró hacer que una sonrisa se expandiera con lentitud por su rostro.

—¿Crees que tú eres el artífice de todo esto? —preguntó ella, regodeándose mientras seguía riendo—. Eres un maldito iluso, Bayne. Mira a tu ejército, ¡la mitad de ellos nos siguen siendo leales a Gared y a mí! Seguirte tan solo ha sido un modo de destruirte desde dentro.

Estas palabras enfurecieron profundamente a Bayne, cuyos labios formaron una línea recta y tensa al observar a su hermana.

—De igual modo tengo a muchos más hombres —dijo con veneno en la voz—, y cuando esto acabe, los vikingos se llevarán de nuevo a tu apestoso enamorado y colgarán su cabeza de la pica más alta de Noruega.

—El dolor se reflejó en el rostro de Briana, aunque la joven trató de disimularlo manteniendo la cabeza alta—.

¿Creías que ibas a casarte con ese salvaje, Briana?

Él es un delincuente, una auténtica escoria, y en su asquerosa tierra, las alimañas se alimentarán de los deshechos que deje su cuerpo cuando acaben con él.

Los ojos de Bayne transmitían el más profundo odio hacia su hermana y Briana se preguntó cuándo habría empezado a detestarla tanto. Llevaban tiempo distanciados, pero era su hermano, al fin y al cabo; Briana lo habría defendido hasta el final del mundo antes de la muerte de su padre.

Sus pensamientos quedaron opacados de un momento a otro, cuando el zumbido de una flecha se oyó, acertando con exactitud en la espalda de su hermano.

Con un grito, Bayne abrió la boca de forma grotesca y cayó de rodillas, dejando ver, a unos metros del hombre, la figura esbelta y elegante de Gala que aún portaba un arco en sus manos.

Briana se llevó la mano a la boca con horror al observar los intentos desesperados de Bayne para tratar de que sus pulmones siguieran funcionando.

—Briana, yo… —susurró Gala en un conato de disculpa, pero sus palabras quedaron horriblemente convertidas en un grito.

Ante la aterrada mirada de Briana, uno de los miembros de la guardia del jarl acababa de asestarle una puñalada por la espalda a Gala.

La mujer abrió mucho los ojos al sentir el frío del metal calando muy hondamente en su cuerpo.

Sus propios gemidos quedaron ocultos bajo los gritos de Briana y el fragor de esa batalla que, a esas alturas, estaban perdiendo.

Briana se encontraba paralizada, tan solo fue capaz de mirar a su alrededor y no vio más que muerte y destrucción.

En el ambiente solo escuchaba un pitido sordo y la sangre caía regada por el suelo, a la vez que hombres yacían muertos sobre la hierba.

Algunos eran conocidos para ella, hombres que siempre habían sido fieles a su padre y ahora se habían mantenido fieles a ella…

Pero era cuestión de tiempo que todos fueran muriendo, uno a uno…

La joven no dudó en correr hasta el cuerpo de Gala.

Su amiga intentaba mantenerse sentada, con dificultad, y ante los horrorizados ojos de Briana, comenzó a toser descontroladamente.

Briana intentó tranquilizarla, hacer que permaneciera quieta, pero la mujer se revolvía entre sus brazos y solo en ese momento se percató de que un hilo de sangre oscuro salía de entre los labios de Gala cada vez que tosía.

Todo parecía perdido, hasta que por fin se escuchó alto y claro el sonido de un cuerno de batalla.

Un instante después, una marabunta de flechas atravesó la fría noche, clavándose en los pechos de muchos de los hombres que hasta entonces habían parecido vencedores.

Para Briana fue difícil entender lo que sucedía, especialmente cuando escuchó el fuerte ruido del cuerpo de Glenn cayendo derrotado al suelo, no muy lejos de ella.

Antes de poder comprobar que Hakon estaba vivo y no había resultado herido, un nuevo sonido se abrió paso en esa noche.

—Llegó la hora de saldar todas las cuentas pendientes —dijo una voz, potente y ligeramente grave—. Bayne, tu traición no podrá pagarse, ni en esta vida ni en la siguiente.

Briana sintió un profundo escalofrío cuando se volvió para mirar hacia Bayne y se encontró con la dura expresión de Gared, que en esos momentos rozaba con el filo de su espada la garganta blanquecina de su hermano.