Pasión Vikinga Capítulo XII #5
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Capítulo XII #5

Hakon tragó grueso, contemplando el apetitoso cuerpo de Briana, y supo que estaba perdido en cuanto sus miradas volvieron a cruzarse.

La amaba y él mismo enloquecería si su Briana yacía con cualquier otro que no fuera él.

Era egoísta, pero pensaba hacerla tan suya como jamás había hecho a una mujer y que después ocurriera lo que los dioses estimaran oportuno.

Sin perder un segundo, volvió a acercar su rostro al de la joven, pero esta vez no la besó directamente, sino que paseó sus labios por su suave mejilla y depositó cálidos besos en la mandíbula de la joven, que cerró los ojos para lograr abandonarse al placer que le provocaban esos labios salvajes.

—Debo prepararte bien, Briana —dijo él con calidez, sin dejar de besarla—. Te prometo que experimentarás un placer increíble.

Hakon sabía a la perfección que la mejor manera de disponer a una joven para tener relaciones era hablarle del amor y comenzar a sembrar en su cabeza imágenes que le adelantaran el placer futuro.

—No te muevas —le pidió suavemente.

Después, con lentitud, volvió a besarla en los labios y paseó sus manos por aquel fino camisón que ya revelaba los pezones endurecidos de Briana a través de la tela. Sonrió al ver que ella, de nuevo, cerraba los ojos para abandonarse a sus caricias.

—¿Te gusta? —preguntó al tiempo que contorneaba la forma de uno de sus pechos sin quitarle aún el camisón.

Ella asintió con la cabeza.

—Dímelo, Briana —le pidió, comenzando a repartir cálidos besos por el cuello de la joven.

—Me… me gusta —dijo ella y las palabras parecieron quedarse atrapadas en su garganta.

Él sonrió de lado y, apenas con un par de movimientos, deshizo los lazos de seda que ataban la nívea prenda que la cubría.

Esta cayó sobre el suelo como si se tratara de una hoja caída de un árbol y Briana se estremeció al sentir durante unos segundos una ligera brisa fría en sus pechos.

Hakon lo arregló un momento después, posando sus manos sobre aquellos blancos montículos y admirando el cuerpo de la muchacha.

—Quiero tocarte en todas partes esta noche, ¿entiendes? —le dijo con voz muy seria—. Y también voy a querer que tú me toques a mí.

Briana asintió con la cabeza, mirando al vikingo con el deseo y la inexperiencia reflejados en el rostro. Aprendería muy rápido, tal y como hacía en todos los aspectos. Briana era despierta de mente, inquisitiva.

—Por Odín, muchacha —resopló Hakon, apartándose de ella para deshacerse de su camisa con rapidez—. Esto va a ser muy bueno.

Briana contempló el poderoso y musculoso pecho desnudo de Hakon, adornado por cortos vellos que no tardaron en quedar apretados contra su propio cuerpo cuando él la besó de nuevo con fuerza.

Todo lo que Briana podía sentir era la experta lengua de Hakon saqueando su boca y su propio cuerpo desnudo moviéndose lentamente, en perfecta sintonía con el del vikingo.

En uno de los momentos en los que él paseó sus manos por la suave piel de ella, llegando a rozar sus muslos, Briana dejó escapar un profundo y sensual suspiro que le reveló a Hakon que era hora de comenzar.

Un instante después, la cargó en sus brazos con la misma facilidad con la que se carga un saco de cebada y caminó con ella, sin dejar de besarla, hasta llegar a su cama.

Allí la depositó con suavidad y volvió a apartarse para liberarse en tan solo unos segundos de sus botas y los pantalones de cuero.

Dudando un segundo, Hakon se quitó también los calzones, la única prenda que lo separaba de la misma desnudez en la que se encontraba Briana.

Cuando Hakon se acercó de nuevo a la cama, contempló con el más puro orgullo varonil la mirada asombrada de Briana, que observaba su virilidad erecta, alzándose orgullosa.

Un escalofrío recorrió a Briana cuando él se tendió sobre ella, besándola, sin ningún tipo de pudor cuando sus sexos se rozaron.

Durante los siguientes momentos, Briana sintió un placer espectacular al notar cómo el enorme miembro de Hakon era conducido por él con mano experta para provocarle una sensación casi mágica, acariciando insistentemente la flor escondida entre sus muslos.

—Abre las piernas —le indicó él.

Briana le hizo caso, por instinto, reprimiendo un intenso gemido placentero cuando su falo rozó con pasmosa intensidad la parte más sensible de ella.

Hakon la miró a los ojos y agarró su mano, conduciéndola directamente a su ardiente virilidad.

Ella la sintió dura y gruesa en sus dedos, pero no trató de apartarse.

—Esto es lo que provocas en mí, Briana —gruñó él—. Haces que solo pueda pensar en estar dentro de ti y en hacerte gritar de placer bajo mi cuerpo.

Un nuevo torrente de húmeda calidez bajó por todo el cuerpo de Briana, que acarició el miembro de Hakon con una lentitud que a él le pareció un dulce tormento.

Sintió que podría explotar en ese mismo momento.

Con salvaje pasión, tomó entre sus labios uno de los pechos de Briana, saboreándolo y degustándolo mientras ella aún lo tocaba de la manera más dulce.

También él bajó su mano hasta el sexo de Briana y se sorprendió al encontrarlo tan húmedo y resbaladizo.

Supo que estaba preparada para aquello, por lo que volvió a besar sus labios ávidamente y colocó la punta de su pene en la estrecha entrada de ella.

Nunca antes había tomado a una mujer inexperta y eso le hacía pensar que, en cierto modo, también era su primera vez.

—No te lo preguntaré ni una vez más —dijo sobre sus labios, obligándose a mantener la calma—. ¿Estás segura de esto?

Como respuesta, Briana lo besó de nuevo con toda la pasión de la que fue capaz, a la vez que movía sus caderas contra él para poder estimular ese punto secreto que tanto placer le estaba provocando. Él sonrió y tuvo que separar a Briana de él durante un momento para poder pensar con claridad.

—Puede que te duela un poco, pero solo será la primera vez —le susurró, mirándola a sus profundos ojos azules—. Si quieres que pare, tan solo dilo.

—Hakon… —rogó ella, que no cabía en sí de expectación.

Viéndola tan excitada como estaba, el vikingo separó aún más sus muslos y, un instante después, introdujo la cabeza de su miembro en ella.

Briana gimió de placer, pero ese mismo gemido quedó apagado cuando él empujó dentro de ella, entrando unos centímetros más en su interior.

Algo se rompió dentro de Briana, que trató de cerrar las piernas en vano para evitar la dolorosa invasión que comenzaba a abrirse paso en su interior.

En cuanto un sollozo de dolor surgió de su garganta, Hakon se detuvo en seco.

Estaba sintiendo un placer tan grande como el océano, pero observar el gesto dolorido de Briana hizo que algo en su mente le prohibiera continuar.

Hakon tomó aire, sin saber qué sería lo mejor para evitar que el sufrimiento continuara.

—¿Quieres que pare?

—Tan solo espera… un segundo —pidió Briana.