Capítulo X #3
Un puchero infantil se instauró en los rosados labios de la muchacha, bajo su respingona nariz pecosa. Hakon tuvo que contenerse para no sonreír, puesto que no podía evitar sentir ternura al verla. Ternura y unas irrefrenables ganas de besarla.
—No, gracias. Puedo andar por mi propio pie, no soy una criatura.
—Como desees.
Sin mediar más palabras, Hakon se apartó de ella y caminó con paso firme hacia la entrada de la posada, donde ya estaba el resto del grupo.
Briana tomó aire y trató de desentumecerse, moviendo sus rígidas piernas de un lado a otro.
Después, siguió a Hakon y trató de andar tan rígida y recta como le fue posible.
Él la esperaba en la puerta y esta vez no pudo evitar observarla con cierto humor chispeando en su mirada.
Sabía que Briana estaba muriéndose de frío, pero que era tan tozuda que no iba a admitirlo frente a él ni aunque la vida le fuera en ello.
Entrando en el pequeño establecimiento, el vikingo deseó poder ser él quien caldeara esa noche el cuerpo de Briana, pero no tardó mucho en eliminar ese pensamiento de su cabeza, como cada vez estaba más acostumbrado a hacer.
La posada era pequeña, pero Briana observó que estaba mucho más cuidada y limpia que ninguna de las otras en las que ya habían permanecido anteriormente.
Todo era de madera oscura, y el ambiente olía a comida recién preparada.
En la sala en la que se encontraban, que al parecer era la única que conformaba esa nave, tan solo se hallaban un par de personas más y el tabernero, un hombre pelirrojo y alto con el que en esos momentos ya estaba hablando Rurik.
Pocos minutos después, mientras sus amigos aún se encontraban helados y exhaustos junto a la puerta, el vikingo se dio la vuelta y se dirigió a ellos, sonriente.
—Hoy es nuestro día de suerte; tenemos disponibles dos habitaciones con sábanas limpias y un estofado de vaca que huele francamente bien.
Briana sintió que se relajaba al escuchar esto y sus doloridas piernas parecieron dejar de temblar durante unos segundos, anticipando lo que sería un verdadero placer para ella.
Frente a la muchacha, también Hakon pareció aliviado y sus carnosos labios se curvaron en una bonita sonrisa antes de, como siempre, ponerse recto y muy serio.
Como si el líder vikingo hubiera regresado en el mismo instante en el que él había osado relajarse por un segundo.
Briana había notado desde hacía bastante tiempo que, aunque todos fueran amigos y guerreros por igual, Hakon parecía ser el que tomaba realmente las decisiones.
—Bien. Haremos dos turnos de guardia esta noche, el primero lo harán Gala y Rurik y después seremos Trud y yo los encargados. ¿De acuerdo?
Viggo frunció el ceño y sus cejas casi blancas parecieron juntarse.
—Estoy recuperado, Hakon. Yo también puedo hacer guardia —se quejó—. Detesto sentirme útil tan solo para dormir y comer.
Al escuchar esto por parte de Viggo, Hakon supo que Briana no tardaría en sentirse atraída por la idea y, efectivamente, al observar a la joven escocesa, esta ya se encontraba abriendo los labios para exponer su voluntad de convertirse también en guardiana nocturna del grupo.
Él alzó su dedo índice ante el rostro de la muchacha, antes de que ella hablara y negó con la cabeza.
—Ni lo intentes —le advirtió.
Briana frunció los labios y lo miró con los ojos entrecerrados, pero no llegó a decir nada, sino que decidió admitir que quizás no sería tan útil para el grupo como ella creía.
En esos momentos, Hakon cavilaba la idea de que Viggo estuviera lo suficientemente recuperado como para realizar la guardia, pero Trud se adelantó a emitir un juicio.
—Viggo tiene razón; nos debe al menos cinco guardias a cada uno —bromeó y después miró a Hakon, cuyos ojos quedaban a la altura de los suyos—. ¿Hace cuánto tiempo que no duermes una noche entera, hermano? Deberías ser tú quien descansara por una vez mantenerte en pie, velando por los demás.
Hakon dudó unos segundos. Ni siquiera estaba seguro de poder dormir con la cantidad de problemas que tenía en esos momentos, además de que estaba convencido de que seguiría sufriendo la misma pesadilla que se repetía en sus sueños cada noche.
Debía reconocer que estaba aún más preocupado después de lo que Eileen le había dicho sobre su sueño; no entendía qué podrían significar sus palabras.
—De acuerdo —asintió, no muy convencido.
Trud sonrió, satisfecha, y después se dirigió a Gala como si acabara de recordar algo.
—Preferiría hacer el primer turno para así poder dormir después. ¿Sería eso una molestia para ti, Gala?
Su voz sonaba casual, pero hubo algo en la mirada de Trud que le hizo sospechar a Briana que ahí estaba ocurriendo algo.
Quizás no era casualidad que la vikinga quisiera evitar que Rurik y Gala compartieran un turno de la noche.
Antes de que pudiera seguir pensando en eso, sintió un tirón en el brazo y, un instante después, Hakon la llevaba hacia las escaleras de madera oscura que ascendían hasta un pequeño segundo piso en el que se hallaban las habitaciones.
—Necesitas secarte antes de cenar si no quieres tener una pulmonía —fue lo único que alegó él.
Briana chasqueó la lengua, molesta, y se dejó llevar por él.
—Gracias, Lord Vikingo, me honráis con vuestra preocupación —dijo irónicamente a la vez que resoplaba.
Hakon tan solo compuso una mueca e ignoró el tono desagradable de Briana.
Abrió la puerta de madera de una de las habitaciones que Rurik les había indicado que compartirían.
Justo en la entrada, ella se quedó parada y sus ojos ascendieron hasta el rostro del vikingo, que le indicó con un movimiento que entrara a ese pequeño cubículo que solo debía de medir cuatro metros de largo y otros cuatro de ancho.
Ella obedeció, caminando por la sala. A pesar de su tamaño, parecía confortable; las camas eran bajas, pero la madera se veía cuidada y Briana reconocía que estaba en mejores condiciones de lo que ella se había acostumbrado ya.
Se sobresaltó de repente al escuchar un golpe sordo y al girarse, se encontró con la capa de piel de Hakon en el suelo, empapada.
Él seguía deshaciéndose de su ropa sin prestarle atención a su presencia.
—¿Qué hacéis? —preguntó ella, abriendo mucho los ojos.
—Veo que vuelvo a ser el rey de Inglaterra.