Pasión Vikinga Capítulo IX
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Capítulo IX

B riana subió las humildes escaleras de la casa de Donar. Era tarde y estaba exhausta, pero a la vez se sentía algo mareada después de beber dos copas de hidromiel. No sabía qué demonios llevaba ese brebaje que los vikingos tanto disfrutaban, pero sí sabía que era dulce y agradable al paladar.

Viggo había empezado a enrojecer con su cuarta copa, Rurik, por el contrario, aún continuaba en su estado natural después de un par de horas, a pesar de que Briana había perdido la cuenta de cuánto había bebido ya el vikingo.

La joven se chocó contra la puerta de la que sería su habitación junto a Trud y Gala. Una risita salió de entre sus labios mientras se preguntaba cuánto tiempo más se quedaría Hakon en la cocina, junto al resto, y también cómo reaccionaría él si estuviera con ella ahí, mareada y agotada.

Seguramente la cargaría en brazos y la depositaría sobre la cama, arropándola como un padre lo hace con sus hijos.

La joven bufó ante ese pensamiento y logró abrir la puerta de madera, tras la que encontró una habitación mucho más acogedora de lo que habría esperado.

El suelo y la pared eran de madera rojiza y un par de camas amplias coronaban la sala.

La decoración no era fastuosa, pero todo estaba limpio y ordenado.

Junto a una de las camas reposaba una enorme tina vacía que habrían subido las hijas de Eileen y Donar por si acaso sentían la necesidad de bañarse.

Briana tan solo tenía que olerse a sí misma para saber que sí, debía hacerlo.

Tan solo había dado dos pasos en el interior del cuarto, pero Briana ya había conseguido chocarse contra una pequeña cómoda, con una de las camas y se había tropezado con el propio suelo. Quizás había bebido un poquito más de lo que creía…

—¿Estás ebria?

Alzó los ojos y enfocó su mirada en la rubia figura de Gala, que se hallaba sentada sobre la misma cama con la que ella acababa de chocarse y con un libro entre las manos.

—Claro que no —respondió Briana mientras daba un paso atrás, sorprendida. Comenzaba a hacerse esa misma pregunta. ¡Ni siquiera había visto a Gala al entrar a la sala!

—Dioses, ¿qué te han dado de beber? —La voz de Gala sonó preocupada y se levantó del colchón de paja para ayudar a la joven a sentarse.

Briana trató de zafarse de la amable ayuda de Gala. Sabía que su preocupación era sincera, pero no olvidaba que ella llevaba todo el día sin dirigirle la palabra. Briana se había sentido incómoda y culpable por eso.

—Ya estoy bien, no te preocupes. —Suspiró, apartando la vista de su ahora amiga.

Gala percibió lo violenta que se sentía Briana con ella en esos momentos y tomó aire, quería hablar con ella de una vez. Lo había estado pensando y había llegado a la conclusión de que no podría ser tan malo compartir su secreto con alguien. De hecho, lo necesitaba desde hacía demasiado tiempo.

—Siento mucho lo que ocurrió ayer, Briana —se disculpó. Su voz temblaba, algo frágil—. Me he comportado como una niña furiosa y te dije cosas que no son verdad… Me temo que no quería escucharte.

Tuvo que reconocer que todo eso tomó de sorpresa a la escocesa. No esperaba que Gala se disculpara con ella, o al menos de esa manera tan cercana. De pronto, el alcohol en sus venas había sido relegado a un plano secundario.

—Soy yo quien tiene que pedirte disculpas, Gala. Fui muy irrespetuosa al insinuar que Rurik y tú… no, no volverá a ocurrir.

Gala sonrió dulcemente y sus ojos brillaron.

—El problema fue mi reacción, Briana. Cuando te escuché… sentí que… —Bajó la mirada, sabiendo que esa sería la primera vez en su vida que lo admitiría delante de alguien más—. Sentí que me habías descubierto y me hizo daño saber que lo que me decías era cierto.

Briana había abierto la boca para decir algo, pero de nuevo la cerró, observando a la vikinga con gesto atónito. No sabía si había escuchado bien o también eso era producto del alcohol.

—¿Cómo? —consiguió articular.

—Lo amo, Briana. Estoy enamorada de él.

Escuchar eso no había entrado en los planes de Briana. Ya se había convencido de que esa supuesta relación secreta entre Gala y Rurik había sido producto de su imaginación, pero ahora veía que no era así. Y apenas llegaba a entender lo grave que eso resultaba para los dos vikingos.

—¿Y él…?

—Él también… quiere estar conmigo.

Briana se llevó un dedo a los labios. Estaba claro que esa situación era aún más difícil de lo que parecía.

—¿Cuál es la razón por la que vosotros no deberíais… estar juntos?

Con un largo suspiro, la vikinga trató de hacerse entender lo mejor que pudo.

—Ambos somos guerreros. El dios Tyr nos protege como hermanos en la batalla, y nosotros cinco formamos una misma familia.

Hace años que hicimos ese juramento: en batalla cualquiera de nosotros daría la vida por el resto, sin ningún tipo de distinción entre nosotros.

En cambio, el amor de una pareja podría ponernos.

Al hacer el juramento yo veía a mis compañeros como si mis hermanos.

Eso es lo que me sucedía con Hakon, Trud y con Viggo.

—Gala apretó los labios, estaba siendo realmente duro hablar de eso—.

Pero con Rurik… desde el principio fue distinto con él.

La explicación le puso a Briana la piel de gallina. No se le ocurría una mayor injusticia que pasar día tras día junto a la persona amada, ser correspondido y no poder exteriorizarlo.

—Debe de haber un modo, Gala…

La mujer vikinga entrecerró ligeramente los ojos.

—Lo hay.

—¡Pues adelante! —la animó Briana.

—No, no puede ser. —Volvió a sonar melancólica—. La única manera sería el exilio; marcharnos juntos y traicionar a nuestros hermanos y a nuestros dioses. No podría hacerlo, ninguno de los dos podríamos.

Desde luego, la situación era muy complicada. Briana se preguntó a sí misma qué haría ella si se encontrara en esa disyuntiva: ¿lo dejaría todo por huir junto a Hakon? Sí, probablemente. Pero estaba segura de que él no haría lo mismo por ella.

—Lo siento mucho, Gala. Me temo que es una encrucijada. —Briana no sabía qué más podía hacer, aparte de compadecerse de la mala fortuna de ambos.

Gala sonrió con suavidad.

—¿Sabes? Creo que me ha ayudado poder hablar de esto contigo. Nunca se lo había contado a nadie.

La escocesa le devolvió la sonrisa, triste.

Le daba verdadera pena que dos personas tan formidables como ellos dos tuvieran que permanecer separados de ese modo, pero así funcionaba el mundo.

¿Cuántas de sus amigas habían tenido que casarse con auténticos desconocidos siendo apenas unas niñas?

Ella había tenido suerte en ese sentido, su padre nunca le habría hecho algo así.

—Estaré aquí para cualquier cosa que se te ofrezca, Gala. Nunca podré pagaros lo que estáis haciendo por mí, todos vosotros.

—También nosotros estamos muy agradecidos contigo. Aunque Hakon parezca furioso y pensativo a partes iguales, está mucho más animado desde que tú apareciste. Antes se sentía culpable de cualquier cosa que ocurriera y quería volver a Noruega a toda costa para no ponernos en peligro.

—Aún no sé qué es lo que ocurre con vosotros y ese tal jarl —le recordó Briana, oportunamente.

—Será mejor que sea Hakon quien decida contártelo. No me perdonaría si fuera yo quien te hablara sobre lo que ocurrió.

El rostro de Briana se ensombreció un poco cuando volvió a mirar a su amiga. Esta vez, su voz fue un susurro.

—Ocurrió algo muy malo, ¿verdad?

Gala asintió con la cabeza como única respuesta.

—Y Hakon es… —dudó un momento—. ¿Fue Hakon quien lo hizo?

La vikinga chasqueó los labios y pasó su mano sobre el suave cabello rubio de Briana, tratando de no preocuparla por eso.

—Sí, Briana. Pero no es lo que crees —le dijo—. Hakon es uno de los hombres más valientes y buenos que he conocido, todos confiamos en él más que en nosotros mismos. Pero hasta el mejor de los mortales comete errores y se deja llevar por sus sentimientos.

Esto acrecentó aún más la curiosidad de Briana, que a esas alturas ya sentía que necesitaba saberlo todo.

—Sé que fue por una mujer —dijo atropelladamente—. ¿Él la amaba?

Gala se quedó estática unos segundos, con los ojos fijos en la joven que tenía frente a ella. No quería hablar de eso con ella, pues sentía que estaba traicionando a Hakon… pero, a la vez, entendía el anhelo por conocer esa historia por parte de Briana.

—Habla con Hakon —la aconsejó con dulzura—. Merece ser él quien elija cómo conocerás su historia.

El rostro de Briana se apagó con ligera desilusión.

La muchacha se dejó caer tumbada en esa cama sorprendentemente cómoda con la mirada perdida en el techo.

Había sido un día muy largo, al igual que toda esa semana.

Se daba por vencida; por una parte, se alegraba de que Gala hubiera tenido la confianza suficiente con ella como para confesarle algo tan importante como era su situación con Rurik, pero, aun así, se sentía decepcionada.

—¿Crees que él quiere que la conozca? —preguntó tras unos segundos de silencio.

—Sé que sí, pero no sabe cómo hacerlo. Teme que no lo entiendas.

Por la distancia de la voz, supo que Gala se había acostado en otra de las camas, dejando libre la que sería destinada para Trud, una vez esta se decidiera a subir a la habitación.

Era normal que quisiera relacionarse tranquilamente con sus amigos después de tantas noches teniendo que hacer vigilancia y sin poder confiarse ni un solo momento. Briana miró al techo, pensativa.

—Creo que le quiero —dijo.

Y, aunque esperó durante varios minutos una respuesta por parte de Gala, tan solo recibió la respiración regular y pausada de la vikinga, que ya se había dormido.

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