Capítulo VIII #3
—Muchas gracias, Hakon —le dijo; sus palabras eran sentidas—. Por todo lo que has hecho por mí.
—Estás con nosotros y cuidaré de ti tanto como mi cuerpo me permita hacerlo… Aunque acabo de comprobar que, quizás, no te soy tan necesario como creía.
La miró atentamente, queriendo guardar cada una de las expresiones faciales de Briana al hablarle. Estaba asombrado con ella y, para su desgracia, era muy consciente de que cada vez le gustaba más esa mujer.
—Es por mis hermanos: cuando éramos niños, montábamos a caballo, jugábamos a pelearnos, a tirar dagas…
cuando crecieron, mi hermano mayor, Bayne, perdió todo el interés por seguir jugando conmigo, pero el menor, Gared, y yo nos volvimos inseparables.
—El rostro de Briana parecía feliz al hablar de su familia—.
Gared se hizo mucho más grande, rápido y fuerte que yo, por lo que comencé a perder en nuestros juegos habituales…
pero hay algo a lo que nunca logró ganarme.
—¿En ser una temeraria?
Briana lo miró con fingido enojo, y él dejó escapar esa preciosa risa ronca que parecía sacada del mismo paraíso.
—Por supuesto que no, ¡me refiero a lanzar dagas!
—Me pregunto por qué no utilizaste ese talento para acabar con todos los soldados en la posada de Jórvík.
La joven se llevó un dedo níveo a la barbilla.
—Supongo que me asusté… además, Trud me dio un cuchillo largo, no una daga. Era demasiado grande y pesaba mucho. Podría haber acabado clavándolo en el lugar erróneo…
Él apretó la mandíbula al recordar la discusión que había tenido con su hermana a causa de ese maldito cuchillo. Briana leyó la aflicción en su rostro.
—¿Siempre sientes que tienes que controlarlo todo? —le preguntó y, pese a la naturaleza de sus palabras, no pareció que quisiera hacerle sentir mal con ellas.
—La mayoría de las veces sí… —reconoció—. Especialmente cuando se trata de mi familia.
Ella lo observó, curiosa, pero como Hakon no parecía dispuesto a añadir nada más, decidió preguntarle.
—¿Por qué? —Su voz fue directa y él apartó la mirada, pero Briana insistió—. Yo te acabo de contar algo importante sobre mi pasado, vamos, Hakon, háblame de ti... ¿Cómo fue tu infancia?
El tema le incomodaba, pero hablar con Briana era natural y, francamente, lo ayudaba a abstraerse de su realidad, en cierto modo. Esa pequeña escocesa lo alegraba mucho más que cualquier otra cosa.
—Será mejor que vayamos a cenar, se preguntarán dónde estamos.
—Hakon aprovechó los primeros segundos en los que empezaron a caminar para pensar en cómo hablarle de su historia a alguien como Briana—.
He de decir que mi niñez fue normal… No hubo nada destacable; teníamos una cama en la que dormir y la mayoría de los días también teníamos algo que comer.
No hacía falta fijarse demasiado para darse cuenta de que Briana no había pasado ni un solo día de necesidad en sus diecinueve años de vida, aunque no por eso era arrogante ni pretenciosa, más bien al contrario.
Ella siempre había intentado ayudar a todas las personas desfavorecidas de su clan, especialmente desde el fallecimiento de su madre.
Había sentido que debía ocupar su lugar como señora de los Urquhart.
—¿Tú tienes hermanos?
Hakon negó con la cabeza.
—Tuve una hermana hace muchos años, pero murió siendo una niña —le confesó él, sintiendo que era excepcionalmente difícil abordar ese tema aún—. Ahora tengo a Gala, Trud, Rurik y Viggo, como ya sabes… Ellos son mis hermanos.
—No parece algo fácil —dijo Briana, consternada. Se sintió culpable, pero debía reconocer que estaba muy interesada en conocer más detalles sobre su familia verdadera.
—Cada uno ha de vivir con lo que tiene y no todos los hombres somos afortunados. Aunque en la guerra, ante el enemigo, todos nos convertimos en iguales. Morimos del mismo modo cuando llega el momento.
—¿Cuándo empezaste a luchar?
Hakon hizo una pausa para pensar mientras seguían caminando en silencio.
—Comencé a entrenar con mi tío a los trece años —respondió—. Hasta entonces, nunca había tocado una espada y… bueno, creo que mi primera vez en una batalla fue a los quince años.
Los labios de Briana formaron una O , sorprendida.
—Vaya… Tan solo eras un muchacho, ¿tuviste miedo entonces?
Era una pregunta más bien absurda, aunque viendo ahora a Hakon, ella podría decir que nada lo asustaba. Se alteraba y enfadada cuando sentía que sus amigos o ella estaban en peligro, pero, mientras luchaba contra esos soldados un par de noches antes, no parecía albergar ningún tipo de temor.
—Siempre lo tengo. —Esa respuesta la descolocó—.
Cada vez que entro en una lucha contra un hombre, sé que solo uno de los dos va a sobrevivir al otro contrincante.
Y ese pensamiento me provoca más miedo que ninguna otra cosa en el mundo.
No por la posibilidad de morir, no es eso. Sino por hacerlo antes de tiempo.
Briana lo miraba de reojo con gran admiración. Ese hombre admitía sus debilidades sin ningún pudor frente a ella. Se estaba abriendo de verdad y eso la hizo sentir, definitivamente, especial.
—Te admiro, yo no podría hacerlo.
—Por supuesto que podrías, Briana. —Sonrió con suavidad, aunque su mirada seguía nublada por la tristeza de lo que acababa de confesarle—. Creo que tú sola podrías empezar una revolución y ganar una guerra. Piénsalo, no todo el mundo tiene ese talento.
—¿Mi talento es el caos, Lord Vikingo ?
—No, Briana. Tu talento es conseguir que hombres que no creen en nada, crean en ti.