Pasión Vikinga Capítulo VI #3
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Capítulo VI #3

Él se encontraba embelesado, contemplándola bailar.

Rurik parecía feliz y eso era lo que Hakon quería ante todo.

Él había sido como su hermano desde que apenas eran dos niños y habían vivido juntos toda clase de situaciones.

Cuando Hakon había caído en desgracia y el jarl lo había encerrado en prisión, Rurik había hecho cuanto había podido para salvarlo.

Hacía tiempo que no lo veía contento de verdad; demasiado tiempo de hecho.

—Me voy —anunció Trud al observar que Briana y Rurik ya habían dejado de bailar y se dirigían hacia ellos, entre risas—.

No quiero acabar bailando yo también porque esa situación puede terminar en un desastre.

—Después, miró a Viggo—. Despiértame después de medianoche para hacer la guardia. ¿De acuerdo?

Viggo asintió con la cabeza, y la mujer se fue. Instantes más tarde, Briana y Rurik tomaron asiento de nuevo alrededor de la mesa de madera; estaban exhaustos. La mirada de Briana se cruzó con la de Hakon unos segundos, pero ella apartó los ojos de inmediato.

A su alrededor, el ambiente se animaba cada vez más y una joven adolescente de unos quince años se acercó a ellos. Llevaba un vestido holgado y viejo, pero era hermosa.

—Me preguntaba si… ¿os gustaría bailar conmigo? —le preguntó a Viggo con timidez.

Briana pensó que debía de ser una de las hijas de los dueños de la posada. Era extraño encontrar a una muchacha tan joven allí, por la noche. Ante todos ellos, Viggo enrojeció profundamente de un modo muy tierno. Sus ojos azules brillaron cuando el muchacho miró a sus amigos, dudando.

—No creo que pueda bailar, yo… —comenzó a disculparse.

La chica pareció querer morir de vergüenza.

¡Había tardado una hora en reunir el valor para hablar con él!

Como leyendo sus pensamientos, Rurik le palmeó el brazo a Viggo.

Era consciente de que hasta hacía poco tiempo aún había yacido en cama sin sentido, pero ya estaba en pie y… ¿qué demonios? ¡Era un vikingo!

—¡Arriba, chico! No te hagas de rogar frente a una dama.

Viggo se levantó, aún dudando, pero le tendió su mano a la joven morena y ambos avanzaron hasta el lugar del que provenía la música. Se sintió aliviado al notar que el pecho no le dolía tanto como esperaba con el movimiento del baile.

Aparentemente indiferente, también Rurik se levantó de su silla.

—Voy a buscarme un divertimento —anunció.

Antes de decir esas palabras, lanzó una breve mirada hacia Gala, que frunció el ceño y evitó mirarlo.

Por la posada pululaban las prostitutas y, con el paso de los minutos y el alcohol entre todos los allí presentes, estas parecían estar aún más contentas y serviciales de lo habitual.

Cuando una de ellas comenzó a hablar con Rurik, al otro lado de la enorme sala, Gala no pudo soportarlo más y se puso de pie.

—Es hora de acostarme, me encuentro cansada —dijo con brevedad.

Después desapareció entre el gentío.

Briana se mordió el labio inferior. Se había quedado completamente sola con Hakon, todo eso parecía un plan maligno vikingo para volver a avergonzarla con su rechazo.

Aún recordaba la dureza de los músculos de él cuando lo había besado; cómo sus labios la habían acariciado durante tan solo un segundo. El sabor de su boca…

—¿Quieres pasarlo bien? —Una mujer morena había aparecido de pronto frente a ellos y miraba a Hakon, interesada.

Briana abrió mucho los ojos. ¿Acaso era invisible para las prostitutas y por eso ellas siempre la ignoraban deliberadamente?

La joven observó a la meretriz: su cabello claro y brillante caía sobre su espalda con suavidad y unos grandes pechos preludiaban un hermoso rostro casi infantil, con labios rojos y en forma de corazón.

Hakon ni siquiera llegó a mirarla bien, sino que alzó una mano, informando a la mujer de que podía irse de allí.

Briana abrió la boca para decir algo, pero la cerró de inmediato.

Después, volvió a observar a la mujer, que en ese momento ya había encontrado a otro hombre a quien ofrecerle sus atenciones.

—Podrías haber ido con ella. —Trató de sonar desinteresada—.

No te preocupes por mí. Además, estoy segura de que ninguna de estas mujeres es muy…

cara. —Intentaba disimular el desprecio y la indignación en su voz, en realidad sentía celos de que cualquiera de ellas pudiera aparecer y llevarse a Hakon sin siquiera conocerlo, sin saber nada de él.

Sus palabras atrajeron la atención de Hakon, que alzó la vista y la centró en ella. Estaba distante, como distraído. Una parte de su mente aún seguía detenida en esa mañana, cuando ella lo había besado… y él la había rechazado. Y no se arrepentía, eso era lo mejor que podía hacer.

—Tan solo hay una mujer aquí que me gustaría tener —dijo, pronunciando cada palabra lentamente como si quisiera que ella lo comprendiera bien—. Pero me temo que jamás conseguiría pagar el precio que eso me costaría.

Briana sintió que su cuerpo se helaba en esos momentos, se quedó con los labios entreabiertos mientras observaba a ese vikingo.

Quería —más bien necesitaba— creer que se estaba refiriendo a ella.

¿Por qué si no habría dicho eso? Pero, entonces, lo que había sucedido esa mañana no tenía ningún sentido.

Antes de que pudiera seguir pensando en eso, Hakon se levantó de la silla.

—He de hacer la primera guardia —anunció—. Debo irme. ¿Te quedarás con Rurik?

Como si lo hubiera llamado, Rurik apareció en ese momento, completamente solo; al parecer había dejado a la prostituta en el mismo lugar en el que la había encontrado. Briana lo miró con curiosidad, pero su mirada era tan inexpresiva que era imposible que pudiera transmitirle algo.

—¿Nos vamos?

—Sí, será lo mejor.

Viggo seguía intentando bailar con la joven que había conocido, aunque se estaban besando apasionadamente con el animado sonido de la música de fondo.

—Bendita juventud —bromeó Rurik—. Envidio ese apego por nada y por todo a la vez.

Su sonrisa amarga pareció querer decir muchísimo más que tan solo sus palabras, pero consiguió cambiar su expresión antes de que Briana o Hakon pudieran leer algo en ella.

—Será mejor que me vaya al pajar… y, por Freya, que no quiero ni imaginar que, ahora mismo, algún borracho esté utilizando el pedazo de paja que me corresponde esta noche para aparearse con alguna de estas mujeres… ¡o con algún hombre!

Briana lanzó una sonora carcajada. Definitivamente, Rurik era la persona más afable y graciosa que conocía. Estaba segura de que podrían ser atacado por tres miembros de la guardia real inglesa y que él conseguiría hacer alguna broma absurda sobre sus sombreros.

—Tranquilo, yo vigilaré que eso no ocurra —lo tranquilizó Hakon. En su rostro se adivinó una pequeña sonrisa.

—Nos vemos mañana, milady. —Rurik hizo una aparatosa reverencia ante Briana, que lo miró con complicidad.

De nuevo a solas con Hakon, ella dio un par de pasos hacia la habitación que compartía con Gala, como ya era costumbre.

—Espero que sea una noche tranquila y que logres descansar —le deseó.

Hakon asintió con la cabeza, despidiéndola, y después se dio la vuelta. Era probable que sí fuera una noche tranquila, o eso quería creer, pero de lo que estaba más que seguro era de que para él también sería una noche extraordinariamente larga.