Capítulo V #2
La vikinga se dejó caer sobre la cama y colocó una pequeña daga bajo la almohada de esta. Briana siguió su movimiento con la mirada.
—¿Siempre has luchado junto a los hombres?
Gala asintió con la cabeza. Se mordió el labio con nerviosismo mientras recordaba cómo había aprendido a usar una espada a los diez años.
—En mi familia, todos mis hermanos son guerreros, lo hemos sido siempre.
—¿También Hakon?
—Él proviene de un linaje importante en Noruega. Su abuelo era una auténtica leyenda...
—Hakon el Negro —recitó Briana; conocía esas historias muy bien.
—El mismo. —Gala sonrió—. ¿Te lo ha contado?
—Algo así...
—Al principio, no fue fácil para él, no todos en su familia fueron nobles y valientes... Pero ahora mismo él también está forjando una reputación tan fuerte como la de su abuelo, aunque los últimos meses hayan sido difíciles.
Según recordaba Briana, al abuelo de Hakon nunca lo habían perseguido sus mismos compatriotas por Inglaterra.
Tan solo se conocían de él sangrientas batallas y apasionados romances que habían hecho enrojecer a su nana de cría cuando se las contaba a Nya y a ella durante las frías noches de su infancia.
Parecía que todo eso hubiera transcurrido siglos atrás.
—Todo lo que está sucediendo aquí... ¿formará parte de la leyenda de Hakon?
Esperaba que esa pregunta no fuera demasiado directa y que Gala no se enfadara. Al contrario, la mujer se rio suavemente.
—Por supuesto. Nuestros nietos hablarán sobre cómo Hakon, en mitad de su apresurada huida, encontró a una joven escocesa en un convento y la liberó de su cruel destino, mostrándole las puertas de la perversidad y el deseo.
Briana abrió mucho los ojos sin dar crédito a lo que acababa de escuchar, y Gala volvió a reírse de nuevo.
—¡Eso no es...!
—No es cierto… aún, querida Briana. Pero es obvio que sucederá pronto por cómo os miráis; aunque aún no te hayas dado cuenta, comienzas a considerarlo de tu propiedad, en cierto modo.
—Su mirada era franca, al igual que sus palabras—.
Y Hakon se negará un poco más, porque teme que sus sentimientos por una mujer vuelvan a arrastrarlo a una situación en la que no se sienta seguro...
pero también terminará reclamándote como suya. Así funcionan las cosas.
Briana se quedó muda, tenía tantas cosas que preguntarle a Gala después de ese pequeño discurso... pero no sabía por dónde empezar, y eso le dio tiempo a Gala a volver a hablar.
—De aventuras como esta nacen esas historias que luego se cuentan a los niños, Briana. Y cuando volvamos a Noruega, seremos leyenda.
⊹
Pese a las quejas y objeciones de sus amigos, Viggo consiguió levantarse al día siguiente y caminar por la habitación.
El médico de confianza enviado por el padre de Allia le había advertido de que no debería hacer esfuerzos innecesarios, pero también había quedado enormemente sorprendido al comprobar que ese muchacho era fuerte como un roble y quería levantarse de la cama cuanto antes.
Al formar parte del grupo, también Briana se ofreció a hacer alguno de los turnos para vigilar que Viggo se encontrara bien y finalmente habían trabado cierta forma de complicidad.
Viggo era mucho más tímido y callado que Hakon y, por supuesto, que Rurik.
Además de que no dominaba con tanta facilidad el inglés y tardaba algunos segundos en pensar cada oración compleja que quería formular antes de que esta pudiera abandonar sus labios.
Tras tantas horas juntos, tan solo esperando a que Viggo se recuperara, todos tuvieron ocasión de hablar entre ellos y Briana descubrió que ese grupito tan extraño le agradaba de verdad.
Incluso Trud comenzó a hablar de asuntos más personales delante de Briana, escuchando con atención sus opiniones.
Aun así, Briana seguía sin entender por qué habían escapado de Noruega y en ese momento huían de ese tal jarl , que debía de ser un importante y poderoso noble nórdico.
Esa tarde, en la taberna y bajo la escrutadora mirada de Allia haciéndole un análisis completo a Hakon, Rurik volvía a explicarles el plan de viaje con todo detalle y señalaba en el mapa todos los lugares por los que pasarían, procurando que todos conocieran sus destinos a la perfección para asegurar que pudieran reunirse de nuevo en caso de que las circunstancias les obligaran a separarse.
Gala no dejaba de reírse y dar golpes a Briana por debajo de la mesa cada vez que Allia se aproximaba con la enorme jarra de cerveza y rellenaba sus vasos, deshaciéndose en sonrisas y miradas sensuales hacia Hakon.
Briana solo podía poner los ojos en blanco, ajena a los pensamientos de Hakon, que tan solo le prestaba atención a ella.
De nuevo, Briana llevaba puesta una blusa ancha de Gala junto a unos pantalones de piel de borrego.
Además, Gala le había trenzado el cabello casi blanco a la joven escocesa, retirándoselo de la cara y recogiéndolo graciosamente a un lado de la cabeza.
Parecía una especie de diosa nórdica y ni siquiera era consciente de ello.
«Pondría la mano en el fuego para asegurar que por tus venas corre sangre vikinga», había dicho Rurik al verla así.
Y por mucho que Briana aseguraba que eso no era cierto, Rurik había zanjado la discusión alegando que en algún momento se demostraría que él tenía razón, que encontrarían a alguno de sus antepasados o que sus familiares le confesarían que la habían robado de un poblado vikingo cuando era un bebé.
—Saldremos cuando haya anochecido —explicó Rurik, mirando el mapa concienzudamente—. Debemos ser los únicos en el camino hacia Carlisle.
—Pero... ¿y si nos encontramos con unos maleantes?
Los tres vikingos se rieron ante la inocencia de Briana, que los miró sin entender.
—¿De verdad crees que alguien se atrevería a atacarnos? La gente sale corriendo en cuanto nos escucha hablar...
No hacía falta que lo juraran, podía observar cómo muchas personas se alejaban de ellos al verlos por la calle.
¡A pesar de que York cada vez estaba más repleto de vikingos!
Aun así, a Briana no se le escapaba que ellos eran mucho más educados y civilizados de lo que parecían el resto de los vikingos que se encontraban en la ciudad.
Incluso Rurik, con su lenguaje soez y sus constantes intenciones de organizar peleas, denotaba con algunos de sus gestos y sus palabras inteligentes que había recibido una buena educación.
—A mí no me dais ningún miedo —bromeó Briana.
—No lo parecía la noche que nos conocimos...
Briana le dedicó una mueca a Hakon, que sonrió con suficiencia.
Un segundo después, esa hermosa sonrisa se quedó congelada al captar la mirada de un extraño dirigiéndose hacia ellos, al otro lado de la taberna.
Recuperando su gesto serio habitual, Hakon se acercó a Gala y le susurró algo al oído.
Briana los observó, curiosa, y el vikingo se aproximó a ella tras unos segundos.
Un escalofrío pasó por su sien y su cuello, la zona que la piel de Hakon había rozado.
—Aparenta normalidad, pero tenemos que marcharnos porque al parecer tenemos un problema —le dijo él, fríamente, con un gesto muy disimulado señaló con su cabeza al mostrador de la taberna.
Briana se quedó congelada y, atónita, contempló a Rurik y Gala comunicándose con una sola mirada. Él dobló con presteza el mapa sobre la mesa de madera, y ambos se dirigieron a la puerta, caminando con tranquilidad.
Para el resto de la gente no parecía estar sucediendo nada distinto, pero para Briana todo se había congelado en ese momento. Sentía su corazón desbocado, sin poder mirar hacia la dirección que Hakon le había indicado.
—Tranquila. —Un nuevo susurro proveniente de los labios de Hakon la despertó de ese extraño letargo—. Respira, Briana.
Con dificultad, consiguió llenar sus pulmones de aire y sintió la palma de la mano del vikingo acariciando con suavidad su mejilla.
El roce de su piel la quemaba, a la vez que un frío simultáneo se arrastraba por su cuerpo.
Ella levantó la vista, centrándose en el gris de los ojos de Hakon.
Miles de cosas pasaban por su mente en ese momento.
—Ahora vamos a levantarnos muy despacio. —Las palabras surgieron de los carnosos labios de Hakon, y Briana clavó su mirada en ellos rápidamente. Ese era el momento más íntimo que nunca había compartido con un hombre—. Vamos a salir de aquí y, cuando te diga que corras, tú correrás.
Ella asintió con la cabeza, y sus piernas temblaron cuando ambos se levantaron de la mesa.
Hakon la sujetó con fuerza de la cintura y caminó junto a ella hacia la salida.
Algo captó la atención de Briana y giró su rostro lo suficiente como para advertir a dos hombres que los seguían a la puerta.
Notó que su estómago pegaba un salto mientras se aferraba a Hakon con demasiada fuerza.
Él no pareció percatarse, sino que salió de ese establecimiento sin despegarse de ella ni un milímetro.
Fuera ya había anochecido y lo primero que Briana sintió fue el frío viento golpeándole el rostro. Había humedad en el ambiente. Apenas habían dado dos pasos en la calle cuando Hakon soltó el fuerte abrazo al que la tenía sometida y agarró su mano.
—¡Corre! —exclamó.
Ese simple reclamo hizo reaccionar a Briana, que respondió al fuerte tirón de su brazo y corrió junto a Hakon hacia la posada, con rapidez.
A apenas unos metros de donde se alojaban había un pequeño callejón aún más oscuro, y de él surgía el inconfundible sonido de espadas entrechocando entre ellas.
Rurik y Gala habían entrado ya en combate.
Hakon se detuvo en seco y miró hacia atrás, los dos hombres que los habían seguido ya estaban allí.
—Vete, Briana —dijo con firmeza mientras desenvainaba su espada—. Rápido.
—No... —susurró ella, pero Hakon ya se había lanzado hacia la pelea y no la escuchaba.
—¡Prendedlo! —gritó uno de los vikingos enemigos, el que parecía uno de los cabecillas—. Por todos los infiernos, ¡prendedlos a todos!