Pasión Vikinga Capítulo IV #2
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Capítulo IV #2

—Dormir vestido es mucho más práctico, es posible que tengamos que escapar durante la noche si corremos peligro.

Briana recordó que también Hakon había dormido vestido la noche anterior, al igual que ella, pero supuso que la razón era no incomodarla. Llegó a la conclusión de que esa idea era un tanto estúpida.

—¿Suele suceder?

—Suele. —Gala pronunció´esas palabras con un deje de amargura—. Pero siempre hay uno de nosotros haciendo guardia fuera y no es fácil tomarnos desprevenidos.

En silencio, Briana asintió con la cabeza y se recostó sobre el duro colchón.

Pensó en lo complicado que iba a ser todo hasta el momento en el que, por fin, volviera a encontrarse con Gared y Nya.

Quizás pudiera ponerse en contacto con su amiga desde York, pero tenía miedo de volver a acercarse a la persona incorrecta.

Gala se tumbó junto a ella también y guardó bajo la almohada una daga de acero fino, tal y como había hecho Hakon la noche anterior con su espada, casi como por costumbre.

—Creo que debes de ser importante para él; Hakon no habría dejado todos sus planes apartados si no considerara que merece la pena hacerlo.

Esas palabras provocaron que Briana se sintiera nerviosa y mirara a la joven que reposaba a su lado con el cabello trenzado a un lado de su cabeza.

—Quizás solo me esté sobreprotegiendo.

La risa suave de Gala se oyó en toda la habitación.

—Me parece que necesitas esa protección, Briana.

¡Te pareces a Hakon en eso de atraer los problemas!

—Su rostro se relajó—. Pero, de veras, no ha dudado un momento en ofrecerte su ayuda y estoy segura de que ahora estará dando vueltas alrededor de la cama de Viggo, mientras realiza la guardia, pensando mil veces en todo lo sucedido.

—¿Dónde… suele dormir Hakon?

—Aquí. —Gala respondió con total naturalidad.

—¿Contigo? —Briana abrió los ojos al observar a la mujer; una idea comenzaba a formarse en su mente.

—Claro. Necesitamos estar en parejas para cubrirnos las espaldas y defendernos los unos a los otros.

Briana se quedó en silencio unos segundos, sin saber qué decir. ¿Por qué no dormía con Rurik? ¿Quería eso decir que Gala y Hakon…? La mujer pareció leerlo en los ojos azules de Briana en ese mismo momento, puesto que enarcó una ceja y acto seguido compuso una carcajada.

—No, ¡Thor es testigo de que no!

—No he dicho nada…

—¡Pero lo has pensado! —Gala se giró en el camastro, quedando cara a cara con Briana—. Nosotros… somos hermanos. Todos lo somos.

Esta vez fue Briana quien la miró, confusa. A pesar de que todos eran vikingos, de piel y ojos claros, ninguno de los cuatro se parecía entre ellos… aunque aún le faltaba conocer a Viggo.

—¿Hermanos?

—No de sangre, sino de corazón —explicó Gala—. Para nosotros está prohibido que exista algo más, no sería posible. —En su tono se adivinaba un amargo pesar, bien disimulado.

—Creo que no termino de comprender…

—Es una larga historia. Los lazos vikingos son más fuertes que los de cualquier persona, son lazos impuestos por los dioses. No pueden romperse; por un hermano podemos morir y matar cuanto sea necesario. Solo la muerte nos puede liberar de ese juramento. ¿Tú tienes hermanos, Briana?

La joven asintió con la cabeza. A esas alturas consideraba que tenía un solo hermano, pero no podía ignorar permanentemente la existencia de Bayne.

—Estoy segura de que, entonces, entiendes lo que quiero decir.

Briana sabía que haría cualquier cosa por proteger a Gared, aunque nunca se había puesto en la situación de tener que matar o morir para proteger a su hermano. Esa era una de esas cosas que prefería no pensar, pues sentía que el momento podía llegar pronto.

—Creo que sois muy interesantes.

—¿Los vikingos?

Briana negó con la cabeza, sintiendo cómo sus ojos comenzaban a cerrarse solos, cediendo al cansancio de todo el día.

—No, vuestro grupo.

Gala suspiró, también quedándose dormida poco a poco.

—Ni te imaginas todo lo que vas a vivir con nosotros.

⊹

Cuando la luz entró a raudales por la ventana, Briana parpadeó un par de veces, aún medio dormida y después se dio la vuelta en la cama.

Solo entonces recordó todo lo que había ocurrido: se encontraba en una posada cochambrosa de York junto a un grupo de vikingos que se habían ofrecido a llevarla de nuevo junto a su familia.

El pensamiento hizo que se mareara durante un momento, pero volvió a recuperar plenamente la consciencia cuando la puerta se abrió con un desagradable chirrido y la sobresaltó.

Al instante, frente a ella apareció Gala. Llevaba un atuendo similar al del día anterior y la túnica de piel le daba una apariencia casi masculina, solo casi, pues se ceñía a cada una de las curvas de su cuerpo. La vikinga sonrió, tranquilizadora, al descubrir que había asustado a Briana.

—Buenos días —saludó—. Disculpa, debería haber llamado a la puerta primero.

—Buenos días, Gala. —Briana se estiró con lentitud antes de levantarse de la cama—. ¿Es muy tarde? Me temo que me he dormido, Dios mío…

—No te preocupes. —La voz de la mujer era suave y calmada—. Estabas agotada, es normal que tu cuerpo necesite descansar.

—¿Qué habrán pensado de mí los demás? —La pregunta era más para ella misma que para Gala.

—Nada malo, te lo aseguro. —Gala enarcó una ceja rubia mientras sonreía con cierta picardía—. Hakon lleva horas pasando por delante de tu puerta sin atreverse a entrar para comprobar si aún dormías.

Briana miró al suelo, algo avergonzada por ese comentario. Enseguida descubrió a su derecha, junto a la pared, un pequeño barreño de agua con un paño desgastado, pero de aspecto bastante acicalado.

—Cuando termines de prepararte, ven abajo para comer algo. Te esperaremos allí.

Gala salió de nuevo de la habitación y volvió a dejarla sola. Fue entonces cuando Briana escuchó un intenso ruido de succión; acto seguido fue consciente de que se trataba de su propio estómago. ¡Llevaba muchísimas horas sin comer!

Se aseó y vistió a toda prisa, y después salió de la habitación con cautela.

No sabía a quién podría encontrarse en un lugar como ese y el día anterior ya había servido como advertencia para Briana.

Caminaba por el pasillo, dirigiéndose a las escaleras, cuando un gemido llamó su atención.

Se detuvo en el sitio y, vencida por la curiosidad, se dio la vuelta para, de nuevo, llegar a la puerta por la que había salido ese sonido.

Esta estaba cerrada y Briana pensó que no debería meterse donde no la llamaban, pero recordaba a la perfección que uno de los vikingos estaba herido y yacía en esa misma planta de la posada.

Tomó aire y giró la manilla de plomo de la puerta, entornándola.

Asomó la cabeza al otro lado, centrándose en el final de la habitación y esa pequeña cama que albergaba un cuerpo dormido sobre ella.

El chico respiraba con lentitud y de entre sus labios surgían ligeros quejidos de dolor.

Así que él debía de ser Viggo. Frente a Briana, el joven era tan rubio como ella y parecía enorme.

Tan alto y fuerte como se esperaba de un guerrero vikingo, aunque no se podía negar de ningún modo su juventud.

Apenas debía de ser un poco mayor que ella misma.

Briana prefería no molestar al muchacho y mucho menos despertarlo, así que se dio la vuelta para regresar al pasillo de la posada y chocó de golpe con un pecho poderoso y fuerte. Hakon tuvo que sujetarla para que la joven no cayera al suelo.

—Perdón, no quería despertarlo. Tan solo…

El vikingo movió una mano, restándole importancia. Tenerla entre sus brazos le había provocado una inesperada sensación cálida en el pecho, por lo que le costó bastante más de lo que le habría gustado separarse de ella y salir de la habitación de Viggo, cerrando la puerta tras él.

—¿Está bien? —Briana rompió el silencio en la oscuridad de ese pasillo. Sentía su pulso acelerado con la sola presencia del vikingo frente a ella.

Ambos bajaron las escaleras de madera barata, Hakon parecía pensativo y tardó unos segundos más en mirarla con sus ojos de plata fundida.

—Lo estará —respondió—. Viggo es fuerte, todavía no ha llegado su momento de partir.

Cuando salieron al salón de la posada, Briana se sorprendió al ver que se dirigían al exterior. Él leyó la confusión en su rostro.

—Iremos a una taberna de confianza; no podemos hablar en cualquier parte.

Briana asintió y lo siguió hasta la salida.

Durante los minutos de trayecto, Hakon permaneció cerca de ella, como si estuviera protegiéndola de la gente que se agrupaba a su alrededor.

Briana se sentía extraña con las ropas tan poco femeninas de Gala y Hakon trataba de no dirigir la mirada hacia las marcadas curvas de sus pechos y sus caderas, que ahora quedaban mucho más claras.

Su cabello rubio y liso caía por su espalda en cascada, brillando con la tenue luz del sol.

Los movimientos de la joven eran firmes, aunque él podía percibir que las piernas le temblaban ligeramente.

Sintió ganas de abrazarla y tranquilizarla; pero pensó que quizás tenía miedo de él, de estar allí, de toda esa situación…

Desechó la idea de volver a sentir sus cuerpos juntos, no era bueno para ninguno de los dos que ella provocara esa clase de deseo en él.

—Es aquí —anunció Hakon.

Entraron a la taberna del oso. Olía a cerveza fuerte, a la vez que el suelo parecía impregnado de algo pegajoso.

Los hombres gritaban y bebían alegremente, golpeándose entre ellos mientras hacían bromas soeces.

Briana sintió un millón de ojos clavándose en ella en cuanto puso un pie en ese lugar.

A su lado, un muchacho de aproximadamente su edad y con la cara recubierta de mugre se relamió los labios, mirándola de arriba abajo.

Un intenso escalofrío recorrió la columna de Briana y, sin darse cuenta, se aferró al brazo de Hakon. Con él se sentía protegida.