Capítulo III #3
Él la ignoró por completo. Comenzaba a enfadarse. ¿En qué mundo creía vivir Briana para ser tan inocente? ¡Lo extraño era que no la hubieran intentado raptar antes!
—¿Dónde está tu ropa?
Briana enrojeció aún más. Eso estaba siendo humillante.
—Me la han robado.
Hakon asintió con la cabeza mientras caminaba por la habitación que compartía con Gala. Sentía su sangre hirviendo por debajo de la piel, pese a saber que de nada servía imaginar lo que podría haber pasado. Sus amigos contemplaban la escena, tratando de enterarse de lo que ocurría.
—Parece tu día de suerte, muchacha —se mofó Rurik.
En cierto modo lo era. Había conocido a Hakon, había logrado huir del convento y ser libre, había vuelto a encontrarse con él y sus amigos cuando estaba en peligro…
—No me puedo creer que me lo ocultaras —gruñó Hakon con rudeza.
Briana rodó los ojos, molesta. ¿Dónde estaba el Hakon bromista y agradable que había conocido esa mañana?
—No tenía ninguna obligación de decirte nada, al igual que tú tampoco me hablaste de ti ni me diste ningún detalle sobre tu vida. Soy una mujer capaz de ocuparme de mis propios asuntos.
Rurik volvió a reírse y Briana le dedicó su mirada más amenazadora.
Gala la contemplaba con expresión sorprendida.
Nadie le hablaba a Hakon de ese modo mientras estaba molesto, bajo ningún concepto.
Pero ella lo estaba haciendo sin parecer apocada por la furia que crecía en él.
Quizás porque no lo conocía como ellos lo hacían.
—Maldición… —Hakon se acercó a ella, quedando a pocos centímetros de su rostro. Para él, hacía rato que no había nadie más aparte de ellos dos en la habitación—. Eres una temeraria, si hubiera sabido lo que pretendías yo…
—No habría cambiado nada. —Briana frunció el ceño—.
No soy tonta, sé que algo malo te está acechando y, aunque no me lo hayas dicho, soy consciente de que estás en peligro; que todos lo estáis.
Cuatro vikingos bien vestidos, jóvenes, fuertes perseguidos y escondidos en una miserable posada en Inglaterra…
Todos tenemos problemas propios y debemos enfrentarlos, no quería involucrarte en los míos.
Hakon enmudeció y Trud quiso intervenir, pero la mirada de Gala la detuvo. La mujer ni siquiera entendía qué estaba haciendo esa joven ahí.
El vikingo no supo qué responder. Le habría gustado prometerle su ayuda, ofrecerse a llevarla hasta Edimburgo, pero era consciente de que eso no podía hacerlo.
Ellos debían marchar al continente en cuanto Viggo se recuperara, y una vez desahogados de las persecuciones, podrían pensar en su próximo destino. Quizás sería África o Asia.
Briana notaba la tensión imperante en el ambiente y no se sentía a gusto, especialmente porque no dejaba de pensar en que estaba perdiendo el valioso tiempo que debería invertir en salvar a Gared del encierro de Bayne.
—Muchas gracias por salvarme, de nuevo. Os debo un favor y espero que algún día vengáis a las Highlands para que pueda pagároslo.
La joven había recuperado su aire solemne y volvía a tratarlo de ese modo, manteniendo las distancias con él. Briana tomó aire e hizo una pequeña reverencia antes de darse la vuelta para abandonar la habitación, pero para Hakon eso no había terminado con ella, ni mucho menos.
—¿Y te vas así?
Ella se giró con expresión confusa.
—¿Así cómo?
Hakon apretó los puños.
—¿Eres consciente de que no pasará mucho tiempo antes de que otro hombre trate de forzarte? O de que vuelvan a robarte… hasta que no quede nada más que puedan tomar —gruñó, molesto—. Por Odín, niña. ¡Eres una inconsciente!
—¿Vos tenéis una idea mejor, Lord Vikingo ?
Una carcajada enorme salió de los labios de Rurik, y todos en la sala se giraron para mirarlo. Él se percató y trató de disimular, colocando su mano en su boca, pero, aun así, el sonido no pudo ser reprimido. Finalmente, fue Rurik quien respondió.
—Deberías quedarte con nosotros —propuso—. Será divertido.
Briana no daba crédito a lo que escuchaba, y de inmediato hubo dos respuestas simultáneas.
—¡No! —las voces de Trud y Hakon se escucharon a la vez.
—¿Por qué no? —repuso Rurik.
Hakon le lanzó una mirada de advertencia a su amigo, pero, aun así, él no quiso captarla y volvió a preguntar lo mismo.
A él le parecía una buena idea; si esa joven se había cruzado dos veces en la vida de uno de ellos, debía de existir una razón para eso.
Seguro que había algo más detrás de esas dos aparentes casualidades, quizás estaba escrito en las estrellas que sus caminos se cruzaran infinitas veces hasta que decidieran permanecer juntos.
—No somos un orfanato —argumentó Trud—. ¿Se te olvida que el jarl va detrás de nuestras cabezas y no descansará hasta tenerlas todas colgadas en la pared de su comedor?
—Trud —advirtió Hakon entre dientes, pues estaba dando demasiada información.
—No podemos dejarla sola —ofreció Gala, al lado de Rurik.
Briana carraspeó, atrayendo la atención de los vikingos, que parecían estar ignorando su presencia en la habitación a pesar de hablar de ella. Al menos tenían la decencia de seguir hablando en inglés para que ella pudiera seguir su conversación.
—Agradezco vuestra oferta, pero mi intención sigue siendo viajar a Edimburgo, me temo que no puedo quedarme aquí. —Entrecerró los ojos, tristemente—. Es cuestión de vida o muerte.
Aunque no lo habría admitido en voz alta, Hakon se moría de ganas por conocer la historia de Briana.
¿Cómo había llegado a estar en un convento?
¿Cuál era esa misteriosa razón que la había convencido para dejar ese lugar y marcharse con un completo desconocido, asumiendo el riesgo que eso conllevaba?
¿A qué venía esa urgencia por llegar a Edimburgo?
Habría corrido cualquier riesgo por poder ser él mismo quien la acompañara, pero las cosas eran mucho más complicadas para Hakon.
De él dependían las vidas de sus amigos y no las arriesgaría aún más de lo que ya lo estaba haciendo.
—Vayamos a Edimburgo, pues. —Una enorme sonrisa se extendió por el atractivo y masculino rostro de Rurik—. De todas formas, van a perseguirnos allá donde estemos…
Esas palabras congelaron el corazón de Briana unos segundos mientras observaba a ese simpático vikingo que parecía completamente decidido a ayudarla. A su derecha, se oyó un gruñido procedente de la garganta de la vikinga grande.
—¿Te has vuelto loco, hermano? ¿Cómo vamos a ir a Escocia? Dijimos que trataríamos de dirigirnos al sur y avanzaríamos tanto como nos fuera posible para así despistar al ejército del jarl.
—La verdad es que no nos ha servido de mucho —opinó Gala—. Yo creo que podría funcionar, ninguno de ellos se espera que viajemos al norte. Tardarán en reaccionar.
Hakon se encontraba pensativo. Una parte de sí mismo estaba como loco por aceptar, deseando con todo su corazón poder asegurarse de que Briana estaba a salvo…
pero, por otra parte, eso sería ponerlos en peligro a todos y, por supuesto, a ella.
Miró a Briana, sabiendo que la muchacha no llegaría sola a ninguna parte.
Ese pensamiento lo hacía sentir desolado; no soportaba la idea de que algún desalmado pudiera matar la inocencia que Briana irradiaba por cada poro de su cuerpo.
—No, Rurik. No pienso arriesgar vuestras vidas… yo… —dudó unos segundos—. Iré solo yo con ella. Ya os he causado suficiente daño.
Gala se adelantó, mirándolo con el ceño fruncido.
—¡No digas más tonterías, Hakon! Nosotros estamos aquí porque lo hemos decidido, porque nos necesitamos los unos a los otros hasta para respirar. —La muchacha le dedicó una hermosa mirada a Hakon—. Si tú quieres ir a Escocia, también yo iré contigo.
Rurik aulló como un lobo, satisfecho y pensando que por fin podrían divertirse un poco.
—¡Así se habla! Si morimos, moriremos juntos. Solo junto a mis hermanos me abriré paso en el Valhalla [5] .
Hakon no sabía qué sentir ante las palabras de sus amigos.
Simplemente, tenía claro que en ese momento habría muerto y matado mil veces por cualquiera de ellos.
Le dirigió una mirada a Briana, más tranquilo.
Ella lo observaba en silencio, como si aún no pudiera creer lo que estaba oyendo y si de verdad ellos iban a llevarla hasta Escocia.
Trud fruncía los labios con gesto de fastidio, pero al final habló.
—Sois peores que ese pis de gato que Yalene vende jurando que es hidromiel —escupió—. La única cosa que os pido es que esperemos un par de días hasta que Viggo se haya recuperado.
Los tres vikingos asintieron, agradeciendo que también Trud hubiera aceptado la idea de ir a Escocia, ella siempre era la más difícil de convencer. Hakon miró a Briana con gesto suave; por fin estaba relajado de nuevo.
—¿Te importará esperar unos días?
Ella negó con la cabeza, aliviada. En absoluto le importaba esperar, le parecía increíble que esos vikingos fueran tan amables con ella. Intentó ignorar el hecho de que lo hacían porque Hakon no confiaba en que ella llegara viva ni siquiera a la vuelta de la esquina sin compañía.
—Claro que no, si eso me garantiza seguir viva.
Hakon volvió a tensarse. La realidad era que no podía garantizarle que fuera a llegar viva, pero sí podía jurar ante los dioses que la protegería hasta que llegara el momento de su muerte.
Y estaba convencido de que ese día no estaba muy lejos, para su desgracia.
Tan solo debía pararse a observar la trayectoria de su vida en los últimos meses y recordar el giro oscuro que todo había tomado a causa de sus pobre decisiones.
En esa ocasión, esperaba que avanzar hacia el norte solo trajera bendiciones pues no estaba seguro de poder aguantar muchas más desgracias.