Capítulo II #4
Ella asintió y se percató de que él se había detenido, se encontraban en una tranquila plaza en la que no había demasiada gente.
Briana supo que había llegado el momento.
Nunca antes había salido de las Highlands y durante su vida había conocido a muy pocos extranjeros, entre ellos, el padre de su amiga Nya, que había llegado a Escocia desde el norte de África muchos años atrás.
La perspectiva de quedarse sola la aterraba, pero tampoco había nada más que pudiera hacer: su trato con Hakon había sido llevarla hasta York, y ahí estaban.
York era lo suficientemente grande como para encontrar allí su próximo transporte y Briana había tenido muchas horas para pensar en cuál sería su siguiente movimiento: debía viajar hasta Edimburgo y refugiarse en la casa de su tía.
Solo había visto a esa mujer un par de veces, pero Briana estaba convencida de que ella cuidaría de ella y la ayudaría a liberar a Gared de alguna manera, si es que él no estaba libre ya.
Una vez llegara a la casa de su tía, contactaría con Nya.
—¿Dónde irás ahora? —preguntó Hakon, observando a la muchacha temblorosa que tenía frente a él.
Briana estaba inquieta, pero puso todo de su parte para tranquilizarse. Sabía que era capaz de cuidar de sí misma; ir sola o acompañada no marcaba ninguna diferencia.
—Me reuniré con mi tía.
—¿Vive cerca de aquí?
—No está demasiado lejos —respondió ella, sin querer ofrecerle detalles.
Hakon no preguntó más, puesto que ella le había dejado bien claro al principio que no le contaría nada, y, sinceramente, tampoco quería darle pie a ella para que comenzara a inmiscuirse en quiénes eran las personas que lo perseguían y por qué.
—Supongo que aquí se dividen nuestros caminos. —Era curioso, pero no sabía cómo despedirse de ese hombre. De hecho, habría preferido no tener que hacerlo, pero ambos tenían un rumbo que seguir.
—¿Tienes dinero? —preguntó él de pronto.
Ella negó con la cabeza. ¿De dónde iba a sacar dinero en un convento religioso?
Su hermano la había sacado a patadas del castillo, sus vestidos era lo único que poseía y venderlos también podría ser una opción para pagar el viaje hasta Edimburgo.
No eran extremadamente lujosos, pero eran de la mejor lana de oveja de las Highlands.
—No —contestó—. Quizás es lo mejor en caso de que alguien intente robarme.
Él sonrió al escuchar la inocencia en sus palabras. No le gustaba en absoluto la idea de dejarla sola en una ciudad extraña siendo prácticamente una niña. Pero ¿qué podía hacer? Era obvio que no la iba a llevar con él, eso sería una locura.
—Créeme, si alguien intenta robarte, no será tu dinero lo primero que busquen. —Su voz fue grave y no dejó de mirarla con tanta seriedad como fue capaz de reunir—. Deberías tener algo con lo que salvar tu pellejo hasta que encuentres a tu tía.
Briana abrió mucho los ojos mientras Hakon sacaba un saquito lleno de monedas de uno de sus bolsillos ocultos entre pieles.
—¿Un vikingo me está dando dinero en llugar de quitármelo?
Esto le arrancó una nueva sonrisa a Hakon, aunque no tan brillante como las que le había dedicado horas antes.
—Veo que eres una muchacha muy prejuiciosa… es obvio que te estoy dando lo que he robado antes de conocerte.
No quiso demostrar que era una broma, pero lo cierto era que ese dinero era completamente suyo. Él procedía de una de las familias más ricas de Noruega, aunque no siempre hubiera vivido de un modo acomodado.
Ella lo observó con gesto algo apagado.
—No sé si debería aceptarlo, yo…
Briana sabía que no era un ladrón, lo veía en sus ojos y en su forma de actuar. Estaba claro que no era un hombre cualquiera. Aun así, no estaba conforme con aceptar esas monedas de manos de alguien que quizás pudiera necesitarla también.
—Insisto. Esto puede marcar una gran diferencia en caso de que estés en peligro. —La miró a los ojos fijamente—. Cógelo, Briana.
Ella observó su mirada plateada, casi hipnotizada por la forma de esos ojos rasgados y el modo en el que sus pestañas negras los envolvían, creando el contraste perfecto.
Briana abrió la boca para decir algo, pero al final la cerró y aceptó el dinero que él le ofrecía, guardándolo en su incómodo y feo vestido.
Después, se puso de puntillas y logró sujetar su equipaje con las dos manos, tomándolo de los lomos del caballo y cargándolo con torpeza.
—Gracias por ayudarme, Hakon.
El rio; el modo que Briana tenía de pronunciar su nombre era curioso. Lo decía con extremada suavidad y su voz era melodiosa y algo grave para tratarse de una muchacha tan joven. Era muy seductora, aunque ella no lo pretendiera. Aunque, seguramente, ella ni siquiera fuera consciente.
—¿Qué sucede? —preguntó ella.
—Me gusta cómo pronuncias mi nombre.
—¿No lo hago bien?
El vikingo volvió a reír.
—No. —Después hizo una pausa, volviendo a observarla—. Ha sido… interesante conocerte. —Se separó de ella unos centímetros, conteniendo sus ganas de acariciar esa melena casi blanca.
—Hasta la vista, Lord Vikingo .