Pasión Desatada. Cuando el deseo no conoce límites Capítulo 5 Descontrol
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Capítulo 5 Descontrol

A partir de ahí todo cambió. Mónica se convirtió en su modelo oficial y, al mismo tiempo, en su escort personal. Frank ya no solo dibujaba. Pagaba por las sesiones extendidas y ella le daba exactamente lo que él necesitaba, sin prisas y sin límites.

En el piso de él —compartido con dos compañeras de piso que entraban y salían a distintas horas— follaban sin parar.

En el sofá de la sala mientras una de las chicas pasaba hacia la cocina, miraba de reojo y seguía su camino.

En la mesa del comedor, con él entrando en ella desde atrás mientras ella se apoyaba sobre los codos.

Contra la pared del pasillo, levantándole una pierna.

En su habitación con la puerta abierta de par en par.

Mónica se arrodillaba donde fuera y le chupaba el pene hasta que se corría en su boca o le salpicaba la cara y los pechos.

Luego se montaba a horcajadas sobre él, lo introducía dentro de su coño caliente, apretado y empapado, y se movía con fuerza, los pechos rebotando, los ojos azules fijos en los de él, gimiendo en ruso y en español.

Frank, que había sido virgen y tímido, ahora la penetraba por detrás sobre el sofá, agarrándola de las caderas, mientras una de las compañeras miraba de reojo desde el pasillo y seguía caminando sin decir nada. Ellos no se detenían. Seguíán.

Follaban a todas horas. Él la empujaba contra la nevera de la cocina, le levantaba una pierna y entraba profundo, escuchando el sonido húmedo de sus cuerpos.

Ella se agachaba en medio del salón y le mamaba hasta que se corrían de nuevo, tragando o dejándose llenar la boca.

En el baño, con el agua de la ducha corriendo.

En el pasillo estrecho. En la cama con las sábanas hechas un desastre de sudor y fluidos.

Las dos compañeras de piso caminaban por la casa, veían cuerpos desnudos, escuchaban gemidos, el sonido de piel contra piel, el chapoteo de un coño mojado, y seguían como si nada.

Mónica y Frank no se escondían nunca. Ella era su modelo y su puta personal al mismo tiempo: posaba desnuda para que él dibujara entre follada y follada, a veces incluso mientras él seguía dentro de ella, y luego se dejaba usar en cualquier rincón, de cualquier forma.

Frank ya no era el tímido virgen. Cada día la follaba más duro, más profundo, más veces. La tomaba de rodillas, de pie, a cuatro patas, sobre la mesa. Mónica se corría a gritos, el coño empapado,

contrayéndose alrededor de él, y después se lo chupaba limpio para empezar otra vez, con la boca llena de su propio sabor y del de él. El piso entero olía a sexo constante. Ellos dos seguían, sin pausa, delante de quien fuera, a todas horas, como si el resto del mundo simplemente no existiera.