Capítulo 3 Desnuda ante él
La tercera sesión Mónica abrió la puerta completamente desnuda. Alta, piel clara, pechos firmes de tamaño medio, pezones rosados ya un poco erectos, el vello del pubis recortado en un triángulo perfecto, piernas largas y muslos firmes. Se quedó allí, de pie, sin taparse, esperando a que él entrara.
—Hoy así —dijo, y se colocó en el centro de la habitación, de espaldas a la luz—. Dibújame. Todo.
Frank casi no podía respirar. El lápiz se le escapaba de los dedos al principio.
Empezó por la cara, los ojos azules, la boca carnosa, el cuello.
Luego bajó al pecho, a la suave curva de los senos, a la cintura estrecha, al monte de Venus, a las piernas.
Cada vez que ella cambiaba de pose —de pie con una mano en la cadera, sentada en el borde del sofá con las piernas ligeramente abiertas, de lado con una rodilla flexionada — él veía más.
El pliegue de la vulva cuando abría un poco las piernas.
El brillo de la piel. La sombra entre sus nalgas.
Notaba la erección completa, dolorosa, apretada contra la tela del pantalón. Intentaba disimular moviendo la carpeta, pero era inútil. Ella lo notó. Se acercó un poco más y se quedó mirando el bulto evidente.
—Estás duro —dijo sin vergüenza ninguna, con una media sonrisa—. Es normal. Sigue dibujando. Quiero ver cómo captas esto.
Frank dibujó durante casi una hora, sudando, con la respiración agitada. Al final de la sesión, Mónica se acercó, se agachó un poco frente a él y miró el bulto en su entrepierna con curiosidad abierta.
—Mañana te ayudo con eso —prometió en voz baja—. Has sido muy bueno hoy. Muy obediente.