Pasión, Amor y Hockey (Amor y Hockey 4) Capítulo 25 #3
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Capítulo 25 #3

—Sí, sí. —Dax puso los ojos en blanco—. Pero solo porque quiero saber qué secreto guarda León. Eso será divertido.

Este resopló.

—¡Por favor! Si siempre se quejan de que cuento demasiado de mi vida. Como si tuviera algún otro secreto, yo… —Frunció el ceño—. Ah, Fox, usé tu toalla el sábado. La que estaba colgada en tu taquilla.

—¿La que uso para la cara ? —exclamó el capitán, horrorizado.

—No tengo ni idea de para qué la usas. Yo desde luego…

—¡Bien, ya basta! —exclamó el entrenador, alarmado—. ¿Lucy?

—¡Estoy teniendo un día de mierda porque Moreau tiene más secretos que los Illuminati y hoy tendré que hacer horas extras por su culpa! —declaró en voz alta, fulminando a Lucas con la mirada.

—Eso no era un secreto, Lucy —le informó León—. Lo has dicho al menos tres veces en el coche de camino aquí.

Intrigada, Anna miró de Lucy a Lucas, cuyo rostro estaba inexpresivo. ¿Qué otros secretos guardaba? Lucy ya sabía lo de ella.

—En fin. —Gray apretó los dientes—. Vamos, Moreau. Desembucha.

Lucas suspiró por lo bajo y se reclinó más en su silla… Su mirada seguía fija en ella.

Y ella esperaba que se quedara callado porque se le daba endemoniadamente bien. Porque era muy reservado y protegería todos sus secretos para poder seguir…

—Tengo una hija —murmuró, y su mirada se desplazó hacia Jack y Dax, que estaban sentados junto a ella—. Y amo a su hermana porque no es solo su hermana.

Un silencio repentino fue la respuesta. El corazón de Anna dejó de latir. Dos docenas de bocas se abrieron de par en par, incluidas las de Jack y Dax. Era más por la noticia de Melody que por ella, estaba segura. Se quedó repitiendo esa última frase en su cabeza.

«Amo a su hermana».

Esa era ella. ¡Ella era la hermana!

—Anna —murmuró Lucas con voz sombría, con la mirada puesta de nuevo en ella mientras se levantaba lentamente—.

Estoy enfadado contigo porque fue una canallada que pusieras palabras en mi boca.

Porque «Superaré el hecho de que no me ames», ¡¿qué demonios?

! Nunca me preguntaste si estoy enamorado de ti.

Nunca me diste la oportunidad de decírtelo, y te largaste antes de que pudiera hacerlo.

¿Y sabes eso de que las palabras no significan nada para mí?

Mentira. ¡ Tus palabras sí que valen algo para mí!

Para ser alguien que no quiere que la gente tome decisiones por ella, ¡decidiste bastante rápido por mí diciendo que no te amo!

Ella tragó saliva mientras las primeras lágrimas resbalaban por sus mejillas.

—¡Quería facilitarnos las cosas!

—Pues no lo hiciste —objetó, irritado.

—¡Te di a elegir, Lucas!

—Y tuve que pensarlo.

—¡No me dijiste nada! —se quejó, poniéndose en pie.

—¡No dije nada entonces! Antes de que pudiera, huiste.

—Bueno, estoy de acuerdo, no se puede confiar en que diga nada —masculló Fox.

—¿Quieres que te enseñe para qué cosas puedes confiar en mí? —le espetó Lucas enseguida a su amigo.

Anna tuvo que reírse. Quizá porque su corazón se sentía de repente muy ligero. Quizá porque este hombre, que sonreía y hablaba demasiado poco, indicaba sin embargo con cada músculo tenso de su cuerpo que estaba a punto de cruzar la habitación corriendo.

—Dios bendito, ¿pueden besarse de una vez? —preguntó León, molesto, agitando la mano en dirección a ella—. ¿Para que podamos terminar con esto y que él deje de parecer una… caja de pañuelos aplastada?

—Sí, yo lo agradecería —afirmó el entrenador con naturalidad—. Así podremos seguir adelante de una vez.

Ella sonrió y cruzó la habitación a grandes zancadas.

—Está bien, pues.

La mirada de Lucas se fijó en ella.

—Ni se te ocurra. Hay demasiada gente —respondió con brusquedad, pero las comisuras de su boca estaban elevadas, y sus ojos eran tan malditamente cálidos que, sin lugar a dudas, serían parte de la crisis climática.

—Podemos salir un momento —ofreció, riendo, y lo tomó de la mano. Hacía tiempo que había olvidado que no estaban solos.

—Viejo, Moreau, bésala o lo haré yo —interrumpió León—. Te juro que lo haré si tú…

Lucas nunca había bajado sus labios hacia los de ella con tanta rapidez.

Enredó las manos en su pelo, la obligó a ponerse de puntillas y la besó como si no hubiera pensado en otra cosa durante las últimas treinta y seis horas. La estrechó contra él con tanta fuerza como si temiera que pudiera escurrírsele entre los dedos otra vez.

—No tienes que preocuparte —susurró, sonriendo contra su boca—. Creo que voy a probar con la felicidad a largo plazo para variar.

—Me alegra oír eso —respondió él con calma, acariciando su mejilla húmeda con el pulgar y mirándola a los ojos—. Porque yo solo juego a largo plazo.

El calor se extendió por todo su ser, así que volvió a besarlo.

—No sé si podré acostumbrarme a esto —oyó murmurar a Dax.

—No mires. No mires y alégrate de que ella sea feliz —respondió Jack.

Anna sonrió de oreja a oreja y rodeó el cuello de Lucas con sus brazos.

—Sabes, tiene razón. Ahora mismo estoy radiante. No estar contigo ha sido horrible.

—Eso espero.

Ella se rio.

—¿Puedes decirme que me amas otra vez?

—Te amo.

—Una vez más.

—Anna…

—¡Para que pueda grabarlo! Creo que tendré que escucharlo todas las noches a partir de ahora —dijo con una sonrisa.

Él puso los ojos en blanco, pero seguía sonriendo.

—Puedo encargarme de eso por ti —murmuró, sellando sus labios de nuevo, a pesar de que el entrenador Gray gritaba:

—¡Muy bien, chicos, ya es suficiente!

Solo porque fuera suficiente para la sala no significaba que Anna fuera a tener nunca suficiente de él.