Capítulo 25
Capítulo Veinticinco
Vigesimoquinto encuentro
— ¿Alguna vez te has enamorado, Lucas?
— ¿Por qué lo preguntas?
— Mi hermano me lo preguntó hoy y no supe qué decir. Si me he enamorado alguna vez. Creo que es porque él está enamorado.
— Ah.
— ¿Es triste si la respuesta es no? Ni siquiera sé si soy capaz de eso. De enamorarme.
— No.
— ¿No, no es triste? ¿O no, crees que soy capaz de enamorarme?
Él soltó un fuerte suspiro.
Ella se rio.
—¿Es demasiada conversación para ti?
— No. Sobre todo, es que es una pérdida de tiempo.
— ¿El amor?
— No. Pensar en ello. Si pasa, pasa.
E l helado no podía solucionar todos los problemas.
Anna no había querido admitirlo, pero cuando el lunes por la mañana se sintió fatal no solo mental sino físicamente, treinta y seis horas y tres galones de helado después, tuvo que afrontarlo le gustara o no.
Apagó el móvil, ignoró a sus hermanos y amigos, y se dedicó a regodearse en la autocompasión. No quería oír de boca de nadie que todo saldría bien, que él solo era otro hombre y que ya encontraría a alguien mejor. ¡Porque eso era una reverenda estupidez!
Lucas era la calma en su tormenta. La luz en su oscuridad. La cuchara para su helado.
Nunca en su vida había conocido a una persona con la que se sintiera tan segura. Con él, no había pensado ni por un segundo que no debía decirle lo que pensaba, ni que no tuviera derecho a sus sentimientos. Con él, podía ser ella misma sin cohibirse.
El problema de ser adulto era que no podías quedarte en casa sin más cuando tenías el corazón roto.
Lo único bueno era que ni Dax ni Lucas estaban en el estadio en ese momento.
Estaban en ese encargo de relaciones públicas en la guardería, así que no se cruzaría con ninguno de los dos esa mañana.
Por desgracia, eso no se aplicaba al hermano número dos.
—Aquí estás —dijo Jack con suavidad, entrando en la sala de tratamiento.
Con los labios apretados, se volvió hacia él.
—¡No me estaba escondiendo!
—No, pero nos estabas ignorando.
—¿Así que necesitabas pruebas de ello? —respondió a secas, dándole la espalda y abriendo el archivador—. Puedes irte.
Como bien sabía, Jack no se movió. Se le daba mal seguir instrucciones.
—Estoy dolido —afirmó con calma.
Resoplando, se dio la vuelta.
—No lo estás.
—Sí, lo estoy. Mi hermana ha herido mis sentimientos porque no confió en mí lo suficiente como para decirme que se estaba acostando con un amigo mío y que se había puesto en contacto con su padre.
—Eso no tuvo nada que ver con la confianza.
—Claro que sí, Anna. Me he perdido tantas cosas. —La miró con fijeza—. Yo solo… desearía haber estado ahí para ti. No soy Dax. No me habría vuelto loco.
—Vaya, ¿así que habrías estado feliz si te hubiera dicho que me he estado acostando con Lucas casi todas las semanas desde hace mucho tiempo?
Jack puso una cara como si acabara de lanzarle un pescado crudo.
—Primero, nada de detalles. Por favor, ten piedad. Segundo, creo que «feliz» es una palabra muy fuerte, pero solo porque sé cómo funcionan los jugadores de hockey. La mayoría de nosotros somos malos manteniendo relaciones.
—Lucas no es como la mayoría de ustedes —masculló, sacando los expedientes de los jugadores con los que tenía cita ese mismo día.
Jack soltó un gran suspiro.
—Anna, ¿puedes parar un momento y… hablar conmigo?
—No.
—Por favor. No tienes… buena cara.
—Tú sí que sabes cómo alegrarle el día a una mujer.
—Pareces triste. A eso me refiero —contestó, frunciendo el entrecejo.
—Es que estoy triste, Jack —admitió al fin con cansancio—. Pero no pasa nada por estar triste. Ni tú ni Dax están obligados a…
La puerta se abrió de golpe y el hermano número uno apareció en el umbral, jadeando.
—¡Ja! Te encontré —exclamó triunfante.
—Trabajo aquí —espetó, incrédula—. No soy difícil de encontrar.
—Ya, pero nos estás evitando. Lo cual, para que conste, me parece una verdadera mierda.
—Dax, deja de criticarla —gruñó Jack, disgustado.
—¿Qué? ¡La sinceridad es importante! —respondió, irritado—. Aunque Anna obviamente no sepa lo que es eso.
—Ay, Dios —murmuró, echando la cabeza hacia atrás—. ¿Qué haces aquí, Dax? Se supone que deberías estar entreteniendo a unos niños.
Su hermano apretó la mandíbula.
—Un… colega me ha dicho todas las razones por las que soy un idiota, y no podía esperar para aclarar las cosas.
Ella parpadeó.
—¿Por qué pronuncias «colega» de forma tan rara?
—¿Por qué diablos no has respondido a ninguna de nuestras llamadas? —rebatió en su lugar—. No teníamos ni idea de dónde estabas. Incluso llamamos al puto Moreau para ver si estabas con él, pero…
Tragó saliva y le dio la espalda. Incluso escuchar su nombre le dolía.
—Fui a… dar un paseo. A despejarme.
—¿Y sirvió de algo?
—No.
—Ya me lo imaginaba. Eso solo funciona en las películas —reviró Dax satisfecho—. Bueno, escucha, en realidad vine a pedir perdón, pero…
—¡Las disculpas que empiezan con un pero son mis favoritas! —respondió con sarcasmo.
—Pero… —Dax la ignoró.
—Ay, Dax —masculló Jack, frotándose la cara.
—Pero… ¡Por el amor de Dios, ¿pueden callarse?! Primero necesito algo de información. Casi todo lo que dijo Moreau me puso furioso y… necesito razones por las que no se merece que esté enfadado con él para siempre. Entonces, ¿ese imbécil te rompió el corazón?
—¡No! —exclamó, perpleja. Se lo había roto ella misma.
Dax exhaló aliviado.
—Menos mal. ¿Entonces no había nada serio entre ustedes?
¿No sientes nada por él ni nada parecido?
—Anna se mordió el labio y guardó silencio porque no quería decirlo en voz alta.
Hacerlo una vez ya había sido bastante difícil—.
Joder —afirmó Dax sin expresión—. Bien. Entonces responde a esto: ¿Cuánto tiempo llevan acostándose?
—Ya no lo hacemos.
—¿Cuánto tiempo, Anna?
—Un año —murmuró como respuesta.
—¿Qué? —Los ojos de Dax se abrieron de par en par—. ¿No nos dimos cuenta de que tenías novio durante todo un año? —Conmocionado, miró a Jack, que no parecía menos espantado—. ¿Cómo?
—Estaban… ocupados con sus discusiones y con sus mujeres —respondió en voz baja—. Y nos tomamos descansos de unas semanas, incluso meses. Además, me aseguré de que no se enteraran, y… él no es mi novio. Nunca lo fue. Él…
—Dios, qué cabrón —masculló Jack con tono sombrío—. Era la última persona que me habría imaginado que intentaría ligar contigo, él…
—¡Él no me ligó! ¡Yo lo ligué a él ! —exclamó—. Él no hizo nada malo. Incluso dijo que no. Por respeto a ti, Dax, o por lo que fuera, pero yo… prácticamente lo convencí, ¿de acuerdo? Lucas no tiene la culpa. No hizo nada malo.
—Madre mía, está totalmente enamorada de él, Dax —dijo Jack con pesar—. Así que no podemos odiarlo. Y ha estado muy feliz estas últimas semanas.
—Mierda, somos unos hermanos pésimos —añadió Dax, atormentado.
—Habla por ti. Tú la hiciste sentir culpable y por tu culpa no dijo nada sobre Moreau —afirmó Jack con rudeza—. Y te aseguraste de que no hablara mucho conmigo, así que ella…
—¡Ay, por favor! —estalló Anna—. ¿En serio creen que es solo por Dax que he tenido tan poco contacto con ustedes todos estos años?
¡Tú también me heriste, Jack! Tú también me dejaste tirada, no solo él.
Le pediste perdón a Dax, ¡pero nunca a mí!
Siempre se trataba solo de ustedes dos. De su pelea, de lo que pensaban de nuestros padres y de lo que querían.
Si hubiera dependido de mí, no habrían estado una década entera sin hablarse.
Si me hubieran preguntado qué quería yo, si me hubieran tenido en cuenta, no habría tenido que guardar secretos durante la mitad de mi vida.
»¡Si no actuaran siempre como si supieran mejor que nadie lo que es bueno para mí, probablemente les habría hablado de Lucas desde el principio!
—Suspiró, respiró hondo y se pasó la mano por el pelo—.
Sé que solo quieren lo mejor para mí y que todavía intentan protegerme.
Pero… es demasiado. Fue demasiado. Yo… —La garganta se le cerró, pero tenía que seguir hablando, de lo contrario, tal vez no conseguiría sacarlo nunca—.
En cierto momento, sentí que no podía lograr nada por mi cuenta.
No me habría convertido en médico si Jack no me hubiera llevado a la biblioteca todos los días y no habría terminado la universidad sola porque no tenía suficiente dinero.
Tal vez habría muerto de agotamiento en época de exámenes si Dax no me hubiera traído comida.
Y quizá ni siquiera habría conseguido un trabajo aquí si no fuera su hermana.
¿Cómo voy a sentirme fuerte cuando ustedes, con su constante afán protector, me hacen sentir que no puedo cuidar de mí misma?
Jack y Dax intercambiaron una mirada de incomodidad.
—Siempre creí que ella era la más lista de la familia —susurró Dax demasiado alto—. ¿Cómo puede estar tan equivocada?
—¡Dax! —espetó, exasperada—. Yo…
—Nunca has sido débil, Anna —la interrumpió Jack, con calma y dulzura—.
Si hay una cosa en la que Dax y yo siempre hemos estado de acuerdo, ¡y no han sido muchas, como bien lo sabes!
, es en que eres más fuerte que nosotros dos juntos.
Porque siempre intentas ver el punto de vista de los demás.
Porque fuiste la que más tiempo aguantó con mamá y con tu padre.
Fuiste la única con la fuerza suficiente para perdonarnos cada vez que la cagábamos.
Y porque consigues ser mejor persona. En lo que Dax y yo siempre hemos fallado.
Porque sin ti, no volveríamos a ser hermanos.
—Queríamos protegerte porque eres… lo único bueno de nuestra familia, Anna —añadió Dax en voz baja, cerrando los ojos—.
La única que evitó que nos enfadáramos y destrozáramos la familia incluso más rápido de lo que ya se estaba destruyendo sola.
Porque tenías empatía por todos. Incluso por nuestro padre borracho y ludópata, por nuestra madre desbordada, y por este hermano impulsivo y el otro que te robaba la paga.
¿Crees que no tenías ninguna responsabilidad?
¿Que nosotros éramos los que te protegíamos?