Capítulo 22
Capítulo Veintidós
Vigésimo segundo encuentro
— Hueles a mí.
— No, Lucas. Toda mi cama huele a ti. Y a veces, me despierto en mitad de la noche y me mojo solo con tu olor.
— Joder.
— ¿Qué?
— ¡No puedes decir algo así justo cuando estoy a punto de irme! —gruñó, soltando su bolsa y empujándola de nuevo sobre la cama.
N unca debería haber dejado de dormir con Anna.
Había sido una idea estúpida.
Pasar la noche con ella era terapéutico.
Se sentía más equilibrado y relajado. Irónicamente, dormía más porque no se quedaba despierto por la noche, atormentado por la culpa de no poder darle a Melody lo que se merecía.
Nunca había visto a su hija más feliz que cuando le puso un yeso en la pierna y luego vio a Anna serrarlo para liberarlo.
Puede que no fuera lo que otros padres hacían para entretener a sus hijos de cinco años, pero bueno, mientras hiciera que Melody lo mirara como si fuera su puto superhéroe, a él le parecía bien.
Incluso su rodilla estaba mejor. Puede que fuera porque Anna dijo que no dormiría con él si no se tomaba las pastillas.
La cuestión era que estaba… ¿feliz?
Sus amigos estaban preocupados.
—¿Por qué sonríes tanto? —Hazel lo miró, irritada, mientras golpeaba con el dedo la línea donde él tenía que firmar para renovar su contrato con los Hawks—. Si no tienes cuidado, perderás tu título de asesino .
—Eso sería terrible —respondió con sequedad, poniendo sus iniciales en cada página y firmando al pie.
—Es solo porque todo el mundo te tiene miedo. Rara vez tengo que renegociar tus contratos a menos que vengan de Gareth el-puto-idiota Clark.
Lucas ignoró el último comentario. Todo lo que Hazel decía sobre el segundo dueño de los Hawks se expresaba con palabras que habrían hecho desmayarse a la profesora de preescolar de Melody.
—En serio, Moreau, mañana tienes un partido crucial para pasar a la segunda ronda de los playoffs. Fox está hecho un manojo de nervios. Tú sueles estarlo también.
—Supongo que solo estoy más relajado que él.
Hazel resopló divertida y recogió el papeleo.
—Todo el mundo está más relajado que Fox. Y les sacarán fotos a todos el lunes cuando estén en el parvulario de Mel, lo sabes, ¿verdad? ¿No te preocupa?
—No. Les diré que soy su tío. Es la verdad. No es ningún escándalo, así que no hay problema.
—Mhm —contestó Hazel, mirándolo con atención—. Bueno. Si eso es lo que quieres.
Él suspiró.
—Hazel, es lo mejor para ella.
—Está bien —aseguró su agente, apretándole el hombro—. Me alegra que estés tan relajado. Tienes que darme la receta de ese brebaje relajante que estás bebiendo últimamente. Me vendría bien antes de ir a la batalla por el contrato de Fox…
—Lu, ¿va a venir Anna esta noche? —gritó Melody, entrando, corriendo en el salón. Oh, joder. Hazel arqueó las cejas.
—¿Anna? —preguntó, alargando las sílabas—. ¿Esa mujer que no es «nadie»?
—No es nadie —Melody puso los ojos en blanco—. Es doctora. La doctora más genial del mundo.
—Ah. —Hazel se volvió hacia él, interesada—. ¿Tú qué crees? ¿Es la doctora «más genial del mundo»?
Bueno, ayer le explicó a gritos a Charkov delante de todo el mundo por qué debería saber de una vez lo que es un clítoris. Lucas nunca había visto a tantos hombres adultos con la cara tan roja. Aquello había sido bastante genial.
—Claro —respondió con indiferencia.
—Le hice un dibujo. —A Melody se le iluminaron los ojos—. Está en el cole. Pero lo traeré a casa el lunes.
—Genial. Se pondrá contenta —dijo él, aunque todavía sentía la mirada de Hazel clavada en su rostro.
—¿Crees que traerá su martillo esta vez? —preguntó Mel—. ¿Para probar mis repelejos?
—Tus reflejos —la corrigió él—. Y se lo preguntaré.
—Melody, ¿con qué frecuencia viene Anna por aquí? —indagó Hazel inocentemente.
—¡Mucho! —respondió la chiquilla con una sonrisa antes de salir disparada de la habitación.
Bueno, eso no había sido justo.
—Mucho —repitió Hazel—. Hmm. ¿Así que no es manzanilla lo que te relaja, Moreau? ¿Tienes novia?
El estómago se le encogió ante esa palabra, y no sabría decir si de buena o de mala manera.
—Ella… No —contestó de todos modos, levantándose. Porque ella no era… No eran nada de eso, ¿verdad?
—No pareces muy convencido —afirmó su amiga, sorprendida—. ¡Joder, Moreau, estaba bromeando!
—No es mi novia —respondió con brusquedad, obligando a Hazel a levantarse de su asiento.
—¿Por qué te pones tan a la defensiva? —preguntó, confundida—. ¡No pasaría absolutamente nada si tuvieras novia! A nadie le importaría, todo el mundo se alegraría.
No. No todo el mundo.
—Lárgate, Hazel, antes de que pierda los estribos —masculló a modo de advertencia.
Su agente soltó una carcajada, pero se colgó el bolso al hombro.
—Bueno. Pero la próxima vez que haga de niñera, que es mañana, cuando tienes el partido, me enteraré de todo de todos modos. —Arqueó las cejas con picardía—. Buena suerte. Machaca a los Whales, ¿de acuerdo?
Desapareció de la habitación y, un segundo después, la puerta principal se cerró de un portazo.
Mierda. ¿Por qué de repente lo ponía más nervioso que Hazel y Melody se quedaran solas mañana que el partido?
«¿Tienes novia?»
Se frotó la cara y sacó el móvil del bolsillo, que vibró con un mensaje.
¿Te has tomado ya las pastillas? Por cierto, fui a hacer la compra…
Sonrió.
¿Algo más aparte de helado?
escribió de vuelta.
Sí. Barritas de cereales. He oído que algunos hombres las necesitan de vez en cuando.
Se rio mientras llegaba un nuevo mensaje.
Y espero que mañana destrocen a los Edmonton Whales. Jack es tan mal perdedor que resultará insoportable si se quedan fuera de la competición.
Oh, no los defraudaría. No por West, sino porque se lo debía a todo el equipo y a sí mismo. ¡Mañana ganarían como fuera!