Capítulo 21 #3
—Eso no es cierto, Lucas. Si he aprendido algo estos últimos días es que tu empatía es tremenda. Melody se siente segura y querida contigo. Eso es más de lo que puedo decir de mi infancia o de mi padre. Así que… deja de presionarte tanto.
—¿Cómo voy a hacerlo? —susurró con voz ronca, mirándola con la pregunta en los ojos—.
¿Cómo? Es un ser pequeño y perfecto, ridículamente inteligente y aguda.
Y yo soy un completo idiota. Todo pasó muy rápido entonces.
De repente Laney estaba muerta y yo tenía toda esta responsabilidad y…
Dios, Laney tenía muchos defectos, pero era increíble comunicándose.
Hablando con Melody sobre sus problemas…
con nuestros padres sobre sus problemas.
Le encantaba el drama, pero cuando era importante, se controlaba.
¿Pero yo? Lo único que se me da bien es jugar al hockey y mirar a la gente con dureza.
Esas no son las cualidades que definen a un buen padre.
—Eso no es todo lo que sabes hacer, Lucas —dijo ella con seriedad—. Sabes escuchar de una forma extraordinaria. Haces que todo el mundo sienta que lo que dice es interesante. Sabes bromear con Melody, hacerla reír y conseguir que se coma sus tomates.
—Sigo sin estar a su altura, yo…
—No. Mi padre no estuvo a nuestra altura —lo interrumpió con vehemencia—. ¡Tú te estás esforzando al máximo!
—No es suficiente. Siempre estoy fuera.
—Estás aquí cuando puedes estarlo.
—¡Anna! Los jugadores de hockey somos categóricamente malos padres por culpa de nuestros dichosos partidos de afuera.
—¡La llamas dos veces al día!
—Voy a decepcionarla, Anna —susurró con dureza, con ojos brillantes—.
Igual que te decepcioné a ti. Igual que decepcioné a mi equipo el año pasado.
Igual que decepcioné a Laney todos esos años ignorándola a ella y a sus problemas.
Debería haber estado ahí para ella, pero no lo estuve. Y ahora quiero estar para Melody, pero…
—¡Lo estás! —respondió tajante—. Lucas, no pasa nada por tener un trabajo. Es una faena que tengas que estar viajando todo el tiempo, pero sigues estando para ella, y ella sigue siendo tu prioridad. Y… nunca sentí que Dax no estuviera para mí solo porque estuviera siempre de viaje.
—Pero tú eres una adulta. Melody es una niña…
—¡Y ella te adora! ¿Le has preguntado alguna vez?
¿Si estás a su altura, si le falta algo?
Porque no creo que ella esté de acuerdo con eso.
Como es lógico, se pone triste cuando no estás en casa, porque eres fantástico cuando estás con ella.
La haces sentir que no está sola. ¿No la has oído hace un momento en la mesa?
Lo que decían los otros niños de su grupo no es cierto.
Ella tiene un padre. Esa era su opinión.
Y la opinión de tu hermana fue que tú debías cuidar a Melody.
Él tomó aire con un estremecimiento.
—No tenía mucha elección, Anna. Acabas de ver a mi madre, ¿no? Solo puso en su testamento que me quería a mí porque soy el único que puede darle a Melody una vida tranquila y sin dramas. E intento cumplir con eso… y sin embargo me acuesto contigo. Y… la dejo con mis padres cuando estoy fuera.
—Y, aun así, Melody tuvo una suerte inmensa después de perder a su madre —añadió Anna, acariciándole las mejillas con los pulgares—. Te estás esforzando al máximo. Y tu máximo es suficiente, Lucas.
—Yo…
—Es suficiente. Para ella. Para mí. Para tu equipo. De verdad es suficiente —susurró, besándolo con suavidad en los labios—. Nadie está decepcionado. Nadie te culpa. Es mucho tener un hijo de repente. Pero lo estás gestionando bien.
Asintiendo, Lucas volvió a cerrar los ojos hasta que su respiración se ralentizó y sus hombros perdieron la tensión. Volvió a quedarse en silencio, pero esta vez ya no era pesado ni opresivo.
—Gracias —murmuró al fin.
—No, gracias a ti. —Se aclaró la garganta—. Por invitarme a desayunar. Ya sabes cómo está mi nevera, ¿verdad?
Él sonrió. Fue una sonrisa pequeña y débil, pero hizo que el corazón de Anna flaqueara.
—Oh, no te he invitado por eso —dijo. Abrió los ojos y tomó las manos de ella, que aún rodeaban su rostro, entre las suyas—. Melody y yo vamos a hacer una excursión hoy, y he pensado que quizá te interesaría apuntarte.
Ella abrió la boca con sorpresa.
—¿Qué tipo de excursión?
Él alzó una comisura de los labios.
—Vamos a ir a patinar sobre hielo.
Ella se echó a reír.
—Ay, Dios.
—Ya va siendo hora de que aprendas.
Suspiró dramática y se levantó.
—Bueno. Me apunto. Pero solo porque necesitas practicar para ganar el viernes y pasar a la siguiente ronda.
Él asintió con seriedad y se levantó.
—Claro, solo por eso —murmuró, inclinándose hacia ella y dándole un beso suave e íntimo en la frente.
«Los besos en la frente son besos de “te quiero”».
Las palabras de Penny se colaron en su cabeza e hicieron que su corazón se acelerara y calentaron todo su cuerpo.
Miró a Lucas, que la observaba con atención a los ojos…
y todo en su mirada prendió fuego a su corazón, la hizo sentir que estaba justo donde debía estar, viviendo algo más que una vida real.
Viviendo una vida feliz.
Mierda. No era un terremoto. Estaba enamorada.