Capítulo 15
Capítulo Quince
Decimoquinto encuentro
— ¿Por qué tienes el número de West? ¿Y por qué lo estás llamando?
— ¿Qué?
— Jack West. Lo llamaste.
Anna se removió, incómoda.
—¿Cuándo? —preguntó con inocencia.
— En el partido fuera de casa. Estábamos en el hotel. Tu nombre apareció en su móvil.
Mierda. Sí, había querido saber si de verdad tenía novia. Dax había afirmado que sí. Jack le había advertido que Lucas lo había visto, pero ella esperaba que no sacara el tema.
—¡Ah, eso! Sí, somos... amigos.
— Ya, claro. —Él la miró con obstinación.
— ¿Qué pasa? ¿No puedo hacerme amiga de otros jugadores de hockey?
— Sí. Pero no quiero dramas. No lo olvides.
Ella tragó saliva.
—Claro que no. Ahora deja de hablar y desnúdate.
G anaron el primer partido, pero Lucas seguía sin poder irse a casa. Tenían un día libre, así que al menos podría leerle algo a Melody para ayudarla a conciliar el sueño esa noche.
—Quiero que todos se acuesten temprano esta noche —dijo el entrenador en voz alta mientras almorzaban en el comedor del hotel—. Nadie sale. Nadie bebe nada. Estén en sus habitaciones a las nueve y quédense allí.
Dax le dedicó una sonrisa pícara a Lucy.
—¡Solos! —añadió el entrenador Gray con rotundidad antes de volver a sentarse.
—Es un aguafiestas, ¿verdad? —masculló Jack al lado de Lucas.
Él esbozó una media sonrisa.
—Lo siento, Jack, esta noche no podré meterme en tu cama.
El central soltó una risita.
—No pasa nada, mientras pienses en mí…
—En ti y en tus heroicos esfuerzos por ayudarme a mantener la portería a cero mientras Charkov está ocupado peleándose.
Jack sonrió de oreja a oreja.
—Ha sido un placer. Por cierto, ¿dónde está Charkov?
—Lo están curando —dijo Matt Payne, sentado frente a ellos—. Se le habrán vuelto a abrir los nudillos cuando jugábamos a los dardos antes.
—Ah. —Jack asintió—. Por eso Anna no está aquí.
—No está con Anna —reviró Álvarez, recostándose en su silla—. Ella se habrá tomado el día libre. Al menos eso es lo que pensó Reed cuando le pregunté por qué tenía que aguantar sus manos en mi hombro y no el toque delicado de ella.
Lucas se inclinó hacia delante para que sus manos, que estaban extrañamente apretadas, desaparecieran bajo la mesa.
Matt suspiró.
—León, ¿cuándo aprenderás a expresarte sin enfadar a todo el mundo?
—Nunca, espero —contestó el chico sonriendo.
—¿Tomarse el día libre? ¿Por qué se iba a tomar el día libre? —preguntó Jack.
Lucas se alegró de que no le hicieran la pregunta a él.
—¿Yo qué sé? —León frunció el ceño—. ¿Quién es su hermano, tú o yo?
—A lo mejor está haciendo turismo —comentó Matt encogiéndose de hombros.
Lucas reprimió un bufido. Anna había dicho una vez que una ruta turística por la ciudad le atraía tanto como una bacinilla para orinar.
—Debería haberme llevado con ella —se quejó Álvarez.
—León… —gruñó Jack en tono de advertencia.
—¿Qué? ¡Hablo en serio! Jack, de veras, tú que eres el más sensato de sus hermanos, ¿qué tendría que hacer para que me dieras tu bendición para invitar a Anna a salir? Es genial.
—Sé que es genial. Y tendrías que lavarte la boca con jabón y no volver a abrirla jamás —respondió en tono áspero—. Además, yo no me haría ilusiones, León, pero… —Bajó la voz—. No se lo digas a Dax, pero parece que Anna tiene novio o algo por el estilo.
Lucas se puso rígido, golpeando sus puños contra la mesa.
Todos se volvieron hacia él.
—¿Estás bien, Moreau? —preguntó Jack, sorprendido.
Se limitó a asentir, pero no dijo nada. Porque, ¿qué cojones?
—¡No! —León parecía de verdad impactado—. ¿Quién es el tipo?
—No lo sé. De Tinder.
¿Qué?
¿Tenía novio? ¿De Tinder?
¿Pero qué demonios? ¿Desde cuándo? ¡Si acababa de hacer el amor con él en la ducha hacía unos días!
Todo el cuerpo de Lucas se tensó y un sabor amargo le llenó la boca. ¿Qué narices no había entendido ella de lo de nada de putos dramas ? ¿Y cómo podía acostarse con él y al mismo tiempo… y al mismo tiempo…?
—¿Cómo se llama? ¡No puede ser mejor que yo! —espetó León incrédulo.
—No le pregunté —respondió Jack en voz baja—, porque en realidad no quiero saberlo, aunque Penny es tan buena guardando secretos como lo es no alterándose con la prensa.
Quiero que me lo cuente ella por voluntad propia cuando esté lista.
Así que cállense de una vez, y tú, León, olvídate de ella, ¿está bien? Dax tampoco tiene por qué saberlo.
—Joder. A lo mejor por eso se ha tomado el día libre. Porque el tipo está aquí —masculló León de mal humor.
Lucas se clavó las uñas en las palmas de las manos. ¡Mierda, no! No lo estaba. ¿O sí?
¡No! Ella había dicho que no sabía si quería algo serio, ella… oh, Dios.
¿De dónde demonios había salido ese novio ahora?
—Bien por ella —declaró Matt—. De todos modos, ¿alguien puede decirme por qué no hay Babybel en el minibar?
—Yo preguntaré —declaró, levantándose bruscamente.
—Ah… ¿gracias? —El delantero lo miró confundido, pero lo ignoró y se limitó a dejar allí su comida y al resto del equipo esperando.
Entonces, ¿dónde coño estaba Anna?