Capítulo 13 #2
—No solo eso. ¡Se está cargando nuestro negocio! —se quejó Maddie—. A todos sus clientes que se plantean inscribirse con nosotras tras su divorcio les dice que lo mismo daría que hicieran una danza de amor chamánica o pidieran ayuda a los espíritus de sus ancestros para encontrar una nueva pareja.
—Vaya, es el cínico definitivo —afirmó Lucy enfadada—. No dejes que te moleste.
—Hijo de divorciados —sentenció Penny—. Estadísticamente, el noventa por ciento de los abogados de divorcios son víctimas del divorcio de sus padres. Por tanto, su cinismo tiene una causa de origen.
Maddie frunció el ceño.
—¿Eso es verdad?
Penny sonrió.
—No lo sé. A veces me invento estadísticas para apoyar mi argumento y espero que nadie compruebe los datos.
Anna se rio.
—Apuesto a que es verdad. Aunque incluso los hijos de no divorciados pueden volverse cínicos. —Se señaló a sí misma con ambos pulgares.
—Ya, pero tu infancia también fue un absoluto desastre. Un divorcio podría haber ayudado —apuntó Lucy.
—¿Tan malo fue? —preguntó Maddie, pero luego añadió—: No tienes que hablar de ello si no quieres.
—Oh. —Anna respiró hondo—-. La relación era disfuncional… mi madre era complicada y mi padre…
—¿Era un idiota? —sugirió Lucy de forma tajante—. De verdad, las cosas que me contó Dax… entiendo por qué está tan contento de haber cortado el contacto. —Se rio—. Dice que preferiría que le metieran un disco de hockey entre las piernas a tener que hablar con él o verlo de nuevo.
Anna bajó la mirada hacia su gintónic y lo removió con la pajita mientras la culpa la corroía.
No le había dicho a Dax que su padre le había escrito precisamente por los motivos que Lucy acababa de mencionar.
Le enfurecería saber que ella le respondió.
Pero se pondría aún más furioso al enterarse de que su padre vivía cerca de Phoenix y que ella no viajaba a los partidos de fuera solo para ocuparse de jugadores de hockey lesionados.
Sin embargo, necesitaba cerrar ese capítulo.
Sus padres eran la razón por la que pensaba que la felicidad a largo plazo era un cuento de hadas.
Pero no uno de esos finales felices y edulcorados, sino un cuento de los antiguos y crueles, donde los príncipes acaban ciegos por las espinas y las princesas se mutilan por amor.
Y, durante aquellos días, se había hartado de la felicidad a corto plazo, porque solo la dejaba enfadada, decepcionada o confundida.
Era hora de cambiar de tema.
—Oh, Anna, nos hemos desviado del tema. Entonces, ¿quién es tu chico de los besos? —quiso saber su cuñada.
Dios, no. ¡Ese tema otra vez no!
—A mí también me interesa. —Penny apoyó los codos en la mesa y la miró con expectación.
—No es nadie. Me lo inventé —respondió.
—Genial, ¡entonces eso significa que puedes apuntarte a Match Me! —sugirió Maddie con entusiasmo—. ¿Si es que sigues soltera? Te encontraré al amor de tu vida.
Si Anna fuera un personaje de dibujos animados, estaría sudando a chorros en este momento. «El amor de tu vida…». ¿Quién podía garantizar el amor para toda la vida? A ella le costaba imaginar el amor siquiera para unas semanas.
—No, gracias —se apresuró a responder—. Ya he tenido suficiente.
Maddie sonrió de oreja a oreja.
—¿Entonces tienes novio?
—¡No!
—¿Un examante?
—No, no. No es un examante.
—¿Un amante actual entonces? —Lucy arqueó las cejas con picardía.
—No, no. No es un amante…
—A mí eso me suena a novio —carcajeó Penny—. Un novio que nadie conoce. ¡Qué emocionante!
—No, es lo normal —dijo Lucy encogiéndose de hombros—. Si Jack y Dax fueran mis hermanos, yo también mantendría a mi novio en secreto. Es demasiado estresante.
—Oye, Jack no es tan malo —Penny defendió a su media naranja—. No le importa que uses Tinder, por ejemplo. Piensa que Dax tiene que relajarse.
—Bueno, en principio tiene que hacerlo —asintió Lucy con una sonrisa—. Pero su exceso de energía tiene sus ventajas.
Anna hizo una mueca.
—¡Es mi hermano, Lucy! Es mi hermano.
—¡Okey, me callo! ¡Pero cuéntanos algo de ese hombre misterioso!
Anna suspiró.
Quería ser sincera, simplemente ser sincera después de todos estos años de no haber tenido nunca amigas a las que confiarles nada porque sus padres o su situación familiar en general habían sido demasiado vergonzosos. Y, al fin y al cabo, no hacía falta mencionar nombres.
—Bueno, hay un hombre…
—¡Lo sabía! —Lucy levantó la mano en gesto triunfal—.
Desde hace más de unos meses, ¿verdad? Porque podría haber jurado que encontré unos botones de camisa en tu sofá, y cada vez que mirabas el móvil cuando estabas a punto de echarnos, tenías esa cara…
esa cara que no gritaba precisamente estoy deseando ponerme a estudiar de nuevo .
Mierda. Ella y Lucas no habían sido tan cautelosos después de todo.
Anna se sorprendió de que no se reunieran exploradores con nubes de azúcar a su alrededor, porque sus mejillas eran una auténtica hoguera.
—Sí, bueno. Llevo un tiempo viéndome con él —capituló.
—Madre mía. —Penny asintió, impresionada—. Se le da muy bien a tu familia guardar secretos, ¿verdad?
Oh, no tenía ni idea.
—¿Cómo lo conociste? —preguntó Maddie.
—Lo conocí en Tinder —se apresuró a mentir.
—¿Y están juntos? ¿De verdad? —Penny la miró esperanzada—. ¿Y la cosa se está poniendo seria y quieres decírselo a tus hermanos para que yo no tenga que guardarlo en secreto? ¡Odio guardar secretos!
Hizo una mueca.
—No, no exactamente.
Penny gimió y Lucy se inclinó hacia adelante.
—¿Por qué no?
—Bueno, en realidad estábamos disfrutando de algo puramente físico, pero ambos estuvimos de acuerdo en que no nos llevaba a ninguna parte en este momento y… —Suspiró—. No lo sé, ¿creen que es posible seguir siendo amigos de un examante?
—¿Ese es tu plan? —preguntó Penny frunciendo el ceño—. ¿De amigos con derecho a solo amigos?
—Sí, algo así.
—Mmm —caviló Lucy—. ¿Te gusta?
Atónita, Anna abrió la boca. La pregunta era sencilla, pero si era sincera, no lo había pensado mucho.
Claro, estaba obsesionada con él, pero ¿le gustaba Lucas? ¿Como… persona? ¿No solo como un compañero sexual que la hacía reír y gemir, sino como persona?
Le gustaba su humor seco y que usara pocas palabras, pero aun así se expresara con claridad.
Le gustaba que su cuerpo solo le hablara a ella.
Le gustaba que hubiera aceptado a su sobrina en su vida sin pensárselo dos veces, y que obviamente la quisiera mucho.
Que supiera pedir perdón, aunque a veces tardara un poco en hacerlo.
Y que la viera como Anna, no como la hermana de Jack y Dax.
Que la hiciera sentir como la mujer más hermosa del mundo y…
—Okey, le gusta —Maddie interrumpió su hilo de pensamientos—. En ese caso: no, no sigas siendo su amiga.
Parpadeando, Anna levantó la vista.
—¿Perdona?
—No deberías seguir siendo su amiga —repitió despacio—. Si tienes, aunque sea el más mínimo sentimiento por el tipo o te sientes mal cuando pasas tiempo con él.
Bueno, ella no se sentía mal cerca de Lucas. Al contrario. Se sentía muy bien. Más que bien. ¡Pero eso no significaba que tuviera sentimientos por él!
Se dio cuenta de que usaba mucho la palabra «sentir» cuando pensaba en él, pero eso no significaba que tuviera sentimientos . Ambas cosas eran muy diferentes.
¿Verdad?
—Parece que te está dando un ataque de pánico —Lucy frunció el ceño—. ¿Por qué?
—Yo… ¡yo no tengo sentimientos! —exclamó.
—¿Ningún sentimiento de ningún tipo, pequeña duendecilla? Suena brutal —respondió con una sonrisa.
Anna se rio sin alegría.
—Ya sabes a lo que me refiero.
—Madre mía, es tan negada como sus hermanos —susurró Lucy con intención en dirección a Penny.
—¡Lucy!
—Sí, sí, perdón. Pero suenas igual que Dax.
Así que el chico por el que no sientes nada tiene suerte.
—Sonrió e hizo chocar su copa contra la de Anna—.
Brindo por tu novio secreto. Y no escuches a Maddie.
Puedes ser amiga de un ex si quieres. Yo lo hago todo el tiempo.
Pero no quieres desvestir a los amigos. Así que si eso es un problema…
—No lo es —dijo con rigidez—. Eso se… acabó.
—Bueno, entonces —añadió Maddie—, hablemos de otra cosa porque la tensión acumulada aquí me está poniendo nerviosa.
—Brindo por eso —asintió Penny, chocando también su copa.
Anna sonrió y borró a Lucas de su mente. Al fin y al cabo, uno no está pensando en sus amigos todo el tiempo…