Pasión, Amor y Hockey (Amor y Hockey 4) Capítulo 10 #2
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Capítulo 10 #2

—¿Ella? —preguntó Anna, irritada—. ¿Por qué todo el mundo recalca esa palabra?

Austin la ignoró.

—Mierda, ¿tienen una relación?

—¡No! —gritaron Anna y Lucas al mismo tiempo.

—¿Y entonces qué?

Ella suspiró.

—Es puramente físico, Austin.

—Esto se pone cada vez peor —exclamó el capitán, horrorizado—. Si Moreau se casara contigo mañana, quizá podríamos salvar algo, pero…

Anna resopló.

—Un momento, no corras tanto. ¡Son unos hipócritas! Y Dax y Jack también. No pueden criticarme en absoluto. Solo se hicieron jugadores de hockey porque irse a la cama con todo lo que se mueve no es un deporte de competición reconocido.

—¿Así que debería decírselos y ya está, no? —inquirió Fox con frialdad—. ¿Si no pueden criticarte? «Oigan, Temple, West, ¿saben con quién se acuesta su hermanita en su tiempo libre?».

El rostro de Anna se encendió y se le encogió el estómago.

—Bueno, es…

—Ajá, exacto —respondió con enfado—. ¡Dios, cómo odio los secretos! Odio toda esta mierda de amoríos y romances que tiene al equipo dando vueltas en círculos. ¿Por qué no pueden mantener las manos quietas? ¿O salir con las mujeres adecuadas ? No es tan difícil. ¡Yo lo consigo!

—No has salido con nadie en años, Fox —observó Lucas con naturalidad.

—¡Ya! ¡Y estoy mejor así porque no me van a asesinar Dax Temple y Jack West! ¡Dios, y encima a ti te dieron la dichosa Copa del Inocente!

—Toda tuya si la quieres —respondió su amigo, impasible.

—¡Moreau!

—Bien, ¿saben qué? —interrumpió Anna—. Esto se está volviendo demasiado incómodo para mí.

No parece que me necesiten aquí para nada.

Y yo, como bomba atómica responsable que soy, mejor me largo antes de explotar.

Dile adiós a Melody de mi parte, ¿de acuerdo?

—Asintió a Lucas y, antes de que nadie pudiera detenerla, se escabulló por el pasillo.

Si quisiera escuchar a dos jugadores de hockey discutir, dejaría caer delante de Jack y Dax que un delantero es más importante que un extremo.

Acababa de llegar a la puerta cuando recordó que aún tenía que devolver la llave de Lucas, la que le había dado Hazel. Se dio la vuelta… justo cuando la voz de Austin llegaba desde el salón.

—¿Qué te pasa, Moreau? Tú sueles ser muy cauteloso. Odias el drama.

—Ella no es un drama.

—Claro que lo es —refutó Austin con amargura—. Lo quiera ella o no. Además… es buena chica.

—No suenes tan sorprendido.

—Bueno, solo digo que tus follamigas habituales no son así de complicadas.

—¡Ella no es mi follamiga! —respondió él con dureza.

—¿Ah, no? ¿Entonces qué es?

—Anna.

—Anna Temple .

—Su apellido no importa. Es Anna. No la hermana de Dax . Solo Anna.

A ella le dio un vuelco el corazón y se llevó la mano al pecho, mientras una sensación cálida la recorría por dentro.

—Díselo a Temple y a West.

—Fox, es una adulta. Toma sus propias decisiones.

—¿Y su decisión fue meterse en la cama contigo? Joder, ¡es médico! Pensaba que se suponía que eran inteligentes.

—Es irrelevante. Terminamos lo nuestro hace semanas.

—¿Entonces por qué te la sigues tirando?

—No lo hago —gruñó.

—Ah, ¿y si no los hubiera interrumpido…?

—No importa. Ahora solo somos… amigos. Anna tiene razón: hemos tenido una recaída. No significa nada.

Amigos.

Esa fue la parte en la que ella se centró. No en que no significa nada , porque él tenía razón.

Tragó saliva. Sí. Eran amigos. Eso era lo que ella había querido.

Eso era bueno. Austin tenía razón. Si seguían acostándose, se crearía un drama.

No quería arriesgarse a que la prensa se enterara y que Melody sufriera por ello.

Eso no valía ningún orgasmo del mundo. Había sido bueno que los interrumpieran.

Inhaló profundamente. Sí. Estaban mejor como amigos.

Y los amigos no se espían los unos a los otros. Así que volvió a la puerta, dejó la llave en el bolsillo de la chaqueta de Lucas que estaba en el perchero y se marchó.

No había sido más que una recaída. Una idea estúpida.

Lástima que las ideas estúpidas solían ser las más excitantes.

Para cuando aparcó frente a su edificio media hora más tarde, estaba agotada, sobre todo porque le costó mucho esfuerzo no pensar en la boca de Lucas sobre…

Su teléfono sonó y se sobresaltó. Mientras la sangre se le subía a la cabeza, se mordió el labio. Sentía como si alguien hubiera leído sus pensamientos impuros. No ayudó que el nombre de Dax parpadeara en la pantalla.

—Mierda —susurró, cerrando los ojos con fuerza. Respiró hondo tres veces antes de apagar el motor y responder—. Hola, Dax, ¿ todo bien?

—Sí. Solo quería asegurarme de que no te habían matado.

Irritada, se desabrochó el cinturón.

—¿Matado?

—Bueno, hoy tenías una cita de Tinder. Y como ignoraste mis mensajes…

Cierto. De hecho, había planeado una cita con alguien antes de cancelarla para ayudar a Lucas.

—Sigo viva, Dax.

—Ya veo. Entonces, ¿cómo ha ido la cita?

—Ha sido… sorprendente.

—¿En qué sentido?

—Bueno, han pasado cosas que no me esperaba —respondió, riendo por lo bajo.

—Oh, Dios, quiero que dejes de hablar ya.

Sí. Quería.

—¡Tú preguntaste!

Él suspiró.

—Vaya, así que… ¿tuviste una velada agradable? ¿Sin estudiar? ¿Sin trabajar? ¿Simplemente… viviendo?

Sonrió y cerró el coche.

—Sí. —Porque así es como se había sentido—. ¿Y tú qué tal?

—Lucy me ha obligado a ver una película romántica.

—¿Y por «obligado» quieres decir que te lo ha pedido?

—Sí. Como he dicho —respondió su hermano, irritado—. ¿Qué tal el trabajo por ahora? No has contado mucho.

—Porque no haces más que preguntar cosas como: «¿Por qué usas Tinder, Anna?» —dijo ella con pesar.

—Te lo estoy preguntando ahora.

Ella sonrió.

—Me encanta. Es divertido tener tantos retos nuevos. Tengo ganas de viajar la semana que viene. También me gusta verlos tan a menudo, aunque me estén volviendo un poco loca.

—Hum. —Dax hizo una pausa antes de continuar de mal humor—: Lucy cree que somos sobreprotectores.

El eufemismo del siglo.

—Y como siempre, tiene razón.

Suspiró antes de decir en voz baja y sombría:

—Solo queremos que seas feliz, Anna.

—Lo sé —murmuró, con el corazón encogido—.

Y les agradezco que me cuiden. —Los comprendía mejor ahora, tras el discurso de Lucas—.

Pero, Dax… —Dudando, abrió la puerta principal del edificio y subió las escaleras—.

Sabes que no tienes que sentirte culpable, ¿verdad?

¿Por nuestro pasado? Por el hecho de que tuviera que mediar entre ustedes durante tanto tiempo…

Se hizo un silencio obstinado al otro lado del teléfono antes de que él respondiera:

—Hemos puesto mucho sobre tus hombros estos últimos años.

—No pasa nada. Ustedes se cargaron de problemas durante toda mi vida. Y la mayor parte la busqué yo misma. Mis estudios, cuidar de mamá hasta el final… Eso no era responsabilidad de ustedes.

—Nos escapamos para jugar al hockey, Anna.

Negando con la cabeza, abrió su apartamento y se apoyó contra la puerta.

—No. Ninguno de los dos huyó. Me encanta que persiguieran sus sueños. De verdad. No me arrepiento de nada. Deberías dejar de acaparar toda esa responsabilidad. ¡Todo el mundo dice que a los hermanos se les da mejor compartir!

Su hermano soltó una risita suave.

—De acuerdo. Lo intentaré. ¿Llegaste bien a casa?

—Sí. Me voy a dormir ya. Así que los veo mañana después de que venzan a los Arizona Wolves.

—Ah, no hay duda de ello, siempre que Moreau se centre. Ha estado bastante distraído hoy en el entrenamiento.

Ella sonrió mientras un cosquilleo se instalaba en su pecho.

—Hum. ¿De verdad?

—Sí. Pero quién sabe qué pasa en la vida privada de ese tipo. Es un misterio.

¿Lo era?

—Buenas noches, Anna.

—Buenas noches. Dale recuerdos a Lucy.

Colgaron y una sensación de ligereza inundó su pecho. Había sido… una buena conversación. Sentía que le debía un gracias a Lucas por ello.

Se quitó los zapatos e inhaló profundo. En realidad, debería volver a hablar con Lucas y dejar claro que debían mantener las manos quietas de ahora en adelante. Técnicamente, él solo le había dicho a Austin que quería que fueran amigos, no a ella.

Mientras se hundía en el sofá, su teléfono vibró. Esperaba que fuera un mensaje de él, pero se equivocaba.

Era otro correo electrónico.

Por favor, respóndeme.

Se quedó mirando las tres palabras, pero esta vez no se le hundió el corazón. Esta vez, el pensamiento de responder al correo no le revolvió el estómago. En su lugar, algo parecido a… la esperanza revoloteó en su pecho.

Recordó las palabras de Lucas.

«No fue la mejor madre. No sabía qué hacer con la niña».

Pero había sido una persona fantástica. Simplemente había tenido sus problemas. Todo el mundo merecía una segunda oportunidad, ¿verdad?

Nadie era perfecto. Además, quería aprender a afrontar los problemas de su vida de frente, y soltar los que no pudiera resolver.

Solo así podría empezar a vivir de verdad.

Solo así podría… empezar a creer en la felicidad a largo plazo.

Se convertiría en la mejor y más profesional médico que los Hawks hubieran visto jamás.

Ella y Lucas serían fantásticos como amigos.

¡Y hablaría con su padre, aunque solo fuera para cerrar ese capítulo de su vida e iniciar uno nuevo!

Hola, papá: Creo que estoy lista para vernos. ¿Dónde vives?