Pasión, Amor y Hockey (Amor y Hockey 4) Capítulo 9 #3
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Capítulo 9 #3

—Sí, en mi cabeza sí lo significa. Y joder, con Jack y Dax pasa lo mismo.

Porque por mucho que te ayuden, por mucho que te protejan y te apoyen, nunca compensará el no haber podido darte la vida que te merecías entonces.

El que todavía no seas tan feliz como ellos quisieran.

Que hayas tenido que esforzarte tanto. Y probablemente también se sientan culpables por haberte obligado a hacer de mediadora entre ellos durante todos esos años cuando aún se odiaban.

Así que, sí, los entiendo. Lo que no quita que su ridículo afán protector sea una exageración. Pero… no seas tan dura con ellos.

Anna lo miró durante unos momentos. Entonces, susurró:

—No sabía que pudieras hablar tanto.

Cerró los ojos y rio. Eso ocurría de vez en cuando.

—No se lo digas a nadie.

Parecía que estaba a punto de sonreír, aunque su rostro seguía serio.

—Tu hermana no te culpaba a ti, Lucas. De nada de lo que salió mal en su vida. Lo sé porque yo tampoco culpo a Jack ni a Dax. Pero siento muchísimo que la perdieras. ¿Cuánto tiempo hace de eso?

—Diez meses y cuatro días.

Ella se quedó mirándolo, al parecer echando cuentas mentalmente.

—¿Murió… a principios de junio?

—Sí.

—Pero en junio nosotros…

—Sí.

—Ah. Ya veo. —Bajó la mirada hacia sus manos—. Yo no era la única que necesitaba una distracción.

—No. —Se pasó una mano por el pelo con vacilación—. Yo… te utilicé. Tal vez no debería haberlo hecho, pero…

—Oh, cállate —respondió sonriendo—. Los dos nos utilizamos mutuamente. Y no hubo nada malo en ello. No te culpo por ni uno solo de los días de los seis meses que estuvimos acostándonos…

Él soltó una carcajada.

—¿Solo por todos los días posteriores?

—Sí —contestó con contundencia.

Suspirando por lo bajo, se frotó la nuca. Hablar resultaba… difícil.

—Lo siento. Por lo que pasó en el bar. No debería haber dicho todo eso. Pero… tú me provocaste.

—Afirmaste que no había nada entre nosotros. —Su voz era fría, pero en sus ojos ardía el fuego—. Dijiste que no te conozco y que no necesito hacerlo. Que no tengo derecho a conocer ninguna de tus facetas.

—Sí —respondió él en voz baja—. Pero nunca pensé que eso fuera un problema. Eso fue lo que acordamos, ¿no?

—Lo sé —replicó irritada.

—¿Entonces por qué te molesta tanto la idea de no conocerme?

Tragó saliva y se mordió el labio mientras lo miraba a los ojos.

—Porque en los últimos diez años, no he tenido tanta intimidad con nadie como contigo.

Sé que no teníamos una relación, pero… hiciste que lo nuestro pareciera algo sin valor —susurró con voz ronca—.

¡No lo fue! Puede que fuera solo sexo , pero…

fue el mejor maldito sexo que he tenido nunca.

No sé si no me habría vuelto loca del todo sin ti.

Te necesitaba . Y oírte decir que era algo unilateral…

que el tiempo conmigo no significó absolutamente nada para ti…

—Significó algo para mí —la interrumpió en voz baja, apretando los dientes—. Las horas contigo eran… lo único que era mío.

—¿Y por qué no pudiste simplemente decírmelo? —espetó—. ¡Eso es todo lo que quería de ti!

—Porque lo complica demasiado, Anna, ¿no lo entiendes?

—masculló con dureza, inclinándose hacia delante de modo que su rodilla chocó con la de ella—.

Porque entonces tendrías razón y habría sido un error.

Un error que se sentía tan malditamente bien que quiero repetirlo.

Una y otra vez. Hasta que tu cabeza no esté llena de nada más que de mi nombre.

Lucas, no Moreau. Eso me asusta. Porque significa que no he tenido suficiente de ti.

Ella lo miró con los ojos muy abiertos. Entreabrió los labios. Sus mejillas se tiñeron de rosa. Y su mirada se volvió hambrienta.

—¿Y qué pasa si yo tampoco he tenido suficiente de ti?

—Entonces te diré que no importa —murmuró, obligándose a mirarla a los ojos y no a la boca.

A oír solo su voz, no su respiración agitada.

A sentir solo el reproche, no su mano tan malditamente cerca de su pierna—.

No podemos seguir teniendo sexo para siempre.

Trabajamos juntos, así que acabaría saliendo a la luz.

Y eso significa drama, algo que yo no quiero y que tú no necesitas si quieres que te tomen en serio en tu trabajo. Solo busca algo real, Anna.

Ella siguió mirándolo. Su mano se deslizó hasta la rodilla de él y su mirada bajó a sus labios.

—No sé si quiero algo real.

—Lo sé. —Él puso su mano sobre la de ella con firmeza, impidiendo que subiera más—. Dax dijo que querías empezar a vivir de verdad cuando terminaras la carrera.

—Dax habla demasiado —susurró, girando la mano para que sus palmas se tocaran, para que el calor de ella se convirtiera en el calor de él.

—¿Es cierto? —preguntó, tratando de mantener el control.

—No. Empecé a vivir de verdad antes de eso.

—¿Ah, sí?

Tragó saliva y levantó la otra mano. La posó en su pecho, justo sobre su corazón acelerado, pero él lo sintió en todo el cuerpo.

—Sí. La noche que te besé. ¿Y siendo sincera? Ahora mismo no quiero nada real. Ahora mismo solo te quiero a ti. Así que, o me dices que me vaya… o me besas.

Él se quedó mirándola. La miró directo a los ojos. Vio cómo sus pupilas devoraban el azul de sus iris. No debería… no podía…

Pero la besó.

Un hombre solo tiene un límite de control.