Pasión, Amor y Hockey (Amor y Hockey 4) Capítulo 5 #2
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Capítulo 5 #2

—No, igualdad de derechos para todos. —La pelirroja se encogió de hombros, agarrando el penúltimo trofeo de la mesa y entregándoselo.

—¡No, no! —dijo Penny con firmeza, negando con la cabeza—. ¡No acepto nada! ¡No es justo! Mi nombre no es Santo, y yo no me he acostado con mi jefe ni he ocultado a mi hermano y a mi hermana.

—Uuuh… —León sonrió mientras Jack miraba a su novia con incredulidad.

—¡ Tú eres esa jefa!

—¿Y qué? —Ella hizo un gesto despectivo con la mano—. Yo no hice ningún juramento de no tener sexo durante la temporada.

Jack resopló.

—¡No fue un juramento! ¿En serio estás intentando pasarme el premio a mí?

—¡Bueno, solo digo una cosa! —Le miró con ojos grandes e inocentes—. Yo sacrifiqué un gallo en un escenario hace años. La gente espera que haga alguna locura, pero no tú. Lo cual solo hace que tu comportamiento sea peor.

—Creo que Penny tiene razón —intervino Anna con una sonrisa, porque si había algo que a Jack le encantaba, era ganar. ¡Debería estar contento con la nominación!—. Primero, engañas a la gente con tu apodo y luego los asaltas por la espalda con un escándalo tras otro.

—Oh, un punto válido. —Dax asintió en tono serio—. Lucy, Jack se merece el premio.

—Tonterías —respondió su hermano enfadado—. ¡Si nuestros absurdos apodos significaran algo, Moreau ya habría matado al menos a tres personas!

Anna se giró hacia el portero con interés porque simplemente no podía dejar pasar la excusa para mirarlo.

—Desde luego, hay algo de cierto en eso. Y, ¿ Descuartizador ? ¿A cuántas personas has matado?

—Madre mía —murmuró León, encogiéndose de hombros—. ¿Es que nadie le ha dicho a Anna que no se debe bromear con Moreau?

Ah, por favor. No daba tanto miedo. Sí, medía casi dos metros y constaba de ciento diez kilos de puro músculo, pero a ella nunca la había asustado. Era… dulce cuando quería serlo. Así que Anna ignoró a León, igual que hacía Moreau.

Durante unos segundos interminables, él se limitó a mirarla impasible, inclinando la cabeza de forma casi imperceptible.

Llevaba una camisa azul claro que le quedaba tan ajustada en los hombros que Anna podía ver los músculos tensándose debajo.

Su postura le decía que sabía lo que ella estaba haciendo y que debería parar.

Pero decidió ignorar su lenguaje corporal porque quería oír palabras salir de su boca.

—¿Y bien? —repitió desafiante mientras un extraño silencio se extendía a su alrededor—. ¿Cuántas?

Lucas se reclinó lentamente en su silla y murmuró:

—Ninguna todavía, pero quizá empiece hoy.

Las comisuras de los labios de ella se curvaron. Sonaba como una amenaza, pero estaba bastante segura de que bromeaba.

—Sabes que no se puede matar con la mirada, ¿verdad? —dijo divertida, inclinándose hacia delante—. Y viéndote así, pensaría que estás haciendo una audición para un papel de vampiro melancólico y brillante.

Fox soltó una carcajada y le dio una palmada en el hombro al portero.

—¡Vaya, hombre, tiene razón!

Lucas frunció el entrecejo.

—Y aquí tenemos a la víctima número dos.

—Por favor, no lo hagas —protestó Lucy—. No podríamos recuperarnos de semejante pesadilla de relaciones públicas. Así que, sí, ¡la Copa al Escándalo es para Jack West! Enhorabuena.

Los aplausos del equipo fueron exagerados, y Jack aceptó su falso Oscar con un suspiro, mientras Lucas seguía mirándola.

Él negó con la cabeza. Fue un movimiento apenas perceptible…

pero ella sabía lo que quería. Debía dejar de provocarlo.

Bueno, ¡eso, por desgracia, chocaba con sus planes para esta noche! Qué lástima.

Ella sonrió de oreja a oreja y tomó un sorbo de su segundo daiquiri mientras Lucy anunciaba que ya podían elegir a su cordero más inocente.

—¡Está clarísimo! —gritó Matt—. Fox se merece el título. Maddie dice que es el único que aceptaría en su agencia de citas porque de forma realista podría venderlo como un hombre casadero.

—Gracias, Maddie, tienes razón. Soy el más sensato de todos nosotros —respondió el capitán con una amplia sonrisa.

—¡Además de estar divorciado de una mujer horrible que arrastra tu nombre por el fango cada pocos meses y te lanza a la prensa encima! —le recordó Lucy, negando con la cabeza.

Fox brindó por ella.

—Razón por la cual no volveré a casarme nunca, así que, por desgracia, no me apuntaré a tu agencia, Maddie.

—Oh —dijo Matt—. Bueno, si Fox queda descartado… Joder, ¿entonces soy yo el cordero inocente?

—¿El señor de las Cuatro Esposas? —Lucy le dedicó un gesto obsceno—. Dios, si alguien oyera esto esta noche… No, no. Tú también saliste en la prensa por todo el asunto con Maddie.

—Entonces, ¿quién queda? —preguntó León irritado.

Lucy sonrió.

—¡Pues Moreau! Acaba de admitir que todavía no ha matado a nadie.

Jamás ha salido en los titulares en su vida, ¡y yo debería saberlo!

Es solo que es fácil olvidarse de él porque tiene un…

esto… —Lanzó una mirada rápida en su dirección antes de susurrar en voz alta—: aura maligna. Pero él es nuestro cordero inocente.

Anna se atragantó con su bebida y tosió contra su mano antes de empezar a reírse. No pudo evitarlo. Lucas, el ganador de la Copa a la Inocencia … aquello era como si Harry Styles ganara un trofeo al peor cantante. ¡O como si un martillo neumático ganara la medalla al trabajo más silencioso!

—¿Qué es tan gracioso? —preguntó Lucy, irritada e incómoda. Anna notó que todos, sin excepción, la miraban con fijeza.

—Oh, perdón, nada —respondió, limpiándose las manos con la servilleta mientras evitaba la mirada de Lucas. Lo sentía como dedos cálidos rodeando su rostro, y eso no le gustaba—. Es solo que vi la cara de León.

Menos mal que nadie dudaba de que León Álvarez pudiera poner cara de tonto…