Capítulo 5
Capítulo Cinco
Quinto encuentro
— ¿Por qué llevas corbata?
Él negó con la cabeza y la miró. Cada vez que se veían, ella siempre tenía alguna pregunta. ¿Cómo estás? ¿Cómo te ha ido en el partido? ¿Ya comiste?
— Ah, claro. Siempre vas de traje en el avión. ¿Vienes directo del aeropuerto?
Lucas se quitó la corbata, seguida de la camisa, y tiró ambas al suelo.
Anna se mordió el labio mientras su mirada se deslizaba con avidez por su pecho desnudo… y él se puso duro. La mirada de esta mujer era peligrosa.
—De acuerdo. Nada de hablar. Entendido. —Sonrió—. Pues haz cosas más útiles con la boca. ¿O es que eres flojo en todo lo que tenga que ver con tus labios?
« N o tenemos nada en común».
Anna empujó la puerta del Ice Lounge con el puño y apretó los dientes.
«No tenemos nada en común».
Esas palabras llevaban días rondándole la cabeza… ¡y maldita sea lo que la fastidiaban!
No había estado enamorada de Lucas. No había querido nada de él aparte de su cuerpo. Pero dedicarse tanto tiempo y pasión el uno al otro no era nada .
No habían compartido comidas, sentimientos ni tiempo libre, pero se habían mostrado respeto y cercanía, una cercanía que ambos necesitaban. Él la necesitaba tanto como ella. Al menos eso era lo que ella había creído.
Se cruzó de brazos con más fuerza y se puso de puntillas para ver por encima de las cabezas de los clientes del bar. ¿Dónde estaba la mesa de los Hawks?
Entendía que Lucas estuviera enfadado con ella, sobre todo ahora que sabía que tenía una hija a la cual proteger. Sin embargo, eso no le daba derecho a hacerla sentir como si no hubiera tenido ningún valor en su vida porque… él había tenido mucho valor para ella.
Su teléfono vibró, así que dejó de buscar a los jugadores por un momento y miró la pantalla. Tenía un correo nuevo en su bandeja de entrada. Al leer el remitente, se le hizo un nudo en el estómago.
No pasa nada si no quieres contestar. Me lo esperaba. Pero ¿podrías al menos decirme si has recibido mi último mensaje?
Cerró los ojos y respiró hondo. Se suponía que su vida iba a ser más relajada tras terminar todos los estudios, pero en la última semana todo parecía haberse vuelto más complicado. No estaba lista para responder al correo, ni siquiera con un: «Lo recibí».
—¡Ahí estás! —exclamó una voz y un brazo la rodeó por los hombros—. Llegaste justo a tiempo. Aún no se ha entregado la primera Copa de la Vergüenza .
Guardó el teléfono en el bolsillo antes de volverse hacia Lucy con una sonrisa.
—¿La primera qué?
—¡La primera Copa de la Vergüenza ! —respondió—. ¿Dax no te lo contó? Empecé una tradición el año pasado para inaugurar los playoffs: honrar a los mayores idiotas de la temporada.
Oh, sus hermanos sin duda estarían nominados en varias categorías. Anna sonrió de oreja a oreja y dejó que Lucy la arrastrara por el bar hasta la zona VIP del Ice Lounge.
—¡Suena divertido!
—¡Lo es! León ganó cinco de los diez premios el año pasado, y todos estamos ansiosos por ver si es capaz de superarse a sí mismo.
Anna se rio, liberando parte de su tensión.
No estaba allí necesariamente porque quisiera estarlo.
Su primera semana de trabajo había sido agotadora, y había tenido que suturar un corte en la barbilla de Charkov y atender el hombro lesionado de León después del partido de hoy.
Los jugadores no eran como otros pacientes.
Por lo general , la gente quería que ella los tratara.
Charkov y León, sin embargo, se habían pasado media hora asegurándole que estaban bien; uno de los idiotas hizo el trabajo innecesariamente sangriento y el otro se estremecía cada vez que ella se movía, como si Anna estuviera manejando puñales en lugar de bolsas de hielo.
Estaba cansada y anhelaba su cama y a sus mejores amigos, Ben y Jerry.
Pero Dax y Jack habían dicho que les encantaría verla allí para la última velada relajante antes de los playoffs…
y no quería que Lucas tuviera la impresión de que lo estaba evitando.
¡Porque no era así! Era pura coincidencia que solo se hubieran visto de lejos desde su discusión frente a su casa.
Además, debería empezar a acostumbrarse a salir un poco más. Sentía que había puesto su vida social en pausa durante casi dos años, y ahora iba a cambiar eso.
—¡Chicos, nuestra nueva doctora estrella ya está aquí!
—anunció Lucy al detenerse frente a una enorme zona de sofás.
Una docena de gigantes y dos mujeres ya estaban sentados allí.
Las mujeres eran Penny y Maddie, la prometida de Matt Payne y la hermana de Lucy.
En total, había un buen grupo. Eso estaba bien, porque así no tendría que tener contacto con Lucas…
—Toma, te guardamos sitio —dijo Dax y la atrajo al banco junto a él… justo enfrente de Moreau.
Ah, genial.
Anna encogió las piernas al sentarse porque el muy canalla las tenía bastante largas, y no quería que pensara que estaba jugando a rozarle los pies de forma deliberada.
—¡Qué bien que estés aquí! —exclamó Penny, dándole la distracción que necesitaba. No tenía ningún deseo de saludar ni siquiera de mirar a la persona que tenía enfrente, aunque sentía su mirada clavada en ella—. Necesitamos un poco más de estrógeno por aquí.
—No, lo que necesitamos es un cartel de prohibido mujeres —masculló León con desgana. Penny puso los ojos en blanco y le dijo algo en español, tras lo cual él se puso de inmediato tan rojo como el daiquiri de fresa que Lucy estaba dejando frente a ella.
—Bueno, Penny seguro que se lleva el trofeo a la domadora de León —dijo Matt, sacudiendo la cabeza.
—Por desgracia, no hay ninguno de esos —anunció Maddie con pesar y, al momento siguiente, sacó de debajo de la mesa una bolsa de yute abultada. La volcó y de ella rodaron unas veinte figuritas de plástico tipo Oscar, cada una con una inscripción diferente en la base.
—¿Por qué hay tantos, Maddie? —preguntó Lucy, perpleja.
Su hermana se encogió de hombros y se ruborizó.
—Bueno, hice unos cuantos trofeos de participación más. No quería que nadie se pusiera triste por no ganar.
Matt se rio por lo bajo y le besó la sien.
—Estoy seguro de que todos estaremos bien si no ganamos el premio al… —Atrajo dos de los Oscars hacia sí—, Mayor Saco de Golpes o al Gracioso más Patético .
—Habla por ti —gritó León—. ¡El de Mayor Saco de Golpes es mío!
—No lo sé —caviló Anna con duda—. He estado estudiando muchos informes médicos esta última semana y Charkov sale del hielo con más ojos morados.
—Lo que significa que puede ganar el trofeo al Mayor Alfeñique —replicó León incrédulo—. ¡Es que yo soy mejor esquivando que él!
—Yo no entender. A mí gustan patos. Animales listos son —dijo Charkov, frunciendo el ceño.
Eso hizo que todos se rieran y Lucy tomó el primer Oscar de la mesa con una sonrisa.
—Lo siento, León. Anna tiene razón, ¡Charkov gana la primera ronda!
El ruso sonrió con suficiencia y le dio las gracias.
—Charkov —masculló Fox en tono de advertencia—, ¡eso no es algo bueno! ¡Es una indirecta para que te pelees menos y no nos sumes tantos minutos de penalización!
—Sí, sí. Pegar solo cuando nadie mirar —respondió el defensa restándole importancia.
Fox gruñó y Lucy soltó una risita burlona.
Maddie sonrió y sacó el trofeo al Mayor Payaso sobre el Hielo , que recayó por unanimidad en León, quien incluso había eclipsado a la mascota con algunas de sus actuaciones.
El jugador pareció apaciguarse un poco con el premio…
y Anna notó que se relajaba. De hecho, se reía más de lo que lo había hecho en mucho tiempo.
Y sentía que encajaba allí. Había echado de menos eso, salir con amigos y no estar estresada en lo más mínimo.
Lo único agotador era ignorar a Lucas. Cada vez que veía que se llevaba la cerveza a los labios, incluso por el rabillo del ojo, su mirada se sentía atraída hacia él.
Cualquiera pensaría que sería fácil ignorar al tipo eternamente silencioso, pero cuanto más tiempo permanecía callado, con más frecuencia quería mirarlo.
Se sentía tentada a estudiar sus reacciones.
Su postura, su rostro; todo aquello revelaba mucho más sobre el hombre que sus palabras.
No ayudaba que no dejara de imaginar que la miraba.
Sin embargo, cada vez que se giraba, él estaba hablando en voz baja con Fox o mirando el vaso que hacía girar entre sus manos.
Una pequeña piedra negra aterrizó en su estómago. Joder, de verdad le importaba un bledo, ¿no? Para él, era como si nunca hubiera pasado nada entre ellos.
—Muy bien, damas y caballeros —anunció Lucy en voz alta, tamborileando con los dedos en la mesa—. Ya llegan las dos últimas categorías de las Copas de la Vergüenza . ¡El momento que todos estábamos esperando! ¿Quién se lleva la Copa al Escándalo y quién la del Cordero Inocente ?
Vítores y aplausos recorrieron la mesa mientras Maddie preguntaba frunciendo el ceño:
—¿Por qué es una vergüenza ser inocente? Quiero decir, yo también soy un cordero inocente.
—Oh, ¿de verdad? —comentó su hermana con interés—. Vi tres pares de esposas junto a tu cama, lo que sugiere lo contrario.
Maddie abrió los ojos de par en par por el impacto.
—¡Lucy!
—Sí, en serio —respondió Matt indignado—. Ahora hay cuatro y… ¡ay, Maddie! —Se frotó el brazo donde su prometida le propinó un golpe—. ¡Tú insistes en ser siempre honesta con los amigos!
—Ay, Dios mío. —Echó la cabeza hacia atrás con un gemido.
—El caso es —salió Fox en su ayuda—, que la persona que reciba la Copa a la Inocencia probablemente sea la que menos multas pagó el año pasado y, por tanto, pueda invitarnos a todos a una ronda esta noche, Maddie. Por eso nadie quiere ganarla…
—Así que empezaremos con la Copa al Escándalo —añadió Lucy, moviendo las cejas—. ¡Creo que este año es bastante obvio! La ganadora indiscutible es… ¡Penelope Clark!
—¿Qué? —La dueña de los Hawks jadeó indignada—. Pensé que esos trofeos raros solo eran para los jugadores.