Pasión, Amor y Hockey (Amor y Hockey 4) Prólogo #4
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Prólogo #4

—Bien, perdón. Lo entiendo. No pretendía… No era mi intención… —Sacudió la cabeza y miró al suelo—. Por supuesto. Tú… no quieres . No te interesa. Lo siento. —Retrocedió un paso y apretó los labios.

Moreau exhaló larga y profundamente. Cuando ella levantó la vista, vio que él estaba agarrando el borde de la barra, con los nudillos blancos de nuevo.

—No importa lo que yo quiera. —Anna parpadeó, sin entender a qué se refería—. Me besaste porque tu hermano te dijo que no lo hicieras.

Durante unos segundos, lo miró sin decir palabra; entonces se le encogió el corazón mientras su presión arterial se disparaba. ¿Eso era lo que él pensaba que estaba pasando?

—Vaya, muchas gracias. Si crees que baso todas mis decisiones en lo que dice Dax, no eres mejor que los demás —respondió con frialdad y le dio la espalda, harta de todos esos hombres arrogantes que sentían que podían dictarle lo que pensaba y lo que debía o no debía hacer. Intentó pasar por su lado.

Sin embargo, no llegó muy lejos. Lucas rodeó su muñeca con una mano áspera y tiró de ella con fuerza hacia atrás.

—De acuerdo —reviró él con dureza, entornando los ojos—. Seguiré el juego: ¿por qué me besaste?

—Porque quise —respondió, impasible, soltando su mano de la de él—. Porque ha sido lo primero que realmente he querido en mucho tiempo… y por un momento fugaz, pensé que de verdad podría tenerlo.

En silencio, la miró.

Maravilloso. Suspiró y cerró los ojos.

—Como quieras. Pensé que podríamos ser compatibles y esperaba aliviar un poco el estrés contigo.

Pero… —Se frotó el puño sobre el corazón, que todavía latía con rapidez, y respiró hondo—.

Sabes, mi vida actualmente consiste en trabajo, exámenes y estudio.

Estaría bien tener una distracción de vez en cuando.

Veinte minutos a la semana en los que no tenga que pensar.

Pero obviamente no soy la única que permite que Dax Temple imponga las reglas.

Retrocedió de golpe y se apresuró hacia el guardarropa desocupado. Estaba a punto de alcanzar la puerta a la altura de la cintura para agarrar su chaqueta cuando una mano posesiva aterrizó sobre la suya y la obligó a detenerse de súbito.

—Distracción —susurró una voz grave en su oído, y se le cortó la respiración cuando los labios suaves de él rozaron su oreja—. ¿Es eso todo lo que quieres?

Sintió el calor de Lucas en su espalda y, con la mano libre de él en su cadera, la atrajo lentamente hacia atrás, haciendo que su ritmo cardíaco se acelerara.

—Sí. Eso es todo.

—¿Felicidad a corto plazo?

—Sí.

—Dax…

—Nunca lo sabrá.

Lo sintió asentir, lo notó porque sus labios rozaron su cuello, tan suaves y sensuales, antes de que su barba rascara la piel sensible y excitada.

Su suave jadeo fue interrumpido por las palabras de él.

—Solo tengo una regla. —Deslizó sus manos por las caderas de ella, metiendo sus dedos ásperos bajo el dobladillo de su falda hasta encontrar la piel desnuda, trazando círculos en la cara interna de sus muslos antes de deslizarse más arriba.

—¿Cuál es? —preguntó en un susurro, cerrando los ojos. Se hundió contra el pecho duro de él y sintió cómo estaba, grande y duro contra su trasero. Por culpa de ella.

—No mentiras. No hablar. Solo sexo.

—¿Sin hablar? ¿Qué significa eso?, yo…

Él le dedicó un suave mordisco en el cuello antes de trazar el contorno de sus bragas con su dedo índice, evitando su centro.

Anna reprimió un gemido.

—Bueno —jadeó—. Sin hablar. ¿Algo más?

—Sí.

—¿Qué?

—Nada de dramas.

—¿A qué te refieres?

—Quiero que me digas que no hay nada que pueda meterte a ti y, por tanto a mí, en la prensa. Ellos me dejan en paz. Tiene que seguir así. No arriesgaré eso por ninguna mujer en el mundo.

Vaciló.

La prensa estaba interesada en Dax, pero no en ella. Y eso solo cambiaría si… se investigara más a fondo su situación familiar. Si saliera a la luz que el mayor rival de Dax era su hermano, los periodistas la interrogarían a ella también. La seguirían.

Sí, el hecho de que tuviera un segundo hermano que jugaba al hockey profesional y que pronto podría unirse a los Hawks…

cuyos instintos protectores eran tan fuertes como los del moreno y que tenía el poder de iniciar el mayor circo mediático de su vida, podría, potencialmente, desagradar a Lucas Moreau.

¡Pero nadie lo sabía! Nadie se enteraría. Dax se encargaría de eso.

—No hay problema —murmuró—. No hay nada.

—Bien. —Sus labios encontraron el lóbulo de su oreja y su mandíbula—. Una cosa más.

—¿Qué?

—Veinte minutos no son suficientes para mí.

Lo siguiente que supo fue que él la estaba empujando hacia el guardarropa, girándola en sus brazos y bajando su boca hacia la de ella. Le quitó a besos la última de sus preocupaciones y tal vez incluso la cordura, antes de que desconectara por primera vez en meses y simplemente sintiera .

El examen se alejó en la distancia. El correo electrónico sin responder en su bandeja de entrada se evaporó en el aire. Y el pensamiento de que alguien pudiera descubrir alguna vez que Jack West era su hermano desapareció por completo…