Pasarse la Raya (DC Jake Tanner 5) Capítulo 37
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Capítulo 37

CORREO ELECTRÓNICO

C uando Jake entró en la sala de coordinación de incidentes graves, se encontró con dos nuevas incorporaciones al equipo.

El refuerzo. La agente Ashley Rivers, cuyo primer día había coincidido con el inicio de la investigación sobre Matheson, y otra joven detective llamada Nancy.

Era menuda, de complexión similar a Ashley, y parecía nerviosa por estar en su presencia.

Pero ni rastro de Stephanie.

—¿Vienes a ayudar? —gritó Ashley desde el otro lado de la sala.

—¿Y arruinar todo el trabajo duro que habéis estado haciendo? No sería justo para vosotras.

—Quizá deberías invertir algo de tu mano de obra y echarnos una mano —espetó Ashley.

Zas .

Era la primera vez que tenía algún tipo de enfrentamiento con ella y no supo cómo reaccionar. De haber sido Stephanie o Darryl, se habría sentido lo bastante cómodo para responderle. Pero como Ashley era todavía tan nueva en el equipo, no estaba tan seguro de poder hacerlo.

—¿Dónde está Steph? —preguntó en su lugar.

Ashley señaló con el pulgar hacia la habitación de al lado. Jake le dio las gracias y se dirigió a la sala de investigación 4.

Allí la encontró, en el centro de la habitación, sentada tras su portátil, con los auriculares conectados al móvil que descansaba sobre la mesa.

A ambos lados de ella había una pila de ordenadores portátiles y una montaña de archivadores de palanca.

La era analógica frente a la era digital. Y ella dominaba ambas.

—¿Puedo hablar contigo un momento? —preguntó.

Ella apartó de golpe la vista de la pantalla y le frunció el ceño.— Has vuelto. Darryl ha pasado por aquí antes. Me ha preguntado dónde estabas…

—Sí, me ha encontrado.

—¿Y qué te ha dicho?

—Cosas. Algo sobre un conflicto de intereses. —Jake se encogió de hombros como un adolescente.

—¿Cuándo te ha frenado eso antes? —preguntó Stephanie, hizo una pausa y se rascó un lunar en la mejilla—.

Te conozco desde hace tiempo, Jake. Y nunca te he visto actuar así.

Jamás. Eres un capullo, de acuerdo. Pero nunca te he visto esforzarte tanto en algo, sobre todo si se salta las normas a tantos niveles.

—Ya… —dijo Jake, sin estar seguro de adónde iba a parar la conversación.

Justo antes de que ella continuara, su portátil emitió un pitido. La notificación captó su atención. Hizo clic en algo y se quedó mirando la pantalla, con los ojos fijos en los píxeles. Continuó observándola durante un tiempo anormalmente largo, como hipnotizada.

—¿Steph?

Nada.

—¡Steph!

El fuerte grito la sacó de su estupor. Se sacudió para volver al presente y se disculpó.

—¿Algo importante? —preguntó Jake.

—Solo… solo otro… correo.

—Vale. Bueno, ¿decías?

—¿Qué decía?

—Me has llamado capullo…

Su rostro se iluminó al recordarlo.— Puedo cubrirte cuando no estés aquí, pero no soy maga. Tendrás que dejarte ver de vez en cuando.

Era un capullo. Pero un capullo con suerte.

Quizá esa fuera la única forma de conseguir cosas en la vida.

—¿O sea que me das vía libre para hacer lo que quiera?

—Esa audición selectiva tuya vuelve a fallar, ¿verdad? Te has saltado por completo la parte de dejarte ver por aquí. No me obligues a retirar lo que acabo de decir.

—Lo siento… —Jake levantó las manos en señal de rendición—. ¿Qué piensan los demás? Ashley me ha soltado un hachazo hace un momento.

—Ya se le pasará. Creo que está harta de todo lo relacionado con Matheson.

—Como todos. —Jake le dedicó una sonrisa de medio lado y recibió otra en respuesta—. ¿Hay algo más que deba saber? ¿Alguna novedad sobre los miembros del jurado?

Stephanie negó con la cabeza.— Estamos en ello hoy. Está costando lo suyo conseguir la lista del Ministerio de Justicia. En cuanto la tengamos, habrá algo en lo que hincar el diente.

Jake se lo agradeció y le dijo que tenía que marcharse.

—Intentaré cubrirte todo lo posible, Jake. Pero no te pases de listo. En cuanto traiciones mi confianza, se acabó. Se esfumó.

Jake se detuvo a medio giro y la miró de frente.— Oído cocina. Gracias.

Tenía el cuerpo frío. Más que frío, de hecho. Congelado, bajo cero.

El correo electrónico la había sumido en un estado frenético de shock, delirio y paranoia.

No había sabido cómo reaccionar, así que no había reaccionado en absoluto. Simplemente se había quedado mirándolo.

¿Y ahora qué estaría pensando Jake? ¿Que era rara? ¿Que de algún modo estaba trabajando contra él?

Pero esa era la menor de sus preocupaciones.

Al cuerno con Henry Matheson.

Al cuerno con Jake.

Al cuerno con Darryl.

Al cuerno con el equipo.

Su prioridad absoluta era aquel correo.

Estaba en la parte superior de su bandeja de entrada, abierto, marcado como importante. Sin encabezado, sin dirección de remitente. Era un fantasma en el sistema. Pero, a diferencia de un fantasma, el mensaje de su interior era visible.

Grabado a fuego en su cerebro.

Con las manos temblorosas, alcanzó el ratón y movió el puntero por la pantalla. Inhalando profundamente, reteniendo el aire en los pulmones hasta estar a punto de explotar, volvió a hacer clic en el correo.

Aparecieron varias imágenes.

Varias imágenes, muy pixeladas y borrosas, de su padre. Sentado en su celda. Ataviado con su uniforme de preso. Vagando sin rumbo por el lugar, con el aspecto de quien quiere participar en una partida de billar.

La última imagen mostraba el resultado de aquella petición: su padre acorralado contra la pared, con un taco de billar presionado contra el pecho.

Las lágrimas asomaron a sus ojos. ¿Cómo podían ser tan monstruosos?

Al final del correo figuraban estas palabras:

¿QUIERES QUE ESTÉ CÓMODO? PRÓXIMAMENTE MÁS INSTRUCCIONES.

Casi como si alguien estuviera detrás de ella, observando cada uno de sus movimientos, su móvil pitó. Vibró sobre la superficie y la pantalla se iluminó.

Con tiento, temiendo que fuera a detonar si lo tocaba con demasiada violencia, lo levantó y abrió el mensaje.

Otro número desconocido.

Paso subterráneo de Cosgrove Estate. E11 4QZ. Medianoche.