Pasarse la Raya (DC Jake Tanner 5) Capítulo 36
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Capítulo 36

EL CICLO DE LA VIDA

J ake no hizo el menor esfuerzo por apresurarse a volver a su mesa. La oportunidad de atrapar y arrestar a la persona responsable de haberle robado los ahorros de toda una vida se le había escapado de las manos. Y él era el único culpable. Nadie más que él.

Eres una mierda, Jake. Una mierda absoluta.

Una pifia de principio a fin.

Al que buscas empieza por D…

D de Dimitri.

D de Darryl.

D de Danika.

D de Danny Cipriano.

D de Denise, su madre.

D de la próxima persona que intentara dirigirle la palabra.

¿Cómo iba a saber ya en quién confiar, si ni siquiera confiaba en sí mismo para hacer lo más básico?

El parásito de la paranoia y la duda supuraba en su mente, enterrándose cada vez más hondo.

¿Qué iba a decir Elizabeth? Al carajo con eso...

¿qué iba a decir Stephanie? Ella había sido quien se había volcado en ayudarle a desenmascarar a Dimitri.

Ella había sido quien había invertido su tiempo y arriesgado su carrera por él.

En todo caso, a quien más había decepcionado era a ella.

Jake pasó su tarjeta y entró arrastrando los pies en la oficina. Mientras avanzaba por el pasillo, se permitió un momento de relax, liberó la tensión de los hombros y centró su atención en la puerta de la MIR4.

—¡Tanner! —exclamó una voz, haciéndole detenerse en seco de forma brusca y estremecedora.

Al instante supo de quién era aquella voz.

—¿Todo bien, jefe? —preguntó Jake, vacilando antes de reunir el valor necesario para darse la vuelta y encarar a su superior.

—Creo que tú y yo tenemos que hablar un momento.

Al que buscas empieza por D…

D de Darryl.

La puerta del despacho de Darryl se cerró con una rotundidad que le dio escalofríos.

Jake ya se había visto antes en situaciones así, a punto de ser amonestado por sus actos, pero nunca había tenido tanto miedo.

Esta vez había cometido un error auténtico en lugar de soltar una de esas mentiras piadosas por las que era tan conocido.

—He estado oyendo algunas cosas por la comisaría, Jake. Y quiero entender qué está pasando —dijo Darryl mientras pasaba por el lado izquierdo de Jake.

—¿A qué se refiere, señor? —preguntó, esperando que al hacerse el tonto pudiera disipar algo de la malicia en la voz de Darryl.

—Creo que sabes perfectamente a qué me refiero. No me vengas con esas, y menos cuando tenemos al subcomisario tan encima. Le tengo soplándome en la nuca casi a todas horas, recordándome la importancia de la vista de Matheson.

Así que ya nos hemos olvidado de Roland, ¿eh? No ha durado mucho.

—Uno de mis trabajos como mando es recibir todos los palos que vienen de arriba y asegurarme de que os llegue lo mínimo a vosotros.

Jake enarcó una ceja. —¿No pensabas que esa era precisamente la clave de ser jefe? Poder descargar todo el torrente de mierda sobre nosotros. Multiplicado por diez.

—¿Y conseguir que odies tanto tu trabajo que acabes dejándolo o pagándolo con todo el mundo?

Eres responsabilidad mía, así que es justo que sea yo quien cargue con tus negligencias.

Si tú no rindes, yo no rindo. Y cuando sigues cagándola, te abren un expediente de rendimiento y luego nos decimos adiós.

Te sustituyo y el proceso vuelve a empezar. Es así de sencillo.

El ciclo de la vida.

Ve a trabajar, pierde tu empleo, repite.

Hasta que al final estiras la pata.

Darryl continuó: —La moraleja de la historia es que hagas tu trabajo correctamente. Y a conciencia. Algo que, por lo que me llega, no has estado haciendo.

Darryl dio un paso hacia su mesa, aliviando la tensión entre ambos.

—¿En qué pensabas al arrestar a ese tipo?

No se supone que debas entrometerte en otros departamentos, ni tampoco que debas involucrarte en tu propia investigación.

Hay un claro conflicto de intereses. Por no mencionar que le estás quitando tiempo al juicio de Matheson. Has dejado a Steph completamente sola.

Jake recordó algo que Darryl le había dicho hacía unos meses, mientras él y Ashley estaban en medio de una operación de vigilancia no autorizada frente a Cosgrove Estate, la casa de Henry Matheson.

Las paredes oyen en la oficina, Tanner…

Stephanie había sido los oídos entonces, pero… no podía serlo ahora, ¿verdad? Jake descartó la idea. Stephanie le estaba ayudando por voluntad propia. Podría haber protestado y haberse mostrado ofendida por el trabajo que él le encargaba, pero quería ayudarle.

Ella no haría algo así.

No. Darryl tenía sus propios oídos por todas partes.

Al que buscas empieza por D…

—Esto afecta a mi familia, jefe —dijo Jake con la mayor calma y cortesía posibles. No quería revelar que conocía el secreto de Darryl. —Tengo que involucrarme. Seguro que lo entiende.

—No eres Batman, Jake. No eres ningún tipo de vigilante que busca su propia justicia.

Eso no entra dentro de tus competencias.

Condenar a Henry Matheson, sí. Una vez que todo esto termine, podrás dedicar toda tu atención a atrapar a los que te quitaron el dinero.

Pero, hasta entonces, quiero que priorices el caso Matheson. Es así de simple.

Jake asintió despacio, fingiendo que escuchaba. Aunque ambos hombres sabían que no era así.

—¿Y si mi investigación sobre Dimitri Romanoff descubre algo más; algo más grande, algo con lo que no contaba? —dijo Jake, mientras por su mente desfilaban las imágenes de los números y códigos de barras que había visto en las muñecas de las empleadas del salón.

Darryl se cruzó de brazos. Enarcó una ceja. —¿Qué has encontrado?

—Nada —mintió—. Era solo un suponer.

—Bueno, hasta que no me des algo concreto, no lo permitiré.

Concreto, como el bloque de hormigón de la tumba de Danny Cipriano.

Jake esbozó una mueca. —Genial. ¿Hemos terminado? Tengo que volver a la investigación de Matheson.

Darryl vaciló un instante. Se le encendió la cara y apretó ligeramente los labios. —Estás en la cuerda floja, Jake. En la puta cuerda floja si vuelves a pasarte de la raya y a hablarme así. Mantén la forma, por favor, muchacho. Ahora lárgate y vuelve al trabajo.

Y Jake lo hizo, pero no en el trabajo que Darryl quería que hiciera.