Pasarse la Raya (DC Jake Tanner 5) Capítulo 25
31%

Capítulo 25

RECADOS

D urante el tiempo que Henry llevaba interno en la prisión de Wandsworth, confinado entre las mismas cuatro paredes y sin más iluminación en su celda que el suave resplandor de la contaminación lumínica, su capacidad para ver en la oscuridad se había agudizado enormemente.

Las lisas paredes grises cobraban nuevos colores.

Los obstáculos adoptaban posiciones distintas y se dibujaban con más nitidez en su visión.

Casi como un superhéroe de carne y hueso.

Al final del largo pasillo se divisaba una fina franja de luz. Delante de él, con el tintineo de las llaves y el eco de sus botas, iba Williamson. El hombre lo había sacado a rastras de la celda para llevarlo a su lugar de encuentro habitual.

Llegaron al final del pasillo. Williamson abrió la puerta y le indicó a Henry que pasara.

—Esto no te va a gustar, Hen —dijo Williamson mientras cerraba la puerta tras de sí.

—No tiene por qué gustarme. Solo necesito saber qué has averiguado.

Williamson inhaló profundamente. —He estado hablando con gente hace un rato. Mis contactos hablaron con sus contactos, y sus contactos hablaron con...

—Sé cómo funciona la comunicación, gilipollas. Suéltalo de una vez.

—Trabaja para el Cónclave.

Corto y directo. Sin paños calientes, Williamson.

—¿Cómo lo sabes?

Williamson inspeccionó el vestíbulo. —Porque mis fuentes me dicen que lo han visto trabajando con la Brigada Móvil. Uno de ellos ha dicho incluso que le sonaba su cara.

—¿De qué?

—De un grupo de delincuencia organizada. El señor Carlson trabajaba infiltrado junto a mi contacto, intentando meterse en una banda de narcotraficantes.

—Así que es un agente infiltrado... —dijo Henry, antes de sumirse en sus pensamientos.

Y no precisamente uno muy bueno, joder.

—Además, y esta es la parte más graciosa, el muy imbécil cometió la estupidez de poner el número del Cónclave entre sus contactos de emergencia. Lo he cotejado con el número que me diste y era el mismo.

Henry se tomó un momento para asimilar la información.

Menudo caradura. Mandar a un agente infiltrado y pensar que no se daría cuenta.

Ahora ya no le cabía ninguna duda de que Owen estaba allí por una sola razón. Sus instintos no le habían fallado y se alegraba de haber confiado en ellos.

—Mañana por la mañana organizaré su salida de aquí para que lo trasladen a otra parte —susurró Williamson.

—No. No será necesario. Deja que sea yo quien se encargue de nuestro nuevo amigo.

Un ruido resonó a espaldas de Henry, lejano, como si hubiera atravesado seis juegos de puertas de acero antes de llegar hasta ellos.

—Será mejor que te vayas. ¿Hemos terminado?

—Sí, hemos terminado.

—Perfecto. Porque todavía tengo que hacer algunos de tus putos recados.