Pasarse la Raya (DC Jake Tanner 5) Capítulo 21
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Capítulo 21

VENDETTA

J ake hacía oscilar la pierna arriba y abajo, provocando un chirrido fuerte y persistente.

—¿Puedes parar? —preguntó Stephanie, dejando los papeles que tenía en la mano sobre la mesa—. Me caes bien y creo que eres un tipo estupendo, pero no me daría miedo matarte.

Jake se detuvo y se disculpó. Ella le dio las gracias —con sarcasmo, anotó él— y volvió a centrar su atención en el ordenador portátil. Luego cogió las fotocopias de las facturas de British Gas, las barajó y las extendió uniformemente a ambos lados del dispositivo.

—¿Qué haces ahora? —le preguntó él, con una impaciencia que burbujeaba con más fuerza a cada minuto que pasaba.

—Rastrear el número de móvil —respondió ella—. Al menos lo estoy intentando .

—¿Por qué?

—Tengo que conseguir que me lo autoricen. Pero, lógicamente, eso va a llevar algo más de tiempo de lo previsto originalmente.

—¿No hay una forma más rápida de hacerlo?

Stephanie se apartó del ordenador y le lanzó una mirada. —¿No hay una forma más rápida de que te calles y me dejes hacer lo que me has pedido?

Jake se hundió más en el asiento, intentando esconderse de sus miradas mordaces, aunque fracasó estrepitosamente. En aquel despacho tan pequeño no había donde huir.

—¿No hay nada que pudieras estar haciendo para ayudar? —preguntó ella.

Por descontado: muchísimas cosas. Encontrar al asesino de Roland. Enmendar su fracturada relación con Elizabeth. Trabajar en el juicio de Matheson.

Pero encontrar su dinero, y dar con la persona responsable de habérselo llevado, era su prioridad.

Alargó la mano sobre la mesa y cogió los originales de las cartas.

A todos los efectos, los documentos parecían auténticos.

El logotipo. La fuente. El formato. Incluso tenían el número de registro de la empresa en la parte inferior.

Lo que significaba que quienquiera que estuviese detrás tenía talento.

Un individuo —o varios— que sabía lo que hacía. Que tenía los recursos para que pareciera profesional. Que tenía una vendetta personal contra él ...

Jake apoyó los brazos en el borde de la mesa y, encorvando la espalda, realizó una búsqueda en internet. Sus ojos recorrieron la primera página de Google y no pasaron de ahí.

Inspirado, realizó otra búsqueda. Los resultados fueron los mismos. Los foros en línea de varios sitios web le dijeron todo lo que necesitaba saber: en la historia de British Gas, nadie había sido objeto de un ataque fraudulento por parte de la empresa de la manera en que lo había sido él.

Correos de phishing , llamadas de spam , por supuesto. Pero nada parecido a correo postal basura. Lo cual significaba una cosa: él era la anomalía. Habían ido a por él específicamente. Alguien se había propuesto desplumarlo y quitarle todo lo que tenía.

Un nombre le vino a la cabeza a Jake: La Cábala.

Al que quieres es a D...

D de Darryl.

La figura sin rostro y sin nombre que lo perseguía y que había convertido su carrera, y ahora su vida, en un infierno.

Y entonces una idea le cruzó la mente.

Solo había un hombre que había trabajado con La Cábala y que estaría dispuesto a hablar con él. Y estaba sentado entre rejas.

Jake se levantó bruscamente de la silla y agarró las cartas de su escritorio. Las dobló por la mitad y se las metió en el bolsillo interior de la americana.

—Vaya, conque ya has acabado, ¿no?

—No —respondió Jake, sin intentar ocultar el desdén en su voz ante la insinuación de ella.

—¿A dónde vas entonces?

—Voy a visitar a Liam.