Capítulo 10
UNA GRAN FAMILIA
— T ome asiento, por favor.
El ofrecimiento no era negociable. Darryl y Richard Candy ya estaban en sus puestos, sentados frente a él, esperando a que se sentara.
La atmósfera de la sala había pasado inmediatamente de lo solemne y macabro a lo profesional y procesal.
Y, al apartar la silla de la mesa, Jake empezaba a sentirse como si estuviera en mitad de una entrevista de trabajo.
Estuvo a punto de pedir una botella de agua antes de que empezaran.
—Antes de empezar —comenzó Candy, y Jake intuyó que a partir de ese momento todo iría en una sola dirección: Candy al frente, bajo los focos, y Darryl en un segundo plano, ojeando las notas—, me gustaría decir que este es un lugar seguro.
Nada de lo que se diga sale de estas cuatro paredes a menos que, por supuesto, usted declare que está conforme con ello.
El objetivo de esta reunión es comprender mejor su bienestar mental tras la noticia del fallecimiento del DC Lewandowski.
Tengo entendido que habían trabajado juntos durante algún tiempo.
Jake asintió cortésmente. —Éramos amigos.
—¿Y hay alguien con quien pueda hablar sobre lo sucedido?
Probablemente. Aunque no lo haría.
—Mi mujer.
No es que fuera a contárselo a ella.
—Siempre es bueno abordar estas cuestiones. Pueden ayudar a aliviar la carga que nos imponemos a nosotros mismos.
Jake lo sabía. Jake lo sabía todo sobre aquello: sobre las etapas del duelo, sobre la depresión, sobre cómo se sentía la gente y cómo gestionaba las cosas. Desde luego, no era el momento para un sermón.
—Por supuesto —dijo, fingiendo indiferencia. Era más fácil seguirles la corriente que causar problemas.
—Es usted uno de nuestros mejores y más brillantes inspectores —continuó Candy—. Primero, el trabajo que realizó con el Destripador de Stratford, luego todo aquel lío con Liam, Drew y Pete y, por último, la mención de oficial del año. Ha tenido un par de años muy exitosos con nosotros.
Jake se burló para sus adentros. El éxito era un aspecto difícil de medir.
¿Había tenido éxito porque había ayudado a capturar a The Crimsons en aquel ferri en Southampton?
Sí. ¿Había tenido éxito porque había ayudado a salvar la vida de una prostituta en Stratford de la maldad amenazante del Destripador de Stratford?
Sí. ¿Había tenido éxito porque, con la ayuda de Stephanie, había desenmascarado a un grupo de agentes corruptos dentro del equipo?
Sí. ¿Había tenido éxito porque había ayudado a arrestar a uno de los peores y más organizados criminales que la ciudad jamás había visto? Sí.
Para algunos, su historial de éxitos era digno de admiración. Pero no para Jake. No era cuestión de modestia o ignorancia. La verdad subyacente era sencilla; a pesar de todos esos triunfos, todavía quedaba un problema.
La Cábala. Y no estaba más cerca de encontrarlo.
Al que quieres es a D…
Jake giró lentamente la cabeza hacia Darryl, que le dedicó una sonrisa amistosa. Jake le correspondió de forma burlona. Y entonces se dio cuenta de que tenía que responder.
—Hago lo que puedo, señor.
—Como es de esperar. ¿Y cómo van las cosas por casa? Tengo entendido que tiene una familia pequeña…
—A juzgar por la cantidad de comida que ingieren, no lo parece —dijo Jake, provocando una breve carcajada.
—Consumen todo tipo de cosas cuando son jóvenes.
—¿Tiene hijos, comisario adjunto?
Candy negó con la cabeza profusamente. —No, no. Pero mi hermanastro entró en la familia cuando yo tenía unos diez años. Edad suficiente para comprender que hasta la última gota de comida era para él, mientras que nosotros teníamos que pasar hambre hasta la mañana siguiente.
Una verdadera historia de superación , pensó Jake. Pero antes de que pudiera responder, su teléfono emitió un fuerte pitido. Luego otro y otro más.
—Parece que alguien necesita localizarle. —Candy señaló la pantalla con la cabeza; estaba iluminada con docenas de notificaciones, mensajes y llamadas perdidas.
—Será mi mujer. Está pasando por unas cuantas cosas en este momento —explicó Jake, sin darse cuenta realmente de lo que estaba diciendo.
El comisario adjunto preparó el bolígrafo sobre el papel. —¿Ah, sí?
—Sí —dijo Jake, fijando su atención en los mensajes de Elizabeth—. Su padre necesita un trasplante de riñón y yo le ofrecí el mío.
Los ojos de Jake se posaron en otro mensaje; esta vez era del NHS. —Ah, y parece que no voy a poder… nuestros grupos sanguíneos no son compatibles.
—Siento… lamento mucho oír eso —dijo Candy—. Pero —y espero que no le importe que diga esto— tengo un viejo amigo de la universidad que es cirujano. Se dedica a este tipo de cosas. Si me facilita los datos de su suegro, veré si mi amigo puede hacer algo para agilizar el proceso.
—Yo… No… —dijo Jake—. Eso es demasiado… No podría pedirle que…
—Veré qué puedo hacer. Aquí nos cuidamos los unos a los otros. Somos como una gran familia.
Vaya si lo eran. Una familia disfuncional en la que mentían y traicionaban, corrompían y sobornaban, descuidaban e ignoraban, e incluso empujaban a la gente al suicidio. Menuda familia.
Jake dio las gracias al hombre y se acomodó en una posición más confortable.
Intuyó que la reunión había terminado, que todo el mundo había dicho lo que tenía que decir…
que, en el gran esquema de las cosas, no era absolutamente nada.
Jake no se sentía más ligero por haber compartido sus emociones (como ya sabía que no ocurriría), y ni Candy ni Darryl habían aportado más detalles sobre la muerte de Roland.
Así que, en muchos aspectos, el quid pro quo había funcionado magníficamente.
Simplemente no de la forma en que ninguna de las partes esperaba.
—¿Hay algo más que deseen tratar? —preguntó Jake.
—En realidad, sí. —Esta vez las palabras vinieron de Darryl. El «Ojeador» había tomado el control del micrófono y ahora era el dueño de toda la sala—. Si me lo permite.
Jake se incorporó tentativamente para escuchar.
—¿Cuánto tiempo lleva ya en el cuerpo? —preguntó Darryl.
—Poco más de cinco años.
—Como ha dicho Richard, ha logrado mucho en ese tiempo. Considerablemente más que algunos de los demás miembros del equipo, con la posible excepción de Stephanie. Ese tipo de cosas no pasan desapercibidas —explicó Darryl.
Le había tenido engañado. Jake empezaba a pensar que sí pasaban desapercibidas.
—Usted está espabilado. Tiene la cabeza y el corazón en su sitio, aunque a veces quizás estén demasiado en su sitio. Pero eso es algo en lo que puede trabajar.
Jake no dijo nada y esperó a que Darryl continuara. Le estaba regalando los oídos, pero no iba a dejar que se le subiera a la cabeza tan pronto.
—Richard y yo hemos estado pensando, y nos preguntábamos si se ha planteado presentarse para el ascenso a sargento.
Estaría encantado de proponerle. Tendría una evaluación excelente.
Su expediente de servicios es asombroso teniendo en cuenta el tiempo que lleva con nosotros, en comparación con algunos de los otros.
Quiero decir, primero The Crimsons, luego Liam, Drew y el resto, y ahora Henry Matheson, uno de los criminales más prolíficos del país.
Debería ser recompensado por su duro trabajo y dedicación.
Habría un aumento de sueldo significativo —y sé que el dinero anda algo escaso para vosotros en este momento—, pero quizá lo más importante sea que tendría más poder y autoridad para hacer las cosas más rápido.
Lo que nos ahorraría a todos muchos quebraderos de cabeza en el futuro. ¿Qué me dice?
Al que quieres es a D…
D intentando dorarle la píldora.
D intentando despistarle.
D intentando ganárselo.
Bueno, por lo que a Jake respectaba, D podía irse a la mierda.
—¿Puedo pensármelo y decirles algo?