42. Parker Fashion, Glasgow
Parker Fashion, Glasgow
Joel
Han entregado la foto en mi despacho hace veinte minutos, una hora después de que mandara a todos los hombres a la calle a buscar a mi esposa lunática y a su compinche. Los hombres de la casa llamaron a Boyd cuando el cacharro de Sophie se alejó de ellos a toda pastilla.
El aire se volvió azul a base de tacos mientras los amenazaba con desmembrarlos por ser unos putos inútiles. Evan duerme plácidamente en su hamaca a mis pies. Mi madre lo trajo directamente en cuanto la llamé por la fuga de Nicky.
Boyd y yo nos sentamos en el sofá, mirando la imagen, sin hablar.
Es granulada. Descentrada. Pero inconfundible.
Nicky y Sophie están atadas al techo de un coche en medio de un almacén enorme.
Con los ojos vendados. Amordazadas. Drayton está sentado al volante, con la mano preparada para girar la llave.
A su lado, hay un par de piernas femeninas y esbeltas, una rodilla cruzada sobre la otra.
La foto está tomada en ángulo desde arriba, como si el fotógrafo estuviera de pie en una escalera de mano.
Me duele el pecho. Me digo que me calme, pero es como si mi cuerpo ya no obedeciera, la mandíbula apretándose tanto que cruje.
—¿Cómo ha podido ser tan estúpida? —gruño—. Han ido de cabeza a una trampa. Boyd me da una palmada en el hombro.
—Hacía lo que creía correcto —responde—. No sabes con qué la ha amenazado. Sophie se presentó en la casa esta tarde sin avisar. He revisado las cámaras de la tienda de esta mañana. Se vio a alguien parecido a Drayton dirigiéndose hacia allí a última hora de la mañana.
—¿Crees que así fue como Drayton le hizo llegar un mensaje a Nicky?
—pregunto, y él asiente. Las paredes parecen cerrarse mientras me sube el pánico.
Tenemos que encontrarlas, Boyd. Tenemos que matar a ese cabrón de una vez por todas.
—Miro a mi hijo—. Mi hijo necesita a su madre, aunque ella se crea una Ángel de Charlie .
Todos los ordenadores de Parker Fashion se han entregado a un miembro de nuestro equipo clandestino.
Estamos todos conectados al sistema de CCTV de la ciudad de Glasgow, peinando las grabaciones en busca de dos mujeres vestidas de negro que se dirigen a un polígono industrial entre las cuatro y las cinco de esta tarde.
Acaban de encontrar el coche de Sophie, abandonado en un parque de la zona por uno de nuestros equipos sobre el terreno.
Nos ha permitido reducir los parámetros de búsqueda al área de Govan.
Logísticamente, tiene sentido, a menos que las hayan movido en vehículo.
Pero mi intuición dice que no. Están allí. Esperándonos. Y va a ser malo.
—Arnot’s Shipbuilders —repite Boyd a quien acaba de llamarle al móvil—. ¿Seguro? —hace una pausa, escuchando—. Enviad a todos allí, pero esperad en el perímetro a que yo llegue. —Corta la llamada y se vuelve hacia mí—. Las hemos encontrado.
***
Hemos dejado un número mínimo de hombres en las instalaciones de Parker por toda la ciudad. Es un riesgo, pero si nuestra información es correcta, vamos a necesitar a todos en el almacén. Mi instinto me dice que esto es lo que quería Drayton: un duelo final. Combate cuerpo a cuerpo.
Se va a salir con la suya. Si quiere sangre, tendrá la mía. Pero no se irá de aquí en pie.
Evan y mi madre están de vuelta en la casa de moda, rodeados de seguridad. He tenido a mi hijo en brazos y le he prometido que traeré a su madre de vuelta. Fallarle no es una opción.
Mi madre posó los labios en mi mejilla y luego se acercó a Boyd. Se quedaron uno frente al otro, conversando en silencio. Le tomó la cara entre las manos y lo besó.
—Te quiero —susurró—. Siempre has sido mi héroe. Por favor, trae a mi familia a casa.
Mis sospechas han resultado ser ciertas. Su relación era mucho más que jefa y empleado. Una parte de mí se alegra. Otra siente el peso de lo que se están jugando.
***
Nuestro equipo está apostado alrededor del edificio. El patio vacío en el que se encuentra hace imposible acceder sin ser vistos. No hay dónde esconderse. Vamos a tener que cruzar el espacio abierto. Si tienen tiradores apostados, podrían cazarnos como a patos.
Desde que hemos llegado hace veinte minutos, no ha habido señales de vida.
Ni un sonido. Pero antes, los primeros de los nuestros en llegar vieron decenas de coches cargados entrando en el edificio.
Podría haber cientos de enemigos dentro.
Las enormes puertas metálicas chirrían al abrirse desde dentro, pillándonos a todos por sorpresa.
Está casi a oscuras, solo unas pocas farolas mortecinas iluminan el vasto espacio.
Un motor bronco cobra vida, y el mismo coche avanza hasta la penumbra.
Las mujeres siguen atadas al techo. Drayton pisa el acelerador y da vueltas por el patio, haciendo girar el coche violentamente de un lado a otro. Me muevo y Boyd me pone la mano en el brazo.
—Te está provocando —avisa—. Están vivas. Sus cuerpos están demasiado rígidos para ser otra cosa.
El coche frena con un alarido a la entrada del almacén bajo un charco de luz desvaída. Drayton sale, alza las manos, gira trescientos sesenta grados, hace una reverencia para su audiencia y luego se retira a la seguridad del edificio.
Entonces se abre la puerta del pasajero y aparece una mujer con una melena larga, lisa y oscura hasta el culo. Camina hasta la parte delantera del coche y saluda con la mano .
No. No puede ser.
Me retumba el pulso en los oídos.
Ebony.
—La familia Parker me jodió durante años. Esta es mi venganza. La pobrecita Ebony se ríe la última —grita en la oscuridad—. Joel, a tu mujercita patética que la pudra el infierno por mí. —Da media vuelta y sigue el mismo camino que tomó Drayton.
No puedo respirar.
Confié en ella. La saqué del infierno.
La apoyé en sus peores momentos, cuando nadie más lo haría.
Al final, la perdoné. Y ha estado jugando con nosotros todo este tiempo.
Se me hunde el corazón mientras la rabia me desborda. Ebony ha sido la topo desde el principio. Me siento como un puto idiota. Un hombre al que ha tomado el pelo una amiga que creía conocer.
Por primera vez, las mujeres del techo del coche se mueven, forcejeando contra sus ataduras. Una de ellas se zafa de la cuerda que le sujeta los brazos. Con la mala luz no distingo quién es, solo que sus manos van a su boca. Se arranca la mordaza de los labios, y la voz de Nicky se alza en el aire.
—¡Joel! —grita—. Están detrás de ti.
Se dispara un arma, el sonido ensordecedor.
Un fuego me atraviesa el cuello, y entonces se desata todo el infierno.
El disparo me estalla en el cráneo como un trueno. Se me doblan las piernas.
Me agazapo en el suelo, la palma apretando con fuerza el lugar donde me ha alcanzado la bala. La sangre me chorrea entre los dedos, la visión se me nubla. Solo puedo pensar en ponerla a salvo o morir en el intento.
La multitud de Drayton cae sobre nosotros; mis hombres están en combate cuerpo a cuerpo a mi alrededor. Destellos de metal giran a mi alrededor cuando se sacan cuchillos de las cinturas para mantener a raya al enemigo. Se disparan armas en todas direcciones, el ruido es demoledor.
Ellos venían preparados.
Nosotros vamos a remolque.
Nos estamos jugando la vida.
Miro hacia donde está el coche y veo a Nicky desatando a toda prisa a Sophie del techo. Las dos mujeres saltan al suelo y desaparecen de mi vista.
Aprovechando la oportunidad, corro hacia el almacén a campo abierto. Cuando llego a la puerta, la mole de Drayton aparece delante de mí .
Cómo sigo en pie no lo sé, con la sangre brotando del cuello y corriéndome por el pecho. Lo aparto de la mente. Tengo que seguir.
—Joel Parker —dice con una mueca de desprecio—, por fin te tengo aquí, a solas. Esto se llevaba gestando mucho tiempo.
Miro alrededor del edificio en penumbra mientras habla, desesperado por encontrar a mi mujer, pero no se la ve por ninguna parte.
—¿Buscas a alguien? —se ríe, y se me rompe la paciencia.
Me lanzo sobre él, derribándonos a los dos.
Rodamos por el suelo, los puños volando.
Tengo que matar a ese cabrón. Me da la vuelta y me deja boca arriba, sujetándome la garganta con su mano, clavándome en el suelo frío.
Me sonríe, como un hombre que no tiene nada que perder.
—Esta noche pagas la deuda de tu padre, chaval. Es una pena, de verdad. Siempre me caíste medio bien. Pero las deudas se pagan. Pagas con tu vida.
Saca una pistola de la bota, alza la mano y me la estampa en la cabeza.
El mundo se apaga como una vela al ser soplada.