36. Govan Shipyards, Glasgow
Govan Shipyards, Glasgow
Joel
El almacén es un hervidero de conversaciones.
Todos los hombres de los Parker se han congregado para una reunión de emergencia.
Drayton, que parecía una pequeña molestia, ha empezado a aparecer y a causar problemas con más frecuencia de la que me gusta.
Normalmente, cuando un hombre se separa, hace unos cuantos intentos descabellados por derribarnos, luego se rinde o lo eliminan.
Pero Drayton está cogiendo impulso. Cada semana hay más de los míos heridos, y más de nuestras operaciones se ven interrumpidas.
La semana pasada, sus hombres reventaron uno de los clubes y molestaron a los clientes.
Está creciendo en número y fuerza; su avance hay que pararlo —ya— antes de que haga un daño de verdad.
Estoy en el centro del almacén, encima de una pickup, con mis hombres en círculo a mi alrededor. Hombres armados guardan cada puerta y la carretera que lleva al edificio abandonado. Alzo los brazos. Todos callan.
—Hombres —bramo—. Jacob Drayton sigue suelto.
Está reclutando activamente y es una amenaza directa para todos.
En todos nuestros locales se ha dado la instrucción de no permitirle la entrada a él ni a sus conocidos.
Si alguno de los que estáis en esta nave estáis pensando en iros con la banda de Drayton, marchaos ahora.
Si descubrimos que conspiráis con él cuando hayan pasado cinco minutos, os espera una tumba acuática.
Exploro la sala con la mirada, buscando caras culpables.
—Si queréis cambiar de bando, a tomar por culo. No atacaremos ni dispararemos hasta la próxima vez que os veamos.
Cooke se mueve y luego vacila, con la mirada fija en la puerta. Boyd lo ve igual que yo. Sé que su vida terminará esta noche. Saldrá de este almacén, pero no volverá a cruzar el umbral de su casa. El gesto de Boyd me sella su destino .
—Jefe —grita un miembro corpulento de las primeras filas, con hileras de tatuajes—. ¿Sabemos qué quiere?
—Poder —respondo, sin más—. Drayton quiere lo que quiere cualquier hombre. Control. Poder. Dirigir un equipo. Ser el hombre más temido de Glasgow. Pero no se lo vamos a permitir. Los Parker seguiremos arriba. Quien no esté con nosotros es nuestro enemigo.
Un murmullo de acuerdo borbotea por debajo. Nadie se va. Nadie sería tan valiente, aunque quisiera.
—Boyd os repartirá instrucciones concretas. Proteged a la familia y a quienes dependen de nosotros. Gracias a todos por vuestra lealtad.
***
Nicky
—No vas a poder seguir saliéndote con la tuya con blusas sueltas y vestidos vaporosos por mucho más tiempo. Me sorprende que lo hayas ocultado tanto —dice Sophie con una sonrisilla. Miro mi barriga de seis meses de embarazo.
Cada día estoy más redonda. Las tetas me han crecido. Me paso el día esperando a que Joel irrumpa por la puerta y exija saber quién es el padre.
Todavía no he decidido qué le voy a decir .
—¿Quizá han dejado de vigilarte? —sugiere Sophie, y yo pongo los ojos en blanco. Ella suelta una risita. —Sí, ha sido una estupidez por mi parte. Pero en serio, Nicky, se va a enterar pronto, y tienes que decidir qué le vas a contar.
—Lo sé. Aunque tampoco es que tenga mucha elección, ¿no? Si le digo que el bebé es de otro, querrá ir a por él y tirarlo al río. Si le digo que el bebé es suyo…
Enrosco un rizo entre los dedos.
—Mi bebé sería miembro de una de las familias más poderosas de Glasgow. Eso conlleva expectativas y responsabilidades. Joel no las quiso cuando era joven. Ha tenido que moldearse hasta ser quien es ahora. El hombre que conocí no tenía esa coraza hace años. Eso se le ha ido formando.
¿Y si esa dureza es todo lo que queda?
—¿Has sabido el sexo? —pregunta. Asiento—. Voy a apostar a que es niño por el discursito que acabas de soltar. Supongo que se esperaría que siguiera los pasos de su padre.
Se me rompen los diques y las lágrimas me corren por la cara. Ella echa a correr hacia mí, casi tropezando con un rollo de tela.
—Perdona, perdona —dice, sorprendida por mi reacción—. No quería hacerte daño.
—Tienes razón. Me aterra lo que puede significar ser el hijo de Joel para mi pequeño. ¿Escoltas? ¿Pistolas? ¿Una vida en las sombras? —Sophie me tiende un pañuelo y me seco los ojos—. ¿Quiero eso para mi hijo?
He visto de lo que son capaces los hombres de Joel. Fotos de hombres con sangre corriéndoles por la cara, que le mandaban a altas horas. Esas imágenes no eran para mis ojos. Pero las vi.
—Nadie te culparía por tener miedo —me frota el brazo con la mano para consolarme—. Pero tenemos que estar preparadas para responder a sus preguntas. Sabes que llegarán en cuanto le cuenten esto —señala mi vientre hinchado—. Y no queda mucho.
Este junio en Glasgow está siendo excepcionalmente cálido.
Decidiendo que mi comodidad importa más que la cordura de Joel, me enfundo un vestido de verano entallado que deja ver mi barriguita creciente.
Salgo del piso y me encamino al metro, con la esperanza de llegar al trabajo antes de que él aparezca.
No creo que ahora me sigan a diario, pero no puedo estar segura.
Cuando estoy en el andén esperando a subir al tren, un tipo enorme me bloquea la vista poniéndose delante.
Otro se coloca detrás, haciéndome sentir encerrada.
Los dos llevan vaqueros oscuros y chaquetas de cuero, algo raro en un día como hoy.
El tufo a sudor que echan es fuerte. Pero en el metro se ve de todo, así que no pienso más que en lo maleducados que son estos dos gilipollas.
Pongo la mano sobre la cremallera del bolso para asegurarme de que no es una treta, y entramos todos.
Me dan golpes de un lado a otro al subir y bajar la gente.
Gracias a Dios el trayecto solo dura ocho minutos, y luego tengo un paseo corto hasta la tienda.
Mis ojos vuelan de un lado a otro mientras voy al trabajo.
Sigue sin aparecer Joel. Ni Boyd. Ni sombras conocidas. Solo ellos.
Al final, llego a mi destino ilesa. Sophie tiene el día libre para ir a una cita. Dijo que quizá pasaría más tarde a comer. Ojalá aparezca antes. Odio abrir la tienda sola.
Tras abrir la puerta principal, vuelvo a echar la llave por dentro.
No abrimos hasta las diez, y asegurarme de que la gente no pueda entrar a su antojo me ayuda a centrarme en las tareas diarias.
En el taller de costura, al fondo de la tienda, estoy ocupada volviendo a coser un remate a una camisa por segunda vez.
La clienta cambió de color a mitad del proceso.
Exhalo y me sumerjo en mi rutina. Solo yo y mis telas. Entonces llaman a la puerta trasera…
A regañadientes, me levanto.
Empujo hacia abajo la enorme barra metálica para abrir; la puerta se me va hacia fuera. Los dos tipos inmensos del metro me devuelven la mirada, con una furgoneta blanca aparcada detrás, en el callejón.
—¿Puedo ayudarles? —Mi mente procesa la situación y me muevo para volver a cerrar. Uno me agarra la muñeca.
—El señor Drayton ha solicitado su presencia —dice con una mueca—. Ven por las buenas o te arrastramos. Se me cae la mandíbula. Él se mofa. El otro, un poco más bajo y con una larga barba rojiza, le da un codazo a su colega.
—Mira —dice, señalando mi barriga—. Está preñada. ¿Te lo dijo Drayton? —Los dos niegan con la cabeza—. ¿Es del cabrón de Parker? A Drayton le va a encantar tener esto para colgárselo delante. Un bebé es incluso mejor que tú. —Vuelve a fijarse en mi vientre.
—No —balbuceo, mientras todas las piezas del puzle encajan—. Fue un polvo de una noche.
—¿Con quién?
—No sé cómo se llama.
—Da igual. Probablemente esté muerto de todas formas si Joel Parker se enteró de que te metió la polla. Bastante posesivo, tu ex, ¿no? Yo te seguí un tiempo al principio. Antes de cambiarme de barco.
Un grito me araña la garganta pero no sale. ¿Dónde está mi móvil? Bajo la vista. Sophie. Boyd. Quien sea, por favor. Pero me superan en número. Y en fuerza. Mi bebé es lo primero. No puedo arriesgarme. Me llevo una mano protectora al vientre. Es mi trabajo mantenerle a salvo.
—Cierra la puta boca —ladra el otro—. Tú, agárrale ese brazo. Vamos a meterla en la furgoneta. No hagas ni un ruido, señora, o te pongo una mordaza.
***
Joel
—Nicky ha desaparecido —solloza Sophie.
Hace unos minutos ha irrumpido en Parker Fashion, gritando por el interfono que necesitaba hablar conmigo.
—Ha llegado a la tienda esta mañana, pero no ha abierto. Cuando yo he llegado a la hora de comer, la puerta de atrás estaba abierta. Su bolso está allí, pero ella no.
Levanto el teléfono y marco el número de Boyd. Contesta al primer tono.
—Boyd, ¿hemos tenido ojos sobre Nicky hoy?
—Hoy no —hace una pausa—. Ha hecho ping su abono de estación. Nada desde entonces.
El corazón me golpea las costillas mientras me entra el pánico. No necesito esta mierda hoy.
—Ha desaparecido de la tienda en algún momento esta mañana —escucha con atención—. Sophie ha llegado a la hora de comer. Nicky no había vuelto a abrir la puerta principal.
—Me pongo con ello. Boyd cuelga.
Dejo el móvil en el escritorio. Sophie traga saliva como si se estuviera preparando para malas noticias. Entrelaza los dedos; se le ve el sudor en las palmas.
—Joel, hay algo más que debe saber.
Se me encoge el estómago. Ya sé que no es nada bueno. Abro más los ojos, indicándole que suelte lo que tenga que soltar.
—Nicky está de seis meses y el bebé es suyo.
Se me corta todo. Solo puedo quedarme boquiabierto.
—¿Qué coño has dicho? —Ella echa los hombros hacia atrás y alza la barbilla, desafiante.
—Me ha oído. El polvito de despedida que se echó en Navidad ha tenido consecuencias permanentes. Su niño está creciendo en su vientre. Sale de cuentas en septiembre.
—Voy a ser padre. Tengo un hijo. Y ningún cabrón me lo ha dicho —farfullo. ¿Cómo cojones se me ha pasado? He estado demasiado metido en mi propia mierda para darme cuenta.
Vuelvo a coger el teléfono y Boyd contesta de inmediato.
—Boyd, está embarazada. Encuéntrala ya. Por favor. —Se me quiebra la voz cuando la magnitud de la situación me cae encima.
Este bebé es un milagro, y ahora no sabemos dónde están él ni su madre. Pero lo más probable es que estén en manos de uno de mis enemigos. Y voy a matarlo.