Parker 26. Casa de Joel y Nicky, Glasgow
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26. Casa de Joel y Nicky, Glasgow

Casa de Joel y Nicky, Glasgow

Joel

Ebony se presentó sin avisar hace noventa minutos. Me dije a mí mismo que solo quería hablar, pero, en el fondo, supe la verdad en cuanto cruzó la puerta. Traía una agenda oculta. Llevo años viéndola operar en el mundo de las relaciones públicas. Sé lo despiadada que puede ser.

Estábamos sentados en el sofá viendo una comedia romántica y se quedó dormida con la cabeza en mi hombro.

Lo hemos hecho infinidad de veces, pero nunca desde que me casé con Nicky.

Hubo un tiempo en que pensé que yo le gustaba a Ebony, que quería ser algo más que amigos.

Está casada, así que supuse que me estaba imaginando las señales.

Ahora ya no estoy tan seguro.

Se acurrucó a mi lado con total naturalidad, como hacía antes de que yo me enamorara perdidamente de mi mujer. Me inquietó más que nada.

Su cercanía me incomoda, como si intentara tender un puente entre nosotros. A propósito, me había sentado en el sofá de enfrente, pero se cambió para sentarse a mi lado. Que se quedara dormida fue un alivio.

No dejaba de mirar por encima del hombro, esperando que Nicky entrara, con la culpa oprimiéndome cada vez más el pecho.

Nicky está en casa de Sophie. He hablado antes con su amiga. Me ha dicho que Nicky está destrozada y confundida, que sigue sin admitir que robó las ideas, pero las pruebas que he visto son irrefutables. La conversación con ella en casa esta tarde no ha ido como esperaba.

Si hubiera admitido el robo, podríamos haber puesto nuestro matrimonio por delante y haber seguido adelante. Pero ahora estoy en la precaria situación de tener a mi mujer bajo escrutinio en nuestro negocio familiar. Si mintió en esto, ¿qué más podría estar ocultando ?

Dos hombres siguen todos sus movimientos y me informan. Mi teléfono pitó hace diez minutos con una actualización, pero no he podido moverme para leerla, para no despertar a mi visitante. Lo último que necesito esta noche es tener que esquivar las evasivas de mi amiga.

La revelación dejó devastada a mi madre. Ebony disfrutó viendo cómo todos se sometían a ella y se disculpaban. Cuando el consejo preguntó por qué no nos había informado antes, su razonamiento fue cien por cien creíble.

No sentí que me fueran a tomar en serio. Ella es la esposa del director financiero y cabeza de la familia.

Un murmullo de acuerdo recorrió la mesa. —¿Por qué nos lo cuentas ahora? —preguntaron.

Mi matrimonio se ha roto. Me hizo darme cuenta de que debía hacer lo correcto. Necesitaba asegurarme de estar a salvo.

La sacudo suavemente, pero se acurruca más. Derrotado, alzo la vista, directo a los ojos desolados de Nicky. Está de pie junto a la ventana mirándonos. No sé cómo ha llegado ahí. Debe de haberse movido por la casa en silencio.

—Nicky —digo, entrando en pánico por las conclusiones a las que va a saltar—. No es...

—¿No es lo que parece? —responde con escepticismo—. Bueno, entonces, ¿qué es? Ilumíname, por favor. Me muero por oírlo todo.

Ebony farfulla algo en sueños. Su mano me rodea la cintura a escondidas. Se me cae el alma a los pies al mirar de mi mujer a la mujer que está enroscada a mí. Me suelto de los brazos de Ebony, me pongo en pie y voy hacia Nicky.

—Aléjate de mí —levanta las manos para mantenerme a raya—. ¿Desde cuándo está pasando esto?

—¿Qué? No está pasando nada —las palabras me salen a trompicones, incoherentes—. Se presentó hace unas horas para ver cómo llevaba todo esto.

—Seguro que sí. ¿También te ha chupado la polla mejor?

—No seas jodidamente estúpida. Es mi amiga de toda la vida.

—¿Yo, estúpida? No, cariño. Ahora lo veo todo. Habéis estado en esto juntos. Si ya no me querías, lo único que tenías que hacer era divorciarte. ¿Por qué romperme el corazón acostándote con otra?

—No me he acostado con nadie —grito. Somnolienta, Ebony se incorpora del sofá; el escote de su top se le ha bajado, dejándole los pechos al descubierto. ¿Cómo demonios ha pasado eso? Parpadea, estira los brazos por encima de la cabeza antes de recolocarse—. Joel —murmura—. ¿Me he quedado dormida?

Los ojos de Nicky echan chispas. Miran a través de mí a la mujer sentada en su sofá. Aprieta los puños a ambos lados del cuerpo y veo sus labios moverse mientras cuenta mentalmente. Es la técnica de Nicky para sobrellevar las cosas, una forma de controlar sus emociones.

—Ebony —siseo—. Por favor, explícale que no hay nada entre nosotros.

Ríe con nerviosismo. —¿No lo hay? Se me cae la mandíbula.

—Claro que no lo hay, joder —me paso la mano por el pelo, exasperado. La mandíbula me palpita a medida que me sube el genio.

—Podría decirle que no nos estamos acostando —se encoge de hombros—, pero de todos modos supondría que miento.

—¿Se puede saber a qué coño estás jugando? —rujo—. Estás jugando con mi matrimonio, joder.

Al volverme hacia Nicky, la veo palidecer mientras contempla la escena. Las lágrimas le corren libres por la cara; parece rota, mientras sus pensamientos encajan y sacan sus propias conclusiones. Baja la mirada al suelo y se me hace añicos el corazón.

En veinticuatro horas, siento que me han arrancado la vida de las manos. Ayer mismo estábamos haciendo el amor en este mismo sofá, embobados el uno con el otro, aunque lidiando con nuestra incapacidad para tener hijos.

—No es verdad. No hay nada entre Ebony y yo. En el fondo, lo sabes.

—No —los labios le tiemblan—. Por favor, hoy ha sido el día más horrendo. He perdido mi carrera, mi reputación y ahora estoy perdiendo a mi marido. Por favor, no intentes convencerme de que esto no está pasando. Puedo verlo con mis propios ojos.

Ebony se queda sentada en silencio en el sofá. La mataría. Sé que está enfadada con mi mujer, pero esto es brutal.

—Tienes que irte —le digo.

—¿Por qué? —escupe—. No estoy haciendo nada malo.

—Porque necesito hablar con mi mujer, a solas.

Nicky camina hacia mí, colocándose justo bajo mi barbilla, como ha hecho mil veces. Nuestros ojos se encuentran y noto cómo se me llenan de lágrimas, con una sensación de desasosiego que se me cuela dentro.

Quédate callado, por favor. No digas nada.

Me rodea el cuello con los brazos, poniéndose de puntillas. Yo me inclino y ella me besa suavemente en los labios.

—No vamos a sobrevivir a esto. Sea lo que sea —se me encoge el corazón con cada sílaba—. Hoy le ha puesto fin a nuestro oscuro cuento de hadas.

—Pero... —intervengo. Ella me coloca un dedo sobre la boca para hacerme callar .

—Pero nada. Tú creíste que yo era una ladrona.

Yo creí que tú eras un infiel. Por mucho que te quiera, la traición cala más hondo que el amor —me toma la cara entre las manos—.

Ve y encuentra a alguien que encaje en el molde.

Yo nunca lo fui. Estos años contigo han sido los más felices de mi vida y, por eso, siempre te querré.

Con esas palabras, se da la vuelta y sale de nuestra casa. Me quedo de pie en la ventana, viendo cómo se detiene el coche de Sophie, Nicky se sube y se aleja de mi vida. La única mujer a la que he amado, a la que fui demasiado ciego para proteger.