2. El veredicto #3
Funcionó. Continuaron por una pasarela estrecha, una habitación donde debían colocar varios contrapesos correctamente para abrir una puerta y, más adelante, un corredor que comenzó a inclinarse mientras lo atravesaban.
Lucián observaba, calculaba y daba instrucciones cuando creía tener la respuesta.
Pero los demás también comenzaron a hacerlo.
Una de las chicas descubrió antes que él cómo equilibrar los contrapesos.
Otro encontró una abertura que Lucián había pasado por alto.
Le molestó apenas un momento, hasta que comprendió que era absurdo. Si alguien encontraba una solución mejor, la utilizaban y seguían adelante.
Cada sala parecía construida para exigir algo distinto: fuerza, equilibrio, observación, coordinación o memoria. Hasta que llegaron a la palanca.
La habitación era pequeña. Una puerta de hierro bloqueaba la salida y, junto a ella, había una enorme palanca.
Uno de los jóvenes tiró.
La puerta comenzó a subir.
—Ya está.
Soltó la palanca.
La puerta cayó inmediatamente.
CLANG
Todos guardaron silencio.
Tiró de nuevo.
La puerta subió.
Soltó.
CLANG
—Alguien tiene que mantenerla —dijo la chica.
Lucián examinó el mecanismo. La palanca estaba demasiado lejos de la puerta: era imposible correr y atravesarla antes de que cayera.
—Pasamos cuatro —propuso uno—. Uno se queda.
—¿Y quién? —preguntó otro.
Nadie respondió. Lucián se acercó al mecanismo y lo examinó: engranajes, cadena, palanca, puerta. Recorrió las paredes y el suelo antes de centrar de nuevo la atención en la cadena.
—Tiene que haber otra solución.
—¿Por qué?
Lucián se volvió hacia él.
—Porque debemos llegar los cinco.
—Solo han dicho que lleguemos al otro lado.
Aquello lo hizo detenerse. Era verdad: no habían dicho que debieran hacerlo juntos.
Uno de los muchachos señaló al más pequeño del grupo.
—Que se quede él.
—¿Qué?
—Somos más rápidos.
—Ni hablar.
La discusión continuó mientras Lucián seguía concentrado en el mecanismo. Tenía que existir alguna forma de bloquear la palanca, quizá utilizando una de las piezas anteriores. Quizá…
—Lucián.
No respondió.
—Lucián.
—Esperad.
Se agachó para examinar la base.
—Si conseguimos introducir algo aquí…
—¡Llevamos demasiado tiempo!
—Dadme un minuto.
Ese fue su segundo error, no por querer encontrar una solución, sino porque dejó de escuchar.
Uno de sus compañeros tiró de la palanca.
—¡Pasad!
La puerta comenzó a elevarse y dos cruzaron.
—¡Espera!
Una tercera pasó y Lucián se levantó.
Al otro lado comenzaron a gritarles.
—¡Vamos!
El muchacho mantenía la palanca.
Lucián alternó la vista entre la puerta, el chico y el mecanismo, calculando. No encontraba nada y cada segundo allí era tiempo perdido.
—Vete —dijo el muchacho.
Lucián negó con la cabeza.
—No.
—¡Vete!
—Podemos encontrar…
—¡Thessaly!
Lucián se volvió hacia él.
El chico estaba haciendo un esfuerzo enorme para mantener la palanca abajo.
—Quiero terminar mi examen igual que tú.
Aquello lo hizo callar.
Lucián centró de nuevo la atención en el mecanismo y entonces entendió algo: había estado intentando decidir por todos, desde qué camino tomar hasta cómo superar los obstáculos o qué solución era correcta. Incluso ahora estaba decidiendo que aquel muchacho no podía elegir quedarse.
—¿Estás seguro?
—¡VETE!
Lucián corrió y atravesó la puerta. En cuanto estuvo al otro lado, el muchacho soltó.
CLANG
La puerta cayó entre ellos.
Los cuatro permanecieron inmóviles.
—¿Y ahora qué? —preguntó una chica.
Lucián contempló la puerta caída. No le gustaba en absoluto, pero continuaron.
* * *
La prueba todavía tenía una última sorpresa.
El corredor desembocó de nuevo en el albero del Coliseo.
Lucián salió esperando encontrar una meta, pero no la había. Solo examinadores y muchos alumnos: algunos llegaban solos, otros en parejas y otros conservaban sus grupos completos.
Lucián frunció el ceño al escuchar un ruido detrás. La puerta por la que habían llegado se abrió de nuevo y apareció el quinto miembro de su grupo. Lo recibió con evidente sorpresa.
—¿Cómo…?
El muchacho sonrió.
—Había otra puerta.
Lucián dirigió la atención hacia los examinadores. Uno de ellos estaba escribiendo y entonces lo entendió: nunca habían tenido que abandonarlo, pero tampoco necesariamente tenían que salvarlo. La decisión era la prueba; quizá incluso quedarse sujetando la palanca formaba parte de ella.
Lucián sintió una desagradable presión en el estómago. Ignoraba si había actuado bien o mal, y odiaba esa incertidumbre.
Una voz resonó de nuevo sobre el Coliseo.
—¡ALUMNOS!
Las conversaciones desaparecieron.
El director estaba en el centro del albero.
El director recorrió con la vista a los más de cuatrocientos jóvenes: cansados, sucios, sudados, algunos con pequeños golpes y heridas, todos esperando.
—Habéis terminado.
Lucián soltó lentamente el aire.
—Durante casi trece años se os ha preparado para este día. Hoy habéis demostrado lo que sabéis, pero también habéis mostrado mucho más de lo que creéis.
Lucián levantó ligeramente la cabeza.
—Vuestros resultados escritos importan. Vuestra velocidad importa. Vuestra fuerza, vuestros reflejos, vuestra capacidad para resolver problemas… todo importa.
El director hizo una pausa.
—Pero también importa lo que habéis hecho cuando pensabais que nadie os estaba evaluando.
Lucián recordó todo lo ocurrido desde aquella mañana: las puertas abriéndose, la carrera por los túneles, las cien sillas, la espera, la taberna, la fila de cinco, el laberinto y la palanca.
Sintió un escalofrío. Había tenido razón: el examen había comenzado antes de que nadie pronunciara la palabra examen y quizá nunca se había detenido.
—No existen aprobados ni suspensos —continuó el director—. Mañana nuestros evaluadores estudiarán vuestros resultados y observaciones.
El corazón de Lucián comenzó a latir más deprisa.
—Y pasado mañana cada uno conocerá la profesión para la que ha sido elegido.
Pasado mañana. Lucián alzó la vista hacia el cielo nocturno sobre el Coliseo. Solo tenía que esperar dos días. Después de casi trece años, aquello no debería haber sido difícil.
Pero mientras imaginaba un dragón elevándose sobre el Puerto Alto, supo que iban a ser los dos días más largos de toda su vida.