Para siempre Capítulo 12 #3
97%

Capítulo 12 #3

Una calidez inesperada nació en el centro de su pecho y comenzó a extenderse lentamente, ocupando el lugar de aquella angustia. Kate cerró los ojos y entonces escuchó una voz.

—Es el momento.

Elspeth.

Abrió los ojos. No necesitaba verla para saber que era ella y, de algún modo, comprendió que no le estaba diciendo qué debía hacer. No le pedía que se quedara ni que regresara. Solo le estaba diciendo que había llegado el momento de elegir.

Kate miró hacia la luz.

Un solo paso. Eso era todo cuanto la separaba de 2026. Al otro lado estaban sus padres, sus amigos, su casa, Cameron Whiskey y todas aquellas personas y cosas que habían formado parte de su vida desde que nació. Los amaba y siempre los amaría.

Pero amar todo aquello no significaba que alguna vez hubiera encontrado realmente su lugar. Durante demasiado tiempo había vivido intentando averiguar qué se esperaba de ella, qué debía hacer, quién debía ser, buscando una respuesta que nunca parecía encontrar.

Y entonces una tormenta la había arrojado doscientos treinta y seis años atrás y, en el lugar más imposible del mundo, había empezado a descubrir quién era cuando nadie esperaba que fuera otra cosa.

Una nueva ráfaga sacudió el páramo y la luz frente a ella pareció ensancharse, reclamándola. Kate sintió otra vez aquella fuerza tirando de su cuerpo hacia delante.

Solo tenía que dejarse llevar. Sin embargo, sus pies no se movieron. Algo mucho más poderoso tiraba de ella en la dirección contraria.

Hacia atrás. Hacia él.

Kate volvió la cabeza. Lachlan seguía en el mismo lugar. La lluvia le corría por el rostro y el viento azotaba su plaid, pero parecía ajeno a todo. Solo la miraba a ella, con una mano todavía extendida, como si cada parte de su cuerpo le exigiera alcanzarla y, aun así, se negara a dar aquel paso.

Y Kate lo comprendió.

Vio el dolor de la pérdida en sus ojos, la desesperación con la que luchaba por mantenerse donde estaba y todo aquello que el trueno no le había permitido terminar.

Kate, yo te a...

Se le cortó la respiración.

La amaba.

Lachlan la amaba y, aun así, estaba dejándola marchar. No intentaba detenerla, no le pedía que se quedara, no utilizaba lo que sentía para obligarla a elegir entre él y su vida. Estaba dispuesto a perderla porque creía que regresar a su mundo era lo que ella necesitaba para ser feliz.

¿Qué mayor prueba de amor podía pedir?

Kate sintió que las lágrimas volvían a llenarle los ojos.

Había pasado semanas convencida de que Lachlan jamás podría amarla como había amado a Elspeth. Que podía desearla, preocuparse por ella, incluso necesitarla, pero que una parte de él pertenecería siempre a la mujer a la que había amado más que a su propia vida.

Ahora comprendía lo equivocada que había estado. No tenía que ocupar el lugar de Elspeth. Nunca había tenido que hacerlo.

Elspeth formaba parte de Lachlan, de su pasado, de todo cuanto lo había convertido en el hombre que era. Amarla a ella no significaba olvidarla, del mismo modo que elegir quedarse no borraría a sus padres, a sus amigos ni la vida que dejaba al otro lado.

El portal volvió a estremecerse y la fuerza que tiraba de Kate hacia delante aumentó.

Tenía que decidir.

Miró una última vez aquella luz que podía devolverla a todo lo conocido y después volvió los ojos hacia Lachlan.

Ya no tuvo ninguna duda. Lo que quería estaba frente a ella.

Kate se volvió y corrió hacia él.

—¡Lachlan!

La sorpresa atravesó el rostro de Lachlan justo antes de que ella se lanzara a sus brazos. La recibió contra su pecho con tal fuerza que los pies de Kate se separaron del suelo y, durante unos segundos, ninguno de los dos pudo hacer otra cosa que aferrarse al otro.

—Caitlin... —La voz de Lachlan se quebró junto a su oído—. Caitlin, ¿qué estás haciendo?

Kate enterró el rostro contra su cuello, riendo y llorando al mismo tiempo.

—Quedarme.

Los brazos de Lachlan se tensaron aún más alrededor de ella.

—¿Estás segura?

Kate se apartó apenas lo suficiente para mirarlo. La lluvia resbalaba por el rostro de ambos y detrás de ellos el portal rugía con una fuerza que hacía vibrar el aire.

—Nunca he estado más segura de nada en toda mi vida.

Lachlan la contempló como si todavía no se atreviera a creerla y Kate sonrió entre lágrimas como respuesta.

—Te quiero —susurró contra el viento, pero Lachlan no necesitó más que aquel susurro para comprender lo que significaba. Lo que aquellas palabras acababan de hacer con su mundo.

Suspiró y sintió que el pecho se le expandía y, con él, su corazón, que volvía a latir pleno después de tanto tiempo.

Cerró los ojos y apoyó la frente contra la suya. Durante un instante permaneció así, respirando con dificultad, hasta que volvió a mirarla.

—Te amo, Caitlin.

Kate le rodeó el cuello con los brazos y Lachlan la estrechó contra sí, ajenos a todo cuanto los rodeaba. En aquel instante no existía nada más.

A sus espaldas, una luz cegadora iluminó por última vez el páramo. Después desapareció.

Lachlan la estrechó aún más entre sus brazos.

—Para siempre —dijo él.

Kate sonrió.

—Para siempre —respondió ella.

Y con aquellas palabras se cerró para siempre el camino hacia 2026.