Capítulo 12 #2
El anciano se encontraba en el centro del círculo y le señaló el lugar donde debía colocarse.
—Aquí.
Kate tragó saliva y avanzó hacia él.
El viento tiraba de su ropa y agitaba su cabello alrededor del rostro mientras cruzaba entre las piedras. Sobre sus cabezas, las nubes habían oscurecido el cielo hasta convertir la tarde en una extraña penumbra y los truenos se sucedían cada vez con menos tiempo entre ellos.
Fergus la hizo detenerse.
—No te muevas de aquí hasta que yo te lo diga.
Kate miró el suelo. Los símbolos que habían trazado durante los últimos días la rodeaban y, por primera vez, sintió miedo.
No porque dudara de lo que quería. Sino porque estaba a punto de suceder.
Fergus se alejó unos pasos.
—MacLaren, tenemos que apartarnos.
Lachlan no se movió.
Permanecía al otro lado del círculo, con los brazos caídos a ambos lados del cuerpo y la mirada clavada en Kate.
—Lachlan —insistió Fergus.
Nada.
Kate sintió que se le cerraba la garganta. Había tantas cosas que quería decirle y, de repente, ninguna parecía suficiente.
—Gracias —consiguió pronunciar.
Lachlan frunció ligeramente el ceño.
—No.
—¿No?
—No vas a despedirte de mí dándome las gracias.
Kate intentó sonreír.
—Entonces tendré que decirte algo más —bromeó, tratando de aliviar la tensión, pero Lachlan continuó mirándola con absoluta seriedad.
El viento rugió entre ellos y Lachlan dio un paso hacia el círculo.
—Nunca te olvidaré —dijo sin apartar los ojos de ella, con una intensidad que iba mucho más allá de las palabras.
La sonrisa desapareció de los labios de Kate.
—Lachlan...
—Déjame terminar, muchacha.
Su voz sonó firme, pero Kate vio el esfuerzo que le costaba mantenerla así.
—Cuando llegaste aquí, creía que mi vida ya estaba escrita.
Tenía mis tierras, mi gente, mis obligaciones...
y pensaba que eso era suficiente. —Hizo una pausa y sus ojos no se apartaron de los de ella—.
Tú me has hecho volver a desear algo más.
Me has hecho querer vivir, Caitlin. No limitarme a seguir respirando y cumplir con mi deber.
Vivir. Volver a pensar que quizá todavía podía tener un futuro.
Kate sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas y su voz se negó a salir. Era lo más hermoso que nadie le había dicho nunca.
Lachlan sonrió entonces, apenas un esbozo.
—Y seguiré tus consejos.
Ella dejó escapar una risa ahogada.
—¿Todos? —preguntó ella, secándose una lágrima antes de que pudiera deslizarse por su mejilla.
—Incluso los más disparatados.
—No eran disparatados —protestó Kate, y por un instante fue como si volvieran a estar en el castillo, discutiendo sobre alguna de sus propuestas mientras Lachlan la miraba como si aquella mujer llegada del futuro estuviera completamente loca.
—Eso lo dices tú.
Un relámpago cruzó el cielo y la sonrisa de Lachlan desapareció. La luz iluminó el páramo durante un segundo, seguida de un trueno que hizo temblar el suelo bajo sus pies.
Fergus se volvió bruscamente hacia ellos.
—¡MacLaren!
Pero Lachlan ni siquiera pareció escucharlo. Seguía mirando a Kate, como si la tormenta pudiera esperar, como si nada de cuanto estaba sucediendo a su alrededor tuviera más importancia que aquellos últimos instantes que les quedaban.
—Nunca te olvidaré —repitió, y esta vez su voz perdió parte de la firmeza con la que había intentado contener sus emociones.
Kate negó lentamente con la cabeza. Las lágrimas que había conseguido retener terminaron por escapar y tuvo que apretar los labios antes de encontrar la voz.
—Yo tampoco. Nunca.
Algo cambió entonces en la expresión de Lachlan. La contención con la que había soportado durante todo el día la certeza de que iba a perderla pareció resquebrajarse y dio otro paso hacia ella, olvidándose del círculo, de Fergus y de la tormenta que rugía cada vez más cerca.
—Kate, yo te a...
El trueno estalló sobre ellos antes de que pudiera terminar.
Esta vez no hubo unos segundos de oscuridad antes del relámpago. Luz y estruendo llegaron al mismo tiempo, y una claridad cegadora inundó el círculo obligando a Kate a cubrirse los ojos.
Kate se cubrió el rostro y oyó a Fergus gritar algo que el estruendo ahogó por completo. El aire pareció comprimirse a su alrededor y una fuerza invisible la golpeó en el pecho.
Cuando volvió a abrir los ojos, la luz seguía allí. Pero ya no era un relámpago. Flotaba ante ella.
El aire temblaba dentro del círculo, distorsionándose como si la realidad se hubiera abierto frente a sus ojos. La luz palpitaba entre las piedras y, al otro lado, Kate creyó distinguir formas que conocía.
Su mundo. Su tiempo. 2026
—¡Caitlin!
Giró la cabeza. Lachlan había extendido una mano hacia ella.
No avanzó ni intentó detenerla. Simplemente permaneció allí, con la mano tendida y el rostro desencajado, mientras la dejaba marchar.
Kate volvió la mirada hacia el portal. Había llegado el momento.
Dio un paso y una fuerza invisible pareció envolverla, tirando de ella hacia delante. Después sintió otro tirón, como si algo tirara de ella y fue entonces cuando llegó el dolor.
Se llevó una mano al pecho, sorprendida por aquella angustia profunda y desgarradora que nada tenía de física y que, sin embargo, le dolía de una forma que jamás había experimentado.
Y cuanto más se alejaba de Lachlan, más crecía, como si con cada centímetro que avanzaba algo dentro de ella se estuviera rompiendo.
—¡Caitlin!
Escuchó la voz de Lachlan detrás de ella, pero no se volvió.
Tengo que irme.
Dio otro paso, obligándose a continuar a pesar de aquella opresión que apenas la dejaba respirar.
Tengo que regresar a mi mundo. Pero...
Kate se detuvo. ¿Y si su mundo estaba junto a él? La pregunta surgió con tanta claridad que durante un instante todo lo demás dejó de existir.
Entonces algo cambió.