Para siempre contigo (Colección Mediterráneo 1) CAPÍTULO 14 #3
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CAPÍTULO 14 #3

—Sí, me lo acaba de entregar Paloma. —Amanda le tendió la planilla a su compañero.

Elías cogió la hoja de papel y la examinó. Sus cejas fueron elevándose poco a poco hasta casi salirse por completo de la cabeza.

—Pero ¿qué…? —No pudo acabar la frase porque Paloma se acercó hasta la recepción y los miró a todos desde sus apenas ciento cincuenta y cinco centímetros de altura.

—¿A qué viene tanto revuelo? —preguntó, a nadie en concreto.

—A nada —contestó una de las chicas que habían pasado la mañana trabajando con Amanda—. Nos estamos dando el cambio de turno…

—¡No creo que haya tanto que contar! —replicó con frialdad Paloma—. ¡Venga! Cada mochuelo a su olivo, no quiero oír este alboroto en mi recepción. Todos a trabajar…

—Paloma. —La voz contenida de Vidal se escuchó desde la puerta de su despacho—. Creo que esta recepción sigue siendo responsabilidad mía, o al menos nadie me ha notificado que no fuera así. —Se apoyó en el quicio de la puerta con los brazos cruzados, como si quisiera invitarla a que replicara.

Elías aprovechó el momento para acercarse a su jefe y entregarle la planilla que Amanda le había dado. Vidal la estudió con atención y luego miró a Paloma torciendo el gesto.

—¿Qué es este despropósito? —inquirió delante de todo el mundo, sin molestarse en disimular su rabia—. Sabes tan bien como yo que este turno que le has puesto a Amanda es ilegal. ¿Quieres que los sindicatos nos crujan?

—El turno puede ser modificado por necesidades del servicio, como bien sabes, y como hemos hablado en numerosas ocasiones…

—Conozco bien las necesidades de mi departamento, Paloma. Bastante mejor que tú.

—Te recuerdo que tanto tú como todos tus empleados estáis a mi cargo, Vidal, no juegues conmigo. Me parece que este no es el lugar ni el momento para mantener esta conversación.

—Tienes razón, no lo es —contestó el jefe de recepción sin dejarse amedrentar—. Podemos continuar hablando de mi recepción —recalcó el posesivo con fuerza— en el despacho del director.

Paloma vaciló un instante, pero enseguida volvió a encararse con él.

—No será tu recepción por mucho tiempo, Vidal. Puedes estar seguro de que, el día que el director se jubile, y para eso no falta demasiado, tú y toda tu corte de enchufados saldréis zumbando de este hotel —lo amenazó mientras apretaba los puños con fuerza.

—Veo que ya tienes claro quién va a sustituirlo —replicó con una medio sonrisa sardónica—.

De todas formas, ese día aún no ha llegado.

Cuando llegue, harás lo que te plazca o lo que creas más conveniente —dijo Vidal con una calma que estaba muy lejos de sentir—.

Por el momento, quien confecciona los horarios de mis empleados soy yo.

Todos estos turnos quedan anulados, Amanda.

Ella, que por su parte había intentado mantenerse al margen, más que nada, por evitar ser incluida en esa lucha de titanes se limitó a asentir.

Vidal hizo una bola con el turno modificado y la encestó en una papelera. Dio una palmada y sentenció:

—Se acabó el espectáculo, todo el mundo a trabajar. —Sin añadir ni media palabra más, se dio la vuelta y se encerró con un portazo en su despacho.

La furia que emanaba Paloma por cada uno de sus poros podía palparse.

Era tan densa que daba la impresión de que podría ahogar a todos los que permanecían en recepción.

La subdirectora dirigió una última mirada cargada de rencor a Amanda y se volvió para regresar, taconeando colérica, hacia su despacho.

Elías observó a Amanda con una sonrisa triste.

—Si no fuese por ella, este trabajo sería maravilloso —dijo señalando con la cabeza en la dirección que había tomado Paloma—.

Pero no te preocupes. Aunque se empeñe en hacernos creer que tiene algo personal con cada uno de nosotros, con el que tiene el problema es con Vidal.

No se soportan desde que ambos eran simples recepcionistas.

Y parece que lo de que la nombraran subdirectora la ha hecho venirse muy arriba.

—Me temo que no puedo darte la razón del todo en esto, Elías —le contestó Amanda abatida—.

En mi caso sí que tiene algo personal contra mí.

Por lo visto, hubo algo entre ella y Tomás hace tiempo, y no creo que soporte que él me dedique su tiempo a mí este verano.

O eso es lo que me han dado a entender Miquel y Xisco.

Tomás ha intentado restarle importancia, pero creo que entre Paloma y él sigue habiendo bastante animadversión.

Elías continuó sonriendo.

—Ya nos imaginábamos que algo así podría suceder. Trabajar aquí es como vivir en un pueblo pequeño —comentó—. Todos se conocen y siempre tienen algo que decir de los demás.

Amanda torció el gesto. Elías le puso una mano en el hombro y la zarandeó con suavidad al tiempo que le dedicaba una sonrisa granuja.

—No le des importancia. Y si Paloma te fastidia, habla con Vidal. Ya has visto cómo la torea.

—Gracias —consiguió decir Amanda, sentía que un nudo cada vez más grande le atenazaba la garganta. Después de todo, igual no había sido muy buena idea aceptar aquel trabajo.